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Así como son diversas la técnicas de elaboración, también son varios y distintos los motivos que podemos encontrar en este tipo de manifestación. Se han podido distinguir figuras en espirales (tanto circulares como cuadradas), círculos concéntricos, algunos diseños de rostros humanos, de animales, de plantas, diseños de figuras que se podrían llamar geométricas, entre otra gran cantidad de elementos, los cuales se encuentran la gran mayoría de las veces combinados y ubicados en las rocas en formas complejas y estratégicas estructuras. También han sido conocidas las pictografías (del latín pictum, relativo a pintar, y del griego grapho, trazar), son grafismos realizados sobre las rocas mediante la aplicación de pigmentos. En esta modalidad (pintura rupestre) se utilizaron sustancias minerales, como óxidos de hierro, manganeso, cinabrio, carbón, arcillas; de animales, como sangre, huevos, grasas; o vegetales, como grasas y colorantes. Con la ayuda de estos elementos y sus mezclas obtuvieron una amplia gama de colores. Es posible que en la elaboración de estas pinturas rupestres se hayan empleado algunas herramientas semejantes a un pincel o utilizando partes del cuerpo, tales como los dedos, a lo que se le ha denominado pintura dactilar. Al igual que los petroglifos, las pinturas se presentan desde aisladas en motivos individuales hasta entreverados y superpuestos en complejas composiciones. Algunas veces han sido trazadas sobre una superficie previamente preparada con una capa de pintura roja o naranja. Además, es importante señalar que del mismo modo se han otorgado tres categorías a los signos gramaticales: pictogramas o mitogramas: figuras de objetos reales o imaginarios, animales, seres humanos o cosas fácilmente reconocibles. Ideogramas: signos repetitivos y condensados algunas de las veces con formas de flechas, ramas, hongos, estrellas, formas referentes al cuerpo humano, etc.; su recurrencia y asociación entre ellos posiblemente indiquen que se trata de concepciones acordadas. Psicogramas: estos no parecen simbolizar figuras y símbolos, expresan tal vez momentos de exaltación con motivaciones tales como la vida o la muerte, el amor o el odio, o de presagios (Anati 1998). Para señalar en qué lugares podemos encontrar manifestaciones rupestres no es necesario enunciar puntualmente los lugares y países exactos, ya que se puede hablar sobre esta expresión cultural como común a todas las comunidades conocidas y estudiadas desde tiempos ancestrales; algunos de los sitios han sido declarados por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Hablar de una fecha o tiempo tentativo, de cronología o edad de los petroglifos ha sido uno de los más difíciles y complejos objetivos que se han planteado en los estudios de estos objetos. En este sentido se han hecho acercamientos para conocer la antigüedad del arte rupestre, por medio de dataciones absolutas o relativas y algunos métodos sofisticados y procedimientos científicos, pero que aún no son lo suficientemente confiables y se encuentran en fase de experimentación. Algunas investigaciones arqueológicas han hecho importantes estudios que arrojan dataciones significativas, evidenciando una gran antigüedad de ocupación humana. Sin embargo, en muchas de estas se encuentran petroglifos, los cuales no se pueden asociar a las ocupaciones evidenciadas. Este es el caso de las investigaciones de los abrigos rocosos del Tequendama; un sitio que posee pictografías, y que los estudios dieron como resultado evidencia de presencia humana desde hace 11.000 años. Sin embargo, ninguna de las ocupaciones del sitio se pudo asociar con las manifestaciones rupestres (Martínez y Botiva 2004). También se ha propuesto los llamados métodos de datación estilística, en los que se conjetura que un conjunto de figuras pertenecen a un grupo humano y a un tiempo específico y, por ende, las diferencias entre estas imágenes indican periodos de elaboración distintos. Pero esta idea ha tenido grandes dificultades, ya que, según los estudios, se sabe que las diferencias entre conjuntos de figuras con un estilo similar se pueden deber a múltiples factores, tales como diferencias sociales, entre artistas, contextos de elaboración y distintas intencionalidades; razón por la cual las diferencias entre estilos no pueden usarse como método de datación (Martínez y Botiva 2004). Así como se ha comentado anteriormente, con el caso de las dataciones, de igual manera ocurre con el propósito de saber o determinar quién o qué sociedad realizó estas obras. Con frecuencia los investigadores plantean interrogantes como: ¿cuántas personas intervinieron en esta elaboración y cuánto tiempo les llevó esta actividad?; además, si en ese momento se encontraban en algún tipo de celebración o era un suceso recurrente común a cualquier persona y en cualquier momento. Pero de los petroglifos o las pinturas solo podemos contemplar sus resultados (las pinturas o los grabados), y todo el proceso y contexto que rodea su manufactura queda para la indagación y bajo el criterio de cada investigador. Además, hay que considerar que estos eran perfectamente inteligibles por la sociedad que hacía uso de su contenido conceptual. Sin embargo, hay una ruptura evidente en las tradiciones, por lo que el arqueólogo u otro estudioso del tema debe compilar el máximo de elementos e informaciones para tratar de precisar su intencionalidad. En este sentido, se ha llegado a proponer que la elaboración de las manifestaciones rupestres eran presididas por una personalidad reconocida de la comunidad, es decir, un sacerdote o chamán, quien en medio de bailes y consumo de bebidas y plantas alucinógenas, o sea, en eventos de carácter ritual donde participaba gran parte de la comunidad, era la persona que podía comunicarse con espíritus y otras entidades sobrenaturales y de esta manera era el mismo artista. En contraste con lo anterior, en algunos lugares con evidencia rupestre, como es el caso del parque La Poma en Soacha y cerca al río Farfacá (Boyacá), en donde en el primer sitio se identificaron unas impresiones de manos pequeñas en rojo, las cuales se presume que por su tamaño corresponden a niños, y en el segundo sitio en un mural se encuentran varios pares de huellas de manos, al parecer ejecutadas por dos individuos adultos, se evidencia que las obras rupestres podían ser fabricadas por cualquier individuo de la sociedad, y que este evento (pintar o grabar) era tradicional y correspondía a diversas intenciones (Martínez y Botiva 2004). Este artífice podía ser hombre o mujer, chamán o profano; así lo señala Anati, quien igualmente considera que no fue efectuado indiscriminadamente por cualquier persona y que además es posible reconocer ocasionalmente en las obras artísticas la identidad de este.
Saber la finalidad para la que se elaboraban dichas obras es de igual manera difícil y complejo, y muchas de las razones son también las que se mencionaron anteriormente (no encontrar el mismo contexto de fabricación y sus artífices, entre otras), y es fácil pensar que este igualmente ha sido uno de los puntos más discutidos por los estudiosos del tema. Entonces podemos encontrar algunos acercamientos a estas interpretaciones, como planteamientos que se refieren a la producción por simple diversión o imaginación, u otros, quizás más resueltos al referirse a estos como un sistema complejo de comunicación o lenguaje que querían plasmar y además transmitir sus conocimientos universales. Además, también se ha planteado que en la comprensión de las manifestaciones rupestres siempre habrá una idea predominante desde nuestra propia cultura y desde nuestra manera de entender el mundo, muchas veces limitado. Es así como Castro y Gallardo indican que en todo tipo de descripción de estos objetos artísticos se debe empezar por integrar las concepciones y categorías de los individuos partícipes en su elaboración; considerando estos como creadores de su propio lenguaje, dándoles un sentido y un significado único con elementos como palabras, piedras, pigmentos, entre otros, que son la base para la producción de mensajes estéticos cargados de simbologías e ideologías. Por esto, que tales significados se pueden descubrir desde varios puntos de vista (crónicas coloniales, la palabra indígena y la construcción de alegorías antropológicas). Es así como trataremos más adelante de ampliar uno de los temas que ha tomado mayor fuerza últimamente en las explicaciones de estas manifestaciones antiguas. Nos referimos a los planteamientos que les han otorgado un origen neurofisiológico a partir de la reacción provocada por una sustancia psicotrópica. Nos parece de gran importancia ampliar más este tema, de ahí que, por el momento, solo lo mencionamos de manera escueta, pero más adelante lo explicaremos de una forma un poco más profunda. Se puede decir mucho o especular sobre la intención de aquellas sociedades en querer plasmar y dejar permanentemente lo que tenían en sus cabezas. Lo cierto es que, en pocas palabras, se podrían nombrar algunos de los propósitos de las obras rupestres: “prácticas rituales u ofrendatarias, intenciones puramente estéticas (arte por el arte) o necesidad y vehículo de comunicación de saberes, mitos, etc.” (Martínez y Botiva 2004). No se puede olvidar entonces que lo que se diga no podrá ser seguro y en muchas ocasiones dependerá del propio criterio del investigador. 2.2. Manifestaciones rupestres en la arqueología colombiana Las distintas manifestaciones rupestres, como muchas otras evidencias culturales del pasado, constituyen fuentes muy significativas de información que fueron plasmadas en una gran diversidad de paisajes, principalmente en paredes al interior de cavernas y/o en rocas a cielo abierto, que reflejan el grado de simbolización o abstracción de los grupos humanos en una amplia secuencia temporal y espacial. Para Colombia, la evidencia de estas manifestaciones es extensa y se desarrolla por amplias zonas de todo el territorio. A continuación señalaremos solo unos cuantos de los trabajos realizados sobre arte rupestre en nuestro país. Hay que indicar, sin embargo, que no han sido muy exhaustivas estas investigaciones, aunque sus valiosos aportes siempre estarán encabezando los estudios orientados al tema y en este caso no se abordarán en su totalidad. En la diversidad de geografías y climas del país se pueden encontrar gran variedad de temas y estilos presentes en el arte rupestre, testigo de la población de pueblos antiguos; en los desiertos de la alta Guajira hasta la Amazonía, en las islas del Pacifico hasta los roquedos del Orinoco y por las cumbres y faldas de las cordilleras (Urbina 2003). Así, encontramos documentado que hace más o menos 150 años se vienen realizando este tipo de investigaciones en el país (Ancízar 1853, Uricoechea 1854, Isaacs 1884-85, Restrepo 1851). Sin embargo, es poco lo que de esta manifestación prehispánica se conoce y que, de igual manera, se respeta y conserva. Como se dijo anteriormente, es una ardua tarea hacer un estudio preciso de las dataciones para estas antiguas ejecuciones; en el caso de Colombia no se tienen fechas confirmadas. Los cronistas de indias, hace aproximadamente 500 años, dejaron registro escrito de entrevistas que tuvieron con los indígenas los cuales les concedían un tiempo mítico. Las pinturas rupestres al parecer datan de tiempos inmemoriales para Colombia; sin embargo, son pocos los trabajos que a este respecto se han hecho, por lo cual es mínimo lo que se conoce acerca de esta expresión prehispánica; a pesar de esto, se ha permitido consciente o inconscientemente la construcción de dicho legado histórico que hoy, en el mundo contemporáneo, tiene poca importancia. “El arte rupestre hoy, es patrimonio, es pasado, presente y futuro, lo que induce a que esta expresión sea objeto de revisión de las políticas culturales para su preservación. El arte rupestre antaño, claramente visible hoy, se debe observar con lupa para poder amplificar su casi perdida significación y simbología”. (Argüello y Botiva 2003:79). En este sentido, podemos señalar al investigador Fernando Urbina quien ha venido estudiando este fenómeno, principalmente en los departamentos del Caquetá y del Amazonas. Por su parte, este autor nos presenta la evidencia de representaciones rupestres en el río Caquetá, además de dejar en claro que el estudio de dichas representaciones se da desde el preciso origen de las mismas. En el caso específico de la región del Río Caquetá, se menciona que la existencia de las representaciones rupestres se da desde hace aproximadamente dos siglos. En esta época ya se encontraban bastante deteriorados los grabados, por lo tanto los tenían como muy antiguos. Fernando Urbina (2003), durante su investigación en el curso medio y bajo del segmento del río Caquetá, registró un aproximado de 5.000 grabados rupestres y tan sólo 8 pictografías. En este mismo texto, se registra el motivo más frecuente dentro de los petroglifos encontrados en las laderas del río Caquetá, además de tener grandes desarrollos gráficos; es la figura antropomorfa en posición sedente (hombre sentado); el autor hace una aproximación de lo que puede llegar a representar este tipo de figura, la cual a su vez puede coincidir con otras figuras, tales como la rana o animales cuadrúpedos. Para este problema Fernando Urbina propone hacer una suerte de comparación que permita ver recurrencias de estilos en un conjunto similar de piezas en la misma región (Urbina 2003). Petroglifos del río Vides, departamento del Putumayo. En el departamento del Putumayo, en las riveras del río Vides, se encuentran localizadas las rocas de “El Vides”; se menciona que hay alrededor de 20 rocas con inscripciones, pero este dato es difícil de precisar debido a la dispersión que estas tienen en el área, que además es bastante amplia, donde se encuentran ubicadas. La mayoría de los petroglifos se encuentran en el antiguo cauce del río y en las vegas. Martín Alonso Roa es quien nos describe, de una forma algo detallada, las manifestaciones encontradas en el departamento del Putumayo; además, presenta una breve idea del estado de conservación de las rocas, la mayoría de ellas presentan erosión; también la intervención del hombre produce daños en las mismas, debido a que las personas acostumbran caminar sobre ellas para poder observar los grabados. Otras rocas están cubiertas por musgo, que en ocasiones las llega a cubrir casi en su totalidad, lo que no permite que sean visibles los tallados. Las figuras plasmadas en estas rocas hacen alusión a seres humanos y animales. Se han hallado también vestigios de antiguas comunidades indígenas, como líticos, entre los cuales hay metates, manos de moler, machacadores y algunas hachas encontradas por los campesinos de la región, además de algunos fragmentos de cerámica; este tipo de artefactos, dice el autor, no puede asociarse con los petroglifos, ya que a estos es imposible otorgarles una datación y por ende contextualizarlos. “En Colombia, encontramos similitudes con los petroglifos del Encanto y del río Caquetá en las representaciones humanas (rostros, hombres en posición sedente) y las figuras geométricas. Con las pictografías del Guayabero e Inírida, coinciden con las representaciones del jaguar y del venado en las retículas, en las series de puntos y óvalos” (Roa 1998:184). Petroglifos en la región del Atlántico y caribeña. Los dibujos rupestres en la región del Atlántico y en la región Caribeña se denominó como “arte rupestre mocaná”, debido al desaparecido grupo humano que habitó el departamento del Atlántico y parte norte del departamento de Bolívar, de quién desciende étnica y lingüísticamente la familia arawak. “Los Mocaná tallaron sobre la roca expresiones significativas de la naturaleza, la realidad socioeconómica, mitos, su pensamiento abstracto de interpretar el mundo en que vivieron y actuaron, conservando un respeto por la convivencia con el medio ambiente”. (Mendoza 1995:95-96). En este artículo, el autor no hace un registro completo, no se menciona el lugar exacto donde se encuentran dichas manifestaciones rupestres y tampoco se menciona cuántas de ellas hay en esta zona del país.
2.3. Manifestaciones rupestres en Antioquia
Se dice que hay en el distrito de Támesis grandes rocas con grabados que representan figuras humanas, obras atribuidas a los habitantes primitivos, pero están ya tan confusas que con dificultad pueden serpercibidas (Uribe Ángel 2004:463).
No obstante, fue el antropólogo Graciliano Arcila Vélez quien por primera vez realizó investigaciones arqueológicas en el municipio de Támesis, entre los años 1953 y 1954. Como resultado de su trabajo de investigación fue publicado el “Estudio preliminar de la cultura rupestre en Antioquia, Támesis” (Arcila 1956) (2). En este texto el autor se refiere brevemente a las dificultades que caracterizaron el estudio del “arte rupestre” en Colombia, señalando principalmente la ausencia de estudios sistemáticos, pese a la amplia distribución e intensidad de este tipo de manifestaciones en gran parte del territorio colombiano.
Para el centro específico de este estudio, el municipio de Támesis, el autor investigó 40 rocas, cuyo análisis permitió sugerir que: Es posible distinguir figuras geométricas y demás motivos antropomorfos y zoomorfos grabados en las rocas. Hay piedras de gran tamaño como las del Pirú y de la manga de Valencia, que pueden alcanzar hasta 300 y 400m cuadrados de superficie. […] A juzgar por los efectos de la erosión y los motivos expresados, ellos parecen pertenecer a épocas precolombinas unos y postcolombina otros, aunque no se pueda establecer una cronología precisa de estas expresiones rupestres (1956: 10). Entre los motivos geométricos destaca la variabilidad en formas y orientación e introduce una diferencia analítica entre motivos geométricos y figurativos, de tal modo que entre los primeros reconoce figuras en espiral repartidas en varias direcciones independientes o conectadas entre sí, círculos concéntricos, dibujos en forma de diábolo (figura que consideran como un “juguete que consiste en un carrete formado por dos conos unidos por el vértice” (Larousse 1995)). Es un diseño repetitivo en el municipio de Támesis, algunas veces representado de forma simple y otras, de formas más complejas, pudiéndose apreciar el desglosamiento de este elemento observándose desde lo más esquemático hasta la figura más elaborada. De la misma manera, este motivo se asocia a diseños geométricos con adornos en la parte superior e inferior en forma de espirales (Zapata y Tobón 1998), y en forma de yunque, rectángulos concéntricos, cuadriláteros que encierran circunferencias y rectángulos en diversos tamaños, líneas curvas que forman sigmas al derecho y al revés, otras figuras de líneas curvas y rectas que no demarcan motivos precisos (Arcila 1956).
Entre las figuras zoomorfas, por su parte, Arcila (1956) distingue principalmente ranas, monos antropomorfos, lagartijas, aves en vuelo; algunos de estos son trazados por pocas líneas que permiten distinguirlos con facilidad. Estos generalmente no están asociados a los geométricos; sin embargo, en algunas rocas se puede apreciar variedad de motivos. Se encuentran figuras antropomorfas con algunos rasgos de animales, como es el caso de dibujos con caras humanas y cuerpos de ranas o en forma de rectángulo con las extremidades abiertas periféricamente. Con respecto a las interpretaciones del conjunto, el autor considera que “tanto los dibujos geométricos como los zoomorfos y antropomorfos entran en conjuntos movidos armónicamente. Ignoramos por el momento su significado como el de la casi totalidad de la expresión rupestre colombiana. Podrá ser escritura ideográfica, consagración de acontecimientos importantes ocurridos en el grupo indígena, signos gnemónicos de la vida de relaciones sociales, iconografía y símbolos religiosos, manifestaciones mágicas, o en fin, en ultimo termino, un lógico y humano desahogo de las emociones estéticas y en las que debe haber desde luego un lógico simbolismo inherente a las obras humanas”. (Arcila 1956:11). Presenta así mismo una preocupación respecto a la cronología de los grabados planteando que estos pudieron ser realizados después de la conquista con elementos adquiridos a raíz de esta, posiblemente el hierro. Espera que las investigaciones arqueológicas tanto “rupestres como estratigráficas de excavaciones y espeleológicas”, realizadas con intensidad a lo largo del país, puedan aportar buenos indicios para la cronología, incluso de los petroglifos, indicándonos con mayor claridad el contexto que precedió y prosiguió las evidencias arqueológicas. Varios años más tarde, el mismo autor, en su libro Memorias de un origen. Caminos y vestigios, publicado en 1996, presenta dos capítulos: “Investigaciones arqueológicas en la región de Támesis (1953)” y “Támesis en la arqueología colombiana (1953)”. En este texto presenta básicamente los mismos resultados de sus investigaciones, ya expuestas en el informe del Boletín de Antropología con la diferencia de que aquí apunta unos detalles más, como por ejemplo: La mayoría de su trabajo se centró en las rocas y sus figuras; en cuanto a trabajos de excavación fueron muy pocos, como el que realizó en medio de dos rocas donde había una depresión, y se encuentra unos tiestos; para esta descripción no da más detalles. En este sentido nos cuenta que San Pablo, uno de los dos corregimientos de Támesis, tiene muchos aspectos arqueológicos, aunque no cultura rupestre; esta zona será de gran importancia para investigaciones arqueológicas futuras; aquí varias personas ya han sacado grandes guacas. Durante todo su trabajo, pudo recolectar algunas piezas cerámicas, tanto de Támesis como de San Pablo, ya fuera porque él las encontró en alguna de sus excavaciones o porque se las regalaron o las compro. Expresa que no se puede hacer ninguna afirmación, aunque “se alcanza a vislumbrar una influencia quimbaya con características de un desarrollo decorativo propio del norte de Caldas y sur y centro de Antioquia” (Arcila 1996: 215). Graciliano Arcila, entre su amplia escala de trabajo, también reportó algunos aspectos arqueológicos del municipio de Valparaíso, localidad esta que limita con Támesis. Para este lugar documentó un número significativo de rocas con grabado o la “cultura rupestre”. Señala para esta zona dos etapas por los motivos expresados: 1. Motivos precolombinos representados en lagartos; 2. Motivos geométricos como espirales y circunferencias concéntricas, los cuales considera poscolombinos, especialmente por una roca que tenía grabada la figura humana de uno de los conquistadores españoles, por la vestimenta esquematizada con que está representado. Es así como nos damos cuenta de que este vecino municipio es igualmente un potencial en el tema de las manifestaciones rupestres, por lo que se refiere en el texto de varios diseños y motivos encontrados en varias rocas de diferentes fincas del pueblo. Así como lo escribe el autor “…en toda la región de Valparaíso aún se pueden hallar otros documentos arqueológicos en el campo de la cultura rupestre, puesto que la cultura de las rocas proporcionó en todo lugar al indígena el material apropiado para labrar” (Ibíd.). Igualmente, en 1965, Luis Fernando Vélez, en su texto “Cultura rupestre de los titiribíes”, interpretó un petroglifo, que lleva por nombre “La piedra del Indio”, como un semi-abrigo que sirvió a los nativos como habitáculo o como lugar asociado al culto. En 1970, Graciliano Arcila hace una publicación, esta vez reportando la existencia de petroglifos en el municipio de Itagüí, haciendo una descripción tanto histórica como geográfica del municipio, ubicando los petroglifos en el cerro el Mirador, en el barrio el Rosario cerca a la quebrada Doña Maria. En Buga, un corregimiento de Barbosa, investigadores de la Universidad de Antioquia reseñaron el hallazgo de un petroglifo, en el cual se destacaban las superposiciones de los grabados, por lo cual concluyeron que era posible la ocupación de la región por diferentes grupos humanos en distintas épocas. Por su parte, la profesora Neyla Castillo E., en la investigación adelantada en Porce II, en el año de 1992, describe la estilística de tres rocas con petroglifos, en la vereda El Encanto, más precisamente en el lugar que denominaron como La Cancana. En Pueblo Viejo, que pertenece al departamento de Caldas, en 1991 el estudiante de Antropología Audi González describe un petroglifo hallado en esta zona. En los municipios de Girardota y Envigado también se ha tenido conocimiento de la existencia de algunas rocas talladas. Jorge Restrepo, siendo estudiante de antropología, comenta sobre un petroglifo cerca de la cárcel de la Catedral y además de un cementerio indígena para el caso de Envigado. Mauricio Obregón, también estudiante de antropología, igualmente aporta datos sobre la existencia de petroglifos en el municipio de Girardota (Hernández 1998); sin embargo, no se presentan datos más puntuales sobre estos reportes. En 1998 se entrega a la Universidad de Antioquia una tesis titulada “Los petroglifos de Támesis”, en la cual sus dos autores presentan uno de los más completos registros que se haya hecho en esta zona sobre estas manifestaciones. En este trabajo registran un total de 34 rocas grabadas con 304 motivos. Aunque mucho antes, en los trabajos realizados por Graciliano Arcila, se reportan un total de 40 rocas grabadas, nos parece que la tesis realizada por Zapata y Tobón es más completa por el tipo de registro, descripción y detalle de cada roca localizada, información que en gran parte no es estimada por el anterior investigador. A este conglomerado de rocas, las contextualizan, se ubican geográficamente y describen algunos de sus elementos. Además, hacen un análisis estilístico, a partir del cual identificaron tres clases de representaciones en estas expresiones: la geométrica, la figurativa y la esquemática, los cuales se basan en definiciones y estudios realizados por algunos investigadores que se han interesado en el mismo tema de las grafías rupestres. Es así como retoman uno de los aportes de Ronald Duncan (1994), quien diferencia dos unidades del sistema iconográfico: “Los signos abstractos geométricos, en los cuales la abstracción es una representación con mayor estilización y hace parte de lo conceptual, lo narrativo y lo perteneciente a la cosmología, teniendo que ver con fenómenos naturales y categorías cognitivas; y lo figurativo que simboliza las narraciones o descripciones que se presentan con más realismo y naturalismo”. (Duncan 1994, en Zapata y Tobón 1998:26). Igualmente retoman algunos comentarios hechos por Antonio Gras (1979) quien ha trabajado el “arte prehispánico” en el país, y definiciones de diccionarios de términos de arte. Encuentran en lo figurativo figuras humanas, animales y objetos como tema principal, o un ‘arte’ donde la realidad es reconocible. Por su parte, lo esquemático consistiría en un dibujo reducido a unas líneas esenciales que insinúan su forma y significación. Es un buen trabajo que seguramente nos será de gran ayuda, por todos sus datos y los gráficos que nos proporciona para nuestro largo proceso de investigación de estas bellezas patrimoniales.
3. LA ICONOGRAFÍA EN EL ARTE RUPESTRE La iconografía se define como el estudio del significado de las imágenes, su formación, su relación con lo alegórico y lo simbólico, así como su identificación por medio de los atributos que casi siempre les acompañan. Este estudio ha desempeñado un papel muy importante en la comprensión del arte prehispánico, la historia, las tradiciones religiosas y los valores sociales (Klein 2002). La palabra iconografía se deriva del griego eikon que significa “imagen” y graphos que es “escritura”. Con base en esta definición los iconógrafos se basan en el lenguaje y en los textos para entender las imágenes (Ibid.). En las investigaciones realizadas por GAIA (Grupo de asesorías e investigaciones ambientales) sobre la identificación del patrimonio rupestre en la jurisdicción de CORANTIOQUIA, se llevó a cabo un avance del estudio iconográfico de estas representaciones, señalando que esta metodología se centra en la interpretación del tema representado en las manifestaciones artísticas, las cuales deben ser abordadas y estudiadas teniendo en cuenta que son fundamento de la historia intelectual de un grupo humano en determinada época. La iconografía ha sido siempre conocida por su objetivo principal el cual consiste en la “descripción de imágenes”; por otro lado, la iconología avanza aún más en esta descripción, profundizando más en todos los aspectos de las imágenes incluyendo propuestas que permitan conocer su posible antigüedad y significado. Sin embargo, se debe de tener en cuenta el análisis iconográfico como una aproximación en una idea metodológica a la hora de analizar las imágenes. 4. CHAMANISMO Y ALUCINÓGENOS: 4.1. Dónde surge y cómo surge “La palabra chamán proviene de un vocablo de origen siberiano shaman que identifica hombre-dios-medicina. El vocablo tungu original xaman contiene la raíz scha, "saber", por lo que chamán significa "alguien que sabe, sabedor, que es un sabio". Algunas investigaciones etimológicas explican que la palabra proviene del sánscrito por mediación chino-budista al manchú-tungu. En Pali es schamana, en sánscrito sramana es algo así como "monje budista, asceta". El término chino intermedio es scha-men” (Wikipedia). Mircea Eliade es un autor que ha trabajado a fondo el tema del chamanismo, evidencia de esto son sus más representativas obras El vuelo mágico y El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. En primera instancia, y tomando como referente el primer texto mencionado, el autor se remite a las teorías de A. M. Hocart relativas a la soberanía, mostrando “el vuelo mágico” como una suerte de comparación entre reyes y dioses. Anteriormente, los reyes de Asia sudoriental y de Oceanía exigían que fueran cargados en las espaldas de sus esclavos ya que se consideraban dioses y, al igual que estos, “volaban por los aires” y, por lo tanto, no podían tocar el suelo; esta teoría es algo acertada, ya que demuestra que la ideología que tenían los soberanos respecto a esta práctica aludía de una forma u otra a la ascensión al cielo, muy propia de los dioses. Mircea Eliade expone casos afines a lo que se mencionó anteriormente; un ejemplo de esto es la historia del emperador Chou, primer emperador chino, quien según la tradición consiguió volar gracias a los poderes mágicos de las hijas del emperador Yao, que conocian el arte de “volar como los pájaros” y ayudaron a Chou a volar; pero según la costumbre china este no es el único caso; cuentan varias leyendas que fueron muchos los emperadores que volaron por los aires. A partir de este hecho, de como el emperador Chou aprendió de dos magas a volar, indica que este “complejo mítico-ritual no es una creación de la ideología real” (Eliade 1997:112). En relación con esto, se hace evidente que “el vuelo mágico” no era privilegio únicamente de soberanos, también los sabios, los místicos y magos lo tenían. Tanto los mitos y las leyendas como los ritos y las creencias son la base fundamental para evidenciar que ese “vuelo mágico” o ascensión celeste es una experiencia que se debe a las anteriores categorías propias de cada cultura. “El vuelo” consiste pues en la capacidad que adquieren determinadas personas y principalmente gracias a ciertas técnicas de éxtasis que incluyen una iniciación; una suerte de experiencia con la muerte y una posterior resurrección, simbólicas por supuesto; “el vuelo”, tal como lo describe el autor, no es más que “la capacidad de ciertos individuos privilegiados para abandonar sus cuerpos y viajar “en espíritu” por las “tres regiones cósmicas”; el éxtasis que se provoca durante el vuelo tienen como objetivo principal la necesidad de satisfacer a un colectivo social y religioso, ya sean curaciones, salvar un alma extraviada, entre otras, objetivo que cumplen cabalmente los chamanes, que en muchas otras ocasiones buscan el éxtasis por sus propias necesidades espirituales. 4.2. Las plantas alucinógenas. En la mayoría de los casos, “el vuelo” es inducido gracias a las propiedades de algunas plantas alucinógenas que tienen la capacidad de hacer alcanzar el éxtasis que buscan los sabedores, chamanes o curanderos en su afán de cumplir su misión de comunicadores y mediadores dentro de su sociedad. Es preciso en este punto adentrarnos un poco en lo que concierne a estas plantas alucinógenas, ayudantes predilectas de algunos chamanes. El mundo vegetal ha tenido un vínculo muy estrecho con el ser humano, más específicamente con el organismo de este, ya que en el reino vegetal encontramos algunas plantas que producen sustancias que influyen tanto en lo más profundo de la mente como en el espíritu del hombre. Así comienzan los autores del libro titulado Plantas de los dioses, Richard Evans Schultes y Albert Hofmann, importantes investigadores de las plantas alucinógenas, que han llevado a cabo relevantes estudios sobre los usos que tienen algunos grupos nativos de estas sustancias, los efectos producidos por las mismas, presentándonos de este modo un detallado estudio enfocado más específicamente a la etnobotánica, es decir, a explicar los efectos que producen algunas plantas y la importancia que se le ha dado a estas a través del tiempo dentro de las culturas antiguas. Las plantas alucinógenas han adquirido un lugar importante dentro de la religiosidad de las culturas antiguas, consideradas en la mayoría de los casos como plantas mágicas y sagradas que en la actualidad aún son objeto de veneración por parte de algunas comunidades nativas que conservan sus tradiciones; los efectos maravillosos, inexplicables y en ocasiones pavorosos de las plantas alucinógenas dan, pues, una visión más clara de este lugar que ocupan en las diferentes culturas a nivel religioso.
“Los alucinógenos son […] sustancias químicas que producen, en dosis no tóxicas, cambios en la percepción, en el pensamiento y en el estado de ánimo; pero casi nunca producen confusión mental, pérdida de memoria o desorientación en la persona, ni de espacio ni de tiempo” (Hoffer y Osmon, en Schultes y Hofmann 1982:13). Los autores clasifican “los alucinógenos como tóxicos porque sin duda generan intoxicaciones como los trances o estados de embriaguez, se parecen pues a los narcóticos del griego narkoyn: entumecer y etimológicamente se refiere a una sustancia que termina por producir un estado depresivo en el sistema nervioso central” (Schultes y Hofmann 1982). Los alucinógenos considerados, pues, como narcóticos producen alucinaciones en todos los sentidos, es decir, visuales, gustativos, olfativos, táctiles y auditivos, siendo los visuales los más comunes principalmente en colores; actualmente, y teniendo en cuenta que todos los alucinógenos son narcóticos, no se conoce hasta el momento ninguno que cause adicción o narcosis.
El uso de este tipo de alucinógenos se presenta desde tiempos remotos de la prehistoria. Se supone, pues, que a partir del uso y posterior efecto causado por agentes contenidos en los alucinógenos consumidos surge la idea de divinidad; las religiones que tienen como fundamento el chamanismo, principalmente indígenas americanos, en su búsqueda por las experiencias místicas de cada individuo y buscando también tener una suerte de acercamiento a esa idea de divinidad, hacen uso de las plantas que según ellos están dotadas de maravillosos poderes sobrenaturales, ya que estas son vistas por los aborígenes como regalos dados por los dioses o como si fueran los mismos dioses materializados en las plantas. Los alucinógenos vistos de esta manera nos muestra cómo para estas comunidades adquiere un papel fundamental dentro de su religión, puesto que al tener esos poderes y al ser regalos de los mismos dioses actúan como los mediadores sagrados entre el ser humano y lo sobrenatural; esta visión de las sociedades aborígenes, que viene desde sus ancestros, tiene una raíz en la tradición mítica que pasa de generación en generación a través de la narración oral y que da cuenta de la importancia tanto de su origen como de su uso; esta visión permite hacer una gran comparación y diferenciación en el consumo y pensamiento que se tiene acerca de los alucinógenos en nuestra cultura, ya que en esta el propósito de su consumo es totalmente distinto y no tiene bases sólidas para su justificación, todo lo contrario a la perspectiva que los aborígenes tienen de estas plantas. Existe una gran variedad de especies de plantas; sin embargo, solamente mil de estas han sido empleadas como alucinógenas. En el caso de la distribución y administración de las plantas alucinógenas no es estrictamente responsabilidad del chamán, en muchas ocasiones toda la población se encarga de compartir y de dar un uso adecuado a las plantas alucinógenas obedeciendo algunas normas estrictas, incluyendo algunos tabúes y restricciones en cuanto al buen uso que se haga de estas en la vida ceremonial. Los investigadores han llegado a considerar que las plantas alucinógenas y sus usos pueden llegar a ser la principal causa del nacimiento de la cultura, además del chamanismo y la religión. Por otro lado, vemos, pues, cómo en algunas circunstancias y dentro de otras comunidades nativas no se valen necesariamente del consumo de plantas psicotrópicas para poder llegar a estados de trance ligados a visiones y sensaciones de realidad producto del estado que alcanza a tener la mente humana por medio del sonido de tambores, como el caso de varios chamanes siberianos, que les permite alcanzar un estado alterado de la conciencia, o repetitivos sonidos producidos por instrumentos utilizados tradicionalmente dentro de algunas comunidades, con el fin específico de producir dichos estados de conciencia; estos sonidos son producidos en medio de ceremonias realizadas con el objetivo principal de llevar al chamán a realizar su viaje para poder cumplir cabalmente su labor dentro de la comunidad que, en la mayoría de los casos, se remite a curaciones tanto físicas como espirituales. Retomando la idea de comprender estos fenómenos religiosos, volvamos pues a la parte que concierne a la experiencia del ”vuelo”. Consideramos de real importancia hacer énfasis en el siguiente planteamiento de Mircea Eliade, respecto al origen de la experiencia extática, ya que en muchos casos se pretende saberlo todo desde su comienzo hasta su final y nos damos cuenta que es un propósito muy difícil de alcanzar, además, por las grandes dimensiones, elementos, conceptos y complejos culturales enfocados principalmente en la religiosidad que cada sociedad enmarca en sus tradiciones. Podría pensarse que la responsabilidad de los símbolos y de las imágenes alusivas al “vuelo mágico” recae principalmente sobre la experiencia extática de la ascensión, y para conocer el origen debe hacerse desde un amplio ciclo cultural que abarque varios momentos en la historia de la humanidad. “Muy probablemente la experiencia extática bajo sus innumerables aspectos sea inherente a la condición humana, en el sentido de que forma parte integrante de lo que se llama toma de conciencia por el hombre de su situación específica en el cosmos” (Eliade 1997: 116). Pero a partir de todo esto, el autor propone ver esta situación del origen del “vuelo” en otra dirección; plantea, pues, situar su origen en los mitos y leyendas relativos al “vuelo” dando pie para pensarlo desde lo onírico o producto de la imaginación; es decir, puede ser que la experiencia extática no contenga ningún grado de realidad, dado que al situarla dentro de los mitos y las leyendas, y como son entendidos estos conceptos, puede hacer parte de un conjunto de dimensiones imaginarias propias del hombre, así como de las actividades cotidianas; de esta manera, la estructura propia de un individuo acerca de su realidad no es la misma de las realidades “objetivas”, y de este modo su imaginación siempre será real. Por otra parte, vemos cómo la experiencia extática, la ascensión y “el vuelo” hacen parte de un común universal primitivo; o sea, que estos conceptos y experiencias son comunes en todas las culturas arcaicas en todos los niveles rituales y mitológicos de los chamanes y en los mitológicos y folclóricos de los otros miembros de las comunidades; de este modo se percibe, pues, cómo este complejo sistema religioso trasciende fronteras conociéndose en todos los lugares del mundo donde existan dichas comunidades. En conclusión, “el vuelo” es definido por este autor como un acto de querer “sobrepasar por arriba” la condición humana y transmutarla por un exceso de “espiritualización” (Eliade 1997:120). “Es importante, pues, no olvidar que en todos los niveles de la cultura, a pesar de las considerables diferencias de contextos históricos y religiosos, el simbolismo del “vuelo” y de la ascensión expresa siempre la abolición de la condición humana, la trascendencia y la libertad” (Eliade 1997:125). Algunos otros investigadores del tema definen “el vuelo chamánico” como un viaje que llega a tener el alma del chamán en la búsqueda del entendimiento del mundo espiritual: el del hombre y el de la naturaleza; es decir, que en estos viajes el chamán trata de encontrar la armonía existente entre estos tres mundos, adoptando de los tres las características más apropiadas para llevar a cabo la labor que le compete dentro de su sociedad; no es más que un fenómeno que le facilita al chamán tener un contacto con los espíritus, los cuales dan una suerte de orientación e información para el crecimiento espiritual no solo a nivel individual sino también a nivel comunitario y de dicha forma ser solidario en su comunidad; es, pues, en este punto donde podemos definir al chamán como un mediador que comunica a su comunidad con el mundo de los espíritus, incluidos los espíritus de los muertos. Los chamanes utilizan un sinnúmero de códigos dentro del complejo sistema de creencias de las que hacen parte sus tradiciones ancestrales y, por ende, su comunidad entiende estos códigos que el chamán mismo expresa por medio de sonidos musicales, por medio de bailes, de palabras y de manifestaciones artísticas, que pueden a su vez manifestarse en objetos tales como amuletos o dibujos como los que podemos encontrar en petroglifos, pictoglifos y otras formas que permitan representar y comunicar a la comunidad su experiencia. Como estas representaciones simbólicas se pueden apreciar también en la indumentaria de los chamanes, que pueden hacer referencia a animales que son considerados como espíritus que sirven de ayudantes o quizás al rango ocupado por el mismo, se encuentra, pues, un variado simbolismo que también hace referencia a su propia visión del mundo asociado a la tradición del chamán que, a su vez, está íntimamente vinculada a las tradiciones de su comunidad. 4.3. Los fosfenos Es común que, tanto en la iniciación como en la posterior tarea del chamán, este tenga visiones que influyen en la cotidianidad no solo a nivel individual sino comunitario; estas visiones son producto de las experiencias extáticas, que, como ya lo mencionamos, en ocasiones son inducidas por las propiedades de algunas plantas alucinógenas, por los sonidos de algunos instrumentos o por el éxtasis alcanzado por el nivel de concentración del chamán; esta experiencia extática produce reacciones neurofisiológicas que permite ver una serie de figuras comúnmente llamadas fosfenos, figuras que posiblemente eran las que se plasmaban en las rocas, permitiendo de este modo dejar evidencia física de las visiones que solían tener los chamanes en sus trances rituales, como el caso del arte rupestre, y la gran variedad de imágenes representadas incluso en la indumentaria del mismo chamán y del resto de la comunidad, volviéndose este tipo de representación una suerte de icono común en la sociedad y la mejor forma de comunicación entre los espíritus, el chamán y la comunidad.
“Lo que llamamos arte, en todas las culturas expresa un sistema de valores para la época y para las condiciones locales, es decir, que constituyen un sistema de comunicación” (Reichel Dolmatoff 1988:39). Las representaciones artísticas que encontramos expresadas en los distintos objetos prehispánicos no se tratan, pues, sólo de objetos de la cultura material y de sus características formales, sino de determinadas ideas y valores, de procesos y de las maneras como todos aquellos aspectos llegaron a definir materiales, formas y usos. Partiendo de este punto tan preciso que nos plantea Reichel Dolmatoff, nos concentraremos con más detalle a la hora de presentar el tema de mayor interés dentro de este trabajo de investigación, el cual se centra en el análisis iconográfico de las representaciones de las culturas, enfocándonos primordialmente en una suerte de comparación entre varios elementos materiales de la cultura con los objetos tomados como “base” de esta investigación, los cuales son las representaciones rupestres, más específicamente los petroglifos de Támesis. Volvamos, pues, al tema que nos ocupa en estos momentos; abordando el tema del chamanismo y del papel del chamán dentro de las sociedades arcaicas, podemos adentrarnos simultáneamente en un mundo lleno de símbolos y signos que a su vez nos abren las puertas para comprender de una manera más fácil los significados que pueden llegar a tener las manifestaciones artísticas de las comunidades, ya que vemos cómo en la mayoría de dichas representaciones la figura del chamán se torna dominante, es decir, el chamán predomina sobre otras figuras; además, en las figuras del chamán se pueden ver otro tipo de representaciones, como lo son sus tocados, collares, penachos, entre otros atuendos típicos y de uso exclusivo de estos personajes a los que les atribuían poderes mágicos; en la orfebrería vemos, por ejemplo, cómo las figuras del chamán llevan tocados especiales, coronas con plumas, formando sobre sus cabezas grandes abanicos abiertos; en otras ocasiones se puede ver sólo una figura humana con hilos pendiendo de sus cabezas, esto, según Reichel Dolmatoff, representaría los poderes que poseía el personaje. Algunas figuras que se observan en distintas representaciones tienen ciertas características comunes, lo que podemos denominar como los elementos iconográficos que pueden inferir a la hora de identificarlos como chamanes. Los pequeños detalles en los que nos concentramos al analizar las distintas representaciones de los chamanes, como sus tocados, decoraciones e incluso características de expresiones en los rostros, nos permiten ver recurrencias y similitudes de dichas características en las distintas manifestaciones. Vemos cómo en la orfebrería, por ejemplo, los chamanes son representados con una suerte de penachos sobre sus cabezas, como lo mencionamos anteriormente, con sus objetos personales, como bastones, collares, bancos ceremoniales, entre otros; es curioso ver cómo se refleja en las expresiones de sus rostros un posible estado extático, de meditación profunda; al mismo tiempo, y a medida que observamos estos detalles, vemos la importancia que adquiere cada vez más este tipo de análisis iconográfico. En el caso que nos ocupa, en los petroglifos de Támesis podemos ver una posible representación de un chamán, como una figura humana con corona de plumas sobre la cabeza y una suerte de cola y con lo que parece ser unas hojas en sus manos; sin embargo, también se puede inferir en las representaciones del vuelo chamánico, tal como se ve de una forma muy similar en la orfebrería como lo demuestra Reichel Dolmatoff. El vuelo chamánico ha sido representado en la orfebrería, muy frecuentemente su representación se basa en figuras aladas que tienen un significado tanto de ascensión como de descenso; lo cual implica que este tipo de representaciones haya tenido una función social muy importante. Pertinente nos parece en este punto mostrar un ejemplo concreto de este tipo de representaciones; aquí quedan claramente evidenciadas las similitudes que se presentan entre estos dos casos analizados, la orfebrería y los grabados rupestres.
“En la mitología Kogi, el acto de ponerse una máscara corresponde al de tomar un alucinógeno; es decir, que la persona entra en otra dimensión, a otra realidad, donde “todo está al revés”” (Reichel Dolmatoff 1988:59). Puede considerarse que en las manifestaciones rupestres también vemos la representación de este elemento.
5. CARACTERIZACIÓN DEL ÁREA DE ESTUDIO 5.1 ASPECTOS GENERALES
Para el año de 1846, procedente de Sonsón, llegó a tierra Tamesina la familia Orozco, iniciando su colonización. A ella le siguieron los Ospina, Osorio, Arroyave, Naranjo, Morales y Cardona, procedentes de Abejorral, Caramanta, Guarne y La Ceja. Atraídos por la fertilidad de sus tierras y por las grandes cantidades de oro que encontraron los primeros colonizadores en algunas guacas de los indios, pronto se vio la afluencia de familias de los distritos vecinos; de esta manera, se vio la necesidad de fundar una nueva población, que a efecto realizaron los hermanos Pedro, Mariano, Epifanio, Manuel Salvador y Sandalio Orozco, teniendo como fecha oficial de la fundación de San Antonio de Támesis el 25 de diciembre 1858. (Zapata 1978). El desarrollo de Támesis se dio rápidamente; poco después, en el año de 1864, se erigió corregimiento de Jericó, siendo su primer corregidor Don Manuel Salvador Orozco. En 1865, Támesis adquirió la categoría de distrito parroquial, siendo administrada la parroquia en los primeros años por curas excusadores, hasta 1868, que se nombró como párroco al sacerdote presbítero Braulio Giraldo por 37 años (Cervecería Unión 1941). El nombre del pueblo fue dado por Don Pedro Orozco, en recuerdo del río que baña la capital del imperio Británico. Su erección en municipio data del año 1867, fecha en que fue nombrado el primer alcalde Don Benjamín Orozco (Ibíd.). El municipio de Támesis está ubicado en la vertiente oriental de la cordillera occidental, sobre la margen izquierda del río Cauca y la ladera occidental del río Cartama, al suroeste del departamento de Antioquia. Posee una extensión de 243 Km², entre los 5º 40’ 02” de latitud norte y 75º 43’ 34” de longitud oeste de Greenwich; está a 1600 msnm aproximadamente y con una temperatura media anual de 21º centígrados, la cual varía de 27º a orillas del Cauca hasta 17º en las partes altas (Corporación GAIA 1999).
Por el oriente, limita con el municipio de Valparaíso; por el norte, con Fredonia; por el occidente, con Jericó y Tarso, y por el sur, con Caramanta. Dista de la capital del departamento 110 Km (Cervecería Unión 1941).
5.2 ASPECTOS BIOFÍSICOS La geomorfología de la zona presenta un relieve montañoso muy joven, el cual se forma por el avance del frente de erosión a lo largo de la cuenca del río Cartama. El paisaje es uniforme y se presenta como una ladera suavemente ondulada, compuesta por un mosaico de pendientes con inclinación hacia el este, marcadas por una red de drenajes subparalelos. El lecho principal de la quebrada la peinada presenta el encajonamiento local más pronunciado con pendientes entre los 30 y los 45º. La presencia de bloques de roca es común en los lechos de los drenajes (Corporación GAIA 1999).
El material parental está constituido por cenizas volcánicas de la unidad Chinchiná, la cual se presenta de forma homogénea y continua en la zona cafetera, específicamente en los municipios de Caramanta, Valparaíso, Jericó, Pueblo Rico, Jardín y Andes. En Támesis, esta formación se encuentra principalmente en las veredas San Isidro, El encanto y El rayo (Ibíd.). En cuanto a las características geológicas, en la vertiente occidental del río Cartama afloran varios cuerpos que se enumeran del más antiguo al más reciente: rocas ígneas plutónicas que constituyen el stok de Támesis; rocas sedimentarias de la formación Amagá; pórfidos andesíticos; rocas vulcano sedimentarias de la formación Combia y formaciones superficiales. Estas formaciones se encuentran recubiertas por una capa de ceniza volcánica, (A.I.M. estudio geotécnico y de suelos para la construcción del proyecto Los caminos del Cartama: 1997; Corporación GAIA 1999).
En la montaña de Jardín, que pertenece a Támesis, nacen varias corrientes de agua, tributarias todas del río Cauca. La más notable es el Cartama, torrentoso y de gran caudal de agua y que desemboca en el Cauca dos kilómetros al norte de Caramanta. Entre las corrientes de agua de este distrito, se destacan las de Támesis, San Antonio, La Peinada y Río Frío. La flora de este municipio es abundante y variada, distinguiéndose especialmente las maderas de construcción, árboles frutales, plantas aromáticas y medicinales (Cervecería Unión 1941).
Sigue en la 2a. parte...(click aquí)
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