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En arte rupestre, el
bicromado es, entonces, el resultado de la elaboración de pinturas, dibujos o
bocetos, realizados sobre superficies rocosas sedentes o moviliares, mediante
el uso de dos colores o tonos. Pinturas rupestres bicromadas son conocidas en
casi todo el mundo, exceptuando la Antártida,
y en casi toda las etapas del desarrollo del hombre (fig. 1). Las variantes de
sus modos de ejecución son numerosas, pasando desde el “simple” delineado en
dos colores (fig. 1B) hasta las complejas relaciones de ejecución bicromada
presentes en la Cueva de las Manos, Santa Cruz, Argentina (fig. 1A).
Figura 1. Ejemplos del uso del bicromado en la composición de diseños en el arte rupestre mundial. A) Cueva de las Manos, Santa Cruz, Argentina y (B) Sitio La Pileta, Málaga, España.
Sin embargo,
dentro del concepto citado se puede aislar, al menos para Cuba, más de un
modelo de análisis. Nos referimos a la implicación espacial en el uso de los colores
o tonos, pues se hace necesario distinguir el bicromado que tiene un carácter
local, sitial o estacional, del que se presenta formando parte integral de
diseños, conjuntos o murales.
El primero de
estos modelos se refiere a la categoría que proponemos definir como “Estaciones
de contexto bicromado” (ECB). Y que son aquellos sitios o localidades donde
aparecen diseños pictográficos elaborados en uno u otro color; pero donde la
dualidad tonal no se articula en un diseño común, o sea, cada diseño en sí
mismo es monocromático. Una estación de referencia para esta propuesta es, sin
lugar a dudas, la Cueva de la Pluma en Cumbre Alta, Matanzas.
En Cuba estas estaciones se caracterizan por el uso del negro y el rojo, mayoritariamente; sin embargo, existen otras combinaciones de los tonos anteriores con el blanco y el sepia, indistintamente. Su distribución geográfica (fig. 2) se puede establecer, según el estado actual de las investigaciones, en el área que ocupan las macroregiones geo-arqueológicas oriental, central y occidental del arte rupestre cubano, o sea, desde la provincia de Guantánamo hasta Pinar del Río (Gutiérrez, Fernández y González, et al., 2009). Este modelo lo hemos aislado en 14 estaciones (Tabla I), que constituyen el 4.9 % del total de estaciones del país (Gutiérrez, Fernández y González, et al., 2009).
“Estaciones de contexto bicromado” (ECB) y “Estaciones de diseños bicromados” (EDB).
Figure 2. Distribución geográfica del arte rupestre bicromado en Cuba. Hasta aquí se ha
establecido la existencia en nuestro país de dos categorías de distribución conceptual
y espacial del bicromado en los sitios o estaciones rupestres.
Sin embargo, en
el proceso de análisis se devela que, en nuestro país se pueden aislar otras
categorías relacionadas -no con el modelo
espacial antes descrito-, sino con el tipo conceptual hacia el interior de
los propios diseños bicromados, ósea hacia el “modelo diseños”.
No debemos
abordar con un enfoque común diseños donde se alternan rítmicamente círculos
concéntricos rojos y negros, o donde a una figura zoomorfa realizada en negro
se le superpone una figura antropomorfa de color rojo, o donde en una misma
figura se han utilizado dos colores.
El ejemplo más
importante de esta categoría lo constituyen los círculos concéntricos de la
Cueva No. 1 de Punta del Este, donde es significativa la abundancia y
sistematicidad del ritmo, aun cuando se pueden apreciar en esta localidad
diferentes variantes como, por ejemplo, las relaciones negro-rojo, negro-negro-rojo-negro,
etc. (fig. 3A). Estas y otras variantes desde el punto de vista cuantitativo
han sido estudiadas en detalle por Lorea (2003).
Uno de los
ejemplos más importantes de esta categoría se localiza en la Cueva de los
Chivos, municipio de Yaguajay, Sancti Spíritus, donde aparece un hermoso
conjunto pictográfico formado por tres motivos, dos elaborados en tonos de rojo
y un tercero en negro (fig. 3B).
Diseños
bicromados en superposición (DBS)
El ejemplo
típico de esta categoría lo constituyen algunos diseños de la Solapa de los
Pintores, municipio Minas de Matahambre, Pinar del Río, donde, dentro de un
complejo conjunto pictográfico bicromado, aparecen importantes superposiciones
tonales (fig. 3C).
Siguiendo este
criterio, nuestra propuesta taxonómica para organizar el conocimiento que hoy
tenemos del uso del bicromado en el arte rupestre cubano se puede construir
según los modelos y las categorías descritos hasta aquí y que se resumen en la
siguiente tabla.
del bicromadoen el arte rupestre del cubano.
Desde el punto de vista de la frecuencia de la relación entre las
diferentes categorías de diseños bicromados y las estaciones del arte rupestre en
que se encuentran, es el diseño en composición (DBC) el que más aparece,
con una frecuencia del 81.8 %, es decir, está presente en nueve de las once
estaciones estudiadas; en contraposición con los diseños alternos (DBA) y los
de superposición (DBS), que se reportan solo en cuatro y cinco estaciones, respectivamente,
lo que representa el 36.4 % y el 45.5 % de frecuencia (Tabla III). Por otro
lado, la estación Cueva No. 1 de Punta del Este es la única en la que se han
logrado identificar las tres categorías de diseños propuestas.
Tabla III. Frecuencia de la
relación Categoría de diseños – Estaciones de diseños bicromados.
Finalmente, para
concluir la organización de las diferentes categorías de diseños bicromados en
el arte rupestre cubano, hay que dejar claro que estas pueden presentarse
–y de hecho lo hacen– de forma combinada, es decir, que aparecen conjuntos
pictográficos en los cuales se reporta más de una categoría. Ejemplos de esto son
la Solapa del Abrón, La Palma, Pinar del Río, donde en un mismo diseño se
observan elementos bicromados en composición y en superposición (fig. 4A); o la
Cueva No. 1 de Punta del Este, donde se aprecian elementos alternos y en
superposición en el mismo diseño bicromado (fig. 4C).
Figura 4. Ejemplos de estaciones pictográficas donde se evidencia la combinación de más de una categoría de diseños bicromados. (A) Cueva del Abrón, La Palma, Pinar del Río y (B) Cueva No. 1 de Punta del Este, Isla de la Juventud (Fuente: Archivos del GCIAR y dibujos originales de Hilario Carmenate).
LOS DISEÑOS BICROMADOS EN EL PANORAMA ARQUEOLÓGICO CUBANO
Entre tales aspectos
resalta uno de los más controvertidos y polémicos temas de nuestra
especialidad: el cronológico; en este caso manejando conceptos que podríamos
definir como “crono-tonales”, o sea, el uso de cambios en los tonos del arte
rupestre como elemento crono diagnóstico.
La presencia de una
paleta bicromada en la ejecución del arte rupestre implica siempre una
secuencia cronológica en el uso de uno u otro tono, aun cuando dicha secuencia
sea inmediata. Sin embargo, esta realidad es en extremo compleja y difícil de
esclarecer y organizar, lo cual en muchos casos limita considerablemente
nuestra reconstrucción arqueológica.
Pongamos un ejemplo: la
realización de lo que hemos definido como diseños bicromados alternos (DBA)
sugiere, en la mayoría de los casos, una secuencia de ejecución continua e
inmediata; ahora bien, si utilizamos para este análisis los círculos
concéntricos bicromados de la Cueva No. 1 de Punta del Este, cabría
preguntarnos ¿no fue posible la ejecución primaria de los círculos rojos (o
negros) y la posterior ejecución de los otros?
Por otra parte, autores
como el Dr. Antonio Núñez Jiménez han indicado, para el caso que tratamos, que “…el color rojo, cuando aparece combinado
con el negro, siempre está pintado sobre este…” (Núñez, 1947:82). Aquí
habría que analizar que entiende este autor por “combinado”, pues la simple
observación in situ del arte rupestre de esta localidad (ver fig. 4B) nos
demuestra que existen series de círculos rojos sobrepuestas a trazos negros y
series negras superpuestas a trazos rojos.
Lo cierto es que en
Punta del Este, y en la mayoría de las estaciones con presencia de diseños bicromados alternos, las
preguntas sin respuestas, o las respuestas cuestionables, son mucho más abundantes
que lo que realmente quisiéramos los rupestrólogos. De cualquier manera, lo más
razonable es que el autor, antes de iniciar el dibujo, tuviera concebido el
diseño final, y realizara los primeros trazos a continuación de los segundos,
sin que mediase un prolongado período de tiempo entre la ejecución de ambos;
pero esta es otra de las especulaciones que constituyen “preguntas sin
respuestas” o “respuestas cuestionables”. Recordemos que para estos grupos
humanos el dibujo rupestre no era un simple acto de creación estética, sino que
formaba parte de una acción ideológica de amplio sentido ritual y social.
Otro caso peculiar en
este panorama son aquellas estaciones donde aparecen diseños bicromados en
composición (DBC). Esta categoría permite muy pocas posibilidades de
ordenamiento crono-tonal debido, sobre todo, a que casi siempre que aparece en
Cuba, en ella están ausentes otros elementos cronológicos, como diferencias en
el tipo e intensidad de las coberturas o de las patinas, distinciones estilísticas
notables, etc., lo que, junto a la ausencia general de superposiciones o
yuxtaposiciones, entorpece su clasificación secuencial. Un ejemplo singular es
la Cueva de García Robiou, en Güines, La Habana, donde existe un hermoso diseño
bicromado en composición (fig. 5E y 5F), descrito por Núñez Jiménez de la
siguiente forma:
“…figura femenina
formada por un círculo de color rojo en cuyo interior aparece un redondel de
color negro a tinta llena que cubre casi toda la parte interna del círculo, en
cuya parte derecha superior hay un punto rojo que parece un ojo; debajo y como
sosteniendo la figura anteriormente descrita aparece el “cuerpo” como formado
por una especie de trapecio o cuadrilátero en cuya parte interna presenta
finísimos trazos negros que semejan “costillas” formadas por figuras angulares
y superpuestas cuyos vértices apuntan hacia arriba; una línea central corta
estas “costillas” formando como la “columna” de un cuerpo. El hecho de que en
esta figura puedan verse las “costillas” y la “columna” nos permite
conceptuarla como “radiográfica”, cosa común en Australia y otros países. Sobre
“la cabeza” aparecen como dos “adornos” formados por líneas y un semicírculo.
En total, la figura tiene 34 cm de alto por 17 cm de ancho. Las “costillas”
tienen 1 mm de ancho mientras que el trapecio mide 10 mm de ancho, y la base 4
cm…”
(Núñez, 1967: 58).
El análisis crono-tonal,
en el diseño antes comentado y en esa localidad en general, es un reto al
investigador, pues no hay el más mínimo elemento de certeza para ordenar la
forma en que se utilizaron los diferentes tonos de la paleta de ejecución.
Menos comunes en nuestro
panorama rupestrológico son aquellas estaciones donde se combinan en un
conjunto pictográfico diferentes categorías de diseños que, si bien no nos dan
opciones precisas, sí permiten, al menos, realizar inferencias para una
organización teórica que nos acerque a un modelo susceptible de ser comprobado
científicamente. Como ejemplos pueden citarse la Cueva de Camila, Minas de
Matahambre (fig. 5C y 5D) y la Solapa del Abrón, en la Palma (fig. 4A), ambas
en Pinar del Río. En estas localidades se observa, en un mismo conjunto, la
presencia de diseños en superposición que permiten asumir como modelo a
comprobar la primaria utilización del rojo, pues en todos los casos el negro
está sobrepuesto a los tonos en rojo.
Figura 5. Diferentes ejemplos de diseños bicromados en el arte rupestre cubano. (Fuente: Archivos del GCIAR, Núñez Jiménez, 1985 y dibujos originales de
Hilario Carmenate).
Dentro de esta problemática se incluye también
el análisis de aquellos diseños bicromados en superposición que han sido
interpretados como modelos de superposición cultural, o sea, diseños donde
algunos investigadores creen ver que un color fue utilizado por un grupo cultural
y el segundo por otro grupo. Si bien esto es perfectamente posible en una
reconstrucción arqueológica, la realidad que encontramos en nuestras estaciones
limita tal reconstrucción desde el punto de vista de su comprobación en el
campo.
Veamos, por ejemplo, la Solapa de los
Pintores, Minas de Matahambre, Pinar del Río (fig. 5A y 5B). El debate
académico sobre la filiación de sus pictografías ha implicado, indistintamente,
a grupos aborígenes y a esclavos africanos huidos de las plantaciones entre los
siglos XVI y XIX, como autores absolutos o en etapas sucesivas de ocupación. Al
respecto, la autoría de origen africano exclusiva ha sido puesta en dudas
después de que una reciente expedición del Grupo Cubano de Investigaciones del
Arte Rupestre encontrara numerosa evidencia artefactual aborigen en la
localidad (fig. 6), sin que hasta hoy hayan sido recuperadas evidencias de
ocupación en la etapa colonial.
Por otro lado, se ha llegado a distribuir
el arte rupestre de forma monocromática para cada etapa o grupo cultural, sin
detenerse en el análisis detallado de todos y cada uno de los diseños. Sin
embargo, al menos en esta estación, los conjuntos bicromados en superposición
presentan dos variantes bitonales: en algunos lugares de un mismo diseño, el
rojo se sobrepone al negro y en otros, a la inversa, lo que limita las
inferencias basadas en la relación etno-color-cronología.
Figura
6. Muestra de las evidencias materiales encontradas en la Solapa de los
Pintores por la expedición del Grupo Cubano de Investigaciones del Arte
Rupestre (Fuente: González, et al., 2007).
Vale subrayar
que el bicromado en arte rupestre ha sido históricamente utilizado por los
grupos precolombinos del Caribe, y no necesariamente debe estar asociado a
momentos cronológicamente distantes y con diferencia cultural, tendencia
bastante arraigada entre los rupestrólogos cubanos.
Ahí está Punta
del Este, y su relación con nuestros grupos pescadores-cazadores-recolectores.
Si algún cuestionamiento existiera en este sentido, debemos recordar que el uso
del bicromado en nuestra región trascendió el arte rupestre, para aparecer
también en la alfarería: es verdaderamente admirable el tratamiento decorativo
en rojo y blanco de la cerámica asociada a los grupos saladoides (Igneri), la
cual no llego a desarrollarse en Cuba, pero se extendió con fuerza por todo el
Caribe insular hasta la vecina isla de Puerto Rico (fig.7).
Figura
7. Vasijas cerámicas de grupos saladoides localizadas en sitios de Puerto Rico,
decoradas en tonos de blanco y rojo. (Fuente: Universia, publicación OnLine de
la Universidad de Puerto Rico).
La defensa de esta
superposición cultural en algunos debates académicos ha requerido de numerosos
argumentos. Entre ellos está –y es el que aquí nos interesa– la
superposición presente en uno de sus más conocidos diseños (fig. 8A), donde a
los trazos negros se les asigna una autoría africana, y a los rojos una
aborigen.
Sin embargo, la
desarticulación de dicho diseño nos pone en una situación bien difícil. Como se
puede observar en las figuras 8B y 8C, al separar los trazos negros no logramos
recuperar lo que había de rojo bajo estos, quedando para el análisis unas
escasas líneas de difícil interpretación, lo cual, a nuestro juicio, invalida
este proceder, y no permite un ordenamiento del diseño rojo dentro del contexto
propio de la estación y mucho menos del regional o cultural.
Matanzas y su descomposiciónpor medio del software Photo Shop 8.5. (A) Fotografía del
diseño, (B) Descomposición de los tonos en rojo y (C) Descomposición de los
tonos negros.
Un importante
campo no abordado con profundidad lo constituye la relación entre diseños
bicromados y la utilización del rojo en procedimientos funerarios en el entorno
de las estaciones. Esta temática solo ha sido abordada en una ocasión en los
estudios rupestrológicos cubanos (Fernández, 1994), pero la línea de
investigación no estaba orientada a la relación con las estaciones de contextos
o diseños bicromados.
Estos y otros cuestionamientos
podrían abrirnos el camino y permitirnos desentrañar esta curiosa e importante
relación en los diferentes complejos tonales del arte rupestre cubano.
Este
ordenamiento sitúa en el campo de la duda los criterios crono-tonales sugeridos
en diferentes ambientes académicos: la evaluación detallada no refleja, con
claridad, confiables elementos cronológicos y mucho menos culturales, por más
que nos lo hayan repetido en el pasado.
Tampoco es
posible discernir si estos diseños representan vivencias reales o míticas, a
través de conceptos pictóricos que son hoy para nosotros incomprensibles; o si son
signos ideográficos que expresan una idea por medio de un orden de ubicación, a
manera de articulación entre los diferentes tonos utilizados y sus diferentes
variantes.
Ahora bien, la
labor aquí realizada sí nos debe poner en mejores condiciones cognoscitivas
para abordar los múltiples temas de investigación relacionados con el uso de la
paleta de colores en el arte rupestre y sus funciones, el establecimiento de
grupos de similitud, etc. Ella puede orientar los esfuerzos académicos e insertar
los nuevos descubrimientos que, incorporados otros medios y métodos de
investigación, deben permitirnos avanzar en la búsqueda de las respuestas que
hoy no poseemos.
—¿Preguntas, comentarios? escriba a: rupestreweb@yahoogroups.com—
Cómo citar este artículo: Gutiérrez Calvache, Divaldo A.; González Tendero, José B. ; Fernández Ortega, Racso. Más allá de Punta del Este una mirada al uso del bicromado en el arte rupestre cubano. Una actualizacion. En Rupestreweb, http://www.rupestreweb.info/bicromado.html 2013
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Fernández, Racso. 1994 “El arte rupestre en las cuevas funerarias aborígenes de Cuba”. En Casimba, Año 5, Serie 1 (6): 5-11, La Habana.
González, José, Racso Fernández, Divaldo
Gutiérrez, Hilario Carmenate, Yadira Chinique y Dyalvis Rodríguez.
Gutiérrez, Divaldo, Racso Fernández, José González, et
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Gutiérrez, Divaldo, Racso Fernández, José González, Hilario
Carmenate, Yadira Chinique y Dyalvis Rodríguez.
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Universidad de Puerto
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En http://www.universia.pr/culturaindigena.
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