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* RNAR. Registro Nacional de Arte Rupestre. GCIAR-ICAN Modos conceptuales y de procedimiento En adelante abordaremos los rasgos fundamentales de los modos conceptuales y de procedimiento que caracterizan el arte rupestre presente en estas estaciones, de manera que pueda pasar a formar parte de los elementos o recursos patrimoniales que caracterizan la RNI, y puedan ser tenidos en cuenta para la elaboración futura del Plan de Manejo de esta importante área protegida.
Las tres estaciones que conforman el arte rupestre de la RNI representan el 5.45 % del total del arte rupestre de la provincia de Guantánamo, y el 1.06 % del total del arte rupestre cubano documentado hasta hoy. Desde el punto de vista de las categorías rupestrológicas, las tres estaciones son pictográficas y representan el 1.68 % de las estaciones que ostentan esta categoría en la provincia de Guantánamo. En total albergan 25 diseños rupestres, siendo la Cueva No. 1 de las Pinturas la que más presenta, con 14, para un 58.3 % del conjunto (Tabla II).
El arte rupestre de esta zona se caracteriza por los dibujos de figuras geométricas, que utilizan tintas planas para una técnica que podría definirse como lineal. La generalidad de las figuras son monocromáticas, empleando colorantes rojo o negro; este último solo presente en tres diseños en la estación Cueva No. 1 de las Pinturas (Fig. 8, 9 y 10), lo que representa el 12.5 % del total de motivos o diseños, por lo que se puede decir que es el rojo, sin lugar a dudas, el color predominante en el arte rupestre de la RNI. La incorporación de estas tres estaciones al Registro Nacional de Arte Rupestre eleva el número de estas con uso del color rojo a 52, lo que representa el 18.51 % del total de estaciones pictográficas del país. Tabla II. Composición del arte rupestre de la Reserva
Natural Imías.
* RNAR. Registro Nacional de Arte Rupestre. GCIAR-ICAN La presencia abrumadora del color rojo en estas estaciones es un dato de suma importancia para la rupestrología cubana, pues este color era muy escaso en el contexto de la macroregión rupestrológica Cuba oriental (Gutiérrez y Fernández, 2008; Gutiérrez, et al., 2009a): desde el extremo este de la Sierra de Cubitas, en Camaguey, hasta la Punta de Maisí, solo se reportaba la existencia de pictografías rojas en la estación Cueva del Indio, en Maisí, provincia de Guantánamo (fig. 7). Esta distribución había inducido a algunos investigadores cubanos a inferir que este color podría haber estado mayormente relacionado con grupos de arribo temprano a Cuba; pues la escasez del uso del rojo en el arte rupestre de Cuba oriental se correspondía en alguna medida con su poca frecuencia en el arte rupestre de La Española (Gutiérrez y Fernández, 2008).
Figura 7. Distribución de estaciones monocromáticas en
color rojo y bicromadas en rojo y negro, del extremo oriental Hasta hoy en nuestro país no ha existido ninguna investigación dirigida a abordar con seriedad los materiales utilizados en la obtención de pigmentos rojos. En este sentido, solo se han efectuado dos análisis que puedan arrojar alguna luz sobre la composición de estos pigmentos. El primero se realizó en 1939, por René Herrera Fritot, quien observó en el microscopio un fragmento de roca con pintura que se había desprendido de la Cueva No. 1 de Punta del Este, Isla de Pinos, estimando que era la limonita ocre la responsable del color rojo (Herrera, 1939: 16). El segundo se efectuó en la década del sesenta, también con muestras de colorantes de la Cueva No. 1 de Punta del Este, y arrojó la utilización de carbón vegetal para el negro y dióxido de hierro para el rojo (Núñez, 1975: 72). De lo anterior se desprende que parece ser el oxido de hierro, en toda su gama mineralógica, el material de ejecución –base– para la elaboración de los colorantes rojos del arte rupestre cubano; aunque en realidad esta afirmación necesita en la actualidad de una mejor documentación.
Figura 8. Pictografías de la Cueva No. 1 de las
Pinturas, Reserva Natural Imías, Guantánamo.
Figura 9. Pictografías de la Cueva No. 2 de las
Pinturas, Reserva Natural Imías, Guantánamo. Otra característica importante relacionada con la distribución y utilización de los colores en el arte rupestre de la RNI es la utilización de más de un colorante en una misma localidad, caso presente en la Cueva No. 1 de las Pinturas, donde se utilizaron el negro y el rojo, representando la estación bicromada número 25 del arte rupestre cubano. Según las sistemáticas propuestas para esta problemática en nuestro país, esta se puede clasificar como una estación de contexto bicromado (ECB), o sea, una localidad donde aparecen diseños pictográficos elaborados en uno u otro color; pero donde la dualidad tonal no se articula en un diseño común, es decir, cada diseño en sí mismo es monocromático (Gutiérrez, et al., 2010: 4).
Figura 10. Pictografías de la Solapa del Carey, Reserva
Natural Imías, Guantánamo. Lo anterior plantea nuevos elementos de investigación para la macroregión rupestrológica Cuba oriental, pues el registro de estaciones bicromadas del arte rupestre cubano consideraba la Cueva de las Mercedes, en la Sierra de Cubitas, Camagüey (fig. 7), la más oriental de sus estaciones, categoría que a partir de este momento le pertenece a la Cueva No. 1 de las Pinturas, Imías, Guantánamo. Acercamientos dirigidos a esclarecer el conocimiento que tenemos sobre las técnicas de ejecución del arte rupestre han sido realizados a partir de la observación in situ por Núñez Jiménez (1975: 55), Gutiérrez Calvache y colaboradores (2003: 97 y 2009: 47) y Gutiérrez y Fernández (2005: 96). La situación se repite en el caso que nos ocupa, pues nos vemos obligados a la indagación de esta problemática por simples observaciones, ante la imposibilidad de un análisis más profundo. De estos exámenes, limitados al análisis de los diseños en las propias estaciones, así como a la utilización de microscopía digital sobre imágenes de alta resolución, podemos derivar con cierto rango de seguridad que el método más frecuente en el arte rupestre de la RNI es la aplicación del colorante con los dedos –técnica conocida como “dactilar”–, la cual estuvo restringida al uso del color rojo, pues las escasas pictografías negras parecen haber sido realizadas por la aplicación directa del carbón a la pared.
Tanto en soluciones espaciales, como en la selección de sustratos, el arte rupestre de la RNI es sumamente homogéneo, caracterizándose por estar todos los diseños ejecutados en zonas claras o umbrales de las cavidades (Tabla III), las cuales, en consonancia con sus pequeños espacios, no dejaron muchas opciones en este sentido al ejecutor. La selección de sustratos está dividida: un 76 % de los diseños fueron elaborados en el techo estructural de la cavidad, y un 24 % ejecutados en la pared estructural, por lo que no existen diseños ubicados en formaciones secundarias, piso o formas clásticas (Tabla III). Tabla III. Comportamiento de la asignación de los espacios y sustratos de realización en el arte rupestre de la Reserva Natural Imías, Guantánamo. Fuente: Elaboración propia
En este sentido, es importante establecer relaciones con los colores. En la única estación bicromada (Cueva No. 1 de las Pinturas) los dibujos negros (3) siempre fueron elaborados en la roca estructural del techo, mientras que las escasas variaciones que en estos parámetros hemos documentado están siempre asociadas a diseños elaborados en rojo.
Son quizás los temas relacionados con la ubicación cultural y su cronología los aspectos más complejos dentro del estudio del arte rupestre cubano en general y para el aquí reseñado en particular, debido sobre todo a lo reciente de su hallazgo, y al escaso conocimiento que hoy tenemos sobre el entorno arqueológico cercano a estas estaciones. Sin embargo, el lector entenderá que es lícito que expongamos algunos de los elementos con que contamos (aunque sean precarios) e intentemos su –lógica– organización. En primer lugar, es menester considerar el conocimiento hasta hoy acumulado para el ámbito arqueológico regional objeto de estudio. Los registros del Censo y el Atlas Arqueológico de Cuba, conservados en las cartillas básicas de información que posee el Departamento de Arqueología del Instituto Cubano de Antropología, establecen que en la provincia de Guantánamo existen un total de 160 sitios arqueológicos bien documentados (Dpto. de Arqueología, 2003: 197), de los cuales 124 pertenecen a las Formaciones Económico Sociales Tribales, mayormente sedentarias y con un modo de vida agricultor, y 36 a las Formaciones Económico Sociales Pretribales, de modos de vida recolector, pescador y/o cazador(1); lo que representa un predominio de las primeras, con más del 78 % del total (fig. 11).
Figura 11. Distribución de los principales sitios arqueológicos de las FES Productoras y
filiación porcentual de los sitios arqueológicos de la provincia de Guantánamo,
controlados actualmente en el sistema nacional de Cartillas del Instituto
Cubano de Antropología. Fuentes: Departamento de Arqueología, Centro de
Antropología 2003; e Ismael Hernández, et al, 2007.
A ese total habría que sumarle los tres nuevos sitios rupestrológicos aquí comentados y, además, la Cueva de las Tres Bocas, una localidad relativamente cercana a dichas estaciones rupestres, que fuera también descubierta en la reciente expedición del Grupo Borrás, y se ubica en las coordenadas Cuba Sur, X 724394.97 - Y 156997.12, a sólo unos metros más al norte de la Cueva No. 2 de las Pinturas, pero en una posición hipsométrica mucho más alta, a más de 40 metros de altura sobre el nivel del mar. Dicha estación reveló una importante acumulación de restos humanos, al parecer aborígenes, en el área cercana a una de sus bocas de acceso. En su mayoría están en la actualidad fundidos en el sinter de goteo, pero algunos de ellos presentan fracturas recientes, lo que puede ser un signo de agresión antrópica de tipo eventual o casual, o puede ser un intento mal logrado de retirar estas piezas del conglomerado reconstructivo (fig. 12). Con todo lo anteriormente expuesto, se puede establecer que tanto a nivel regional, como en el entorno cercano a nuestras estaciones rupestres, predominan los sitios pertenecientes a comunidades productoras, en comparación con las comunidades apropiadoras(2); siendo los más significativos los sitios Macambo I, Macambo II y Los Ciguatos (fig. 11). De estos sitios poco se ha dado a conocer en la literatura arqueológica nacional, destacándose el trabajo presentado por los investigadores Gerardo Izquierdo y Alexis Rives, sobre métodos cuantitativos e interpretación arqueológica en el sitio Macambo II, y el artículo que sobre el sitio Los Ciguatos publicara el reconocido arqueólogo santiaguero Dr. Felipe Martínez Arango, en 1978. ![]() Figura 12. Restos óseos humanos en el piso de la Cueva
Las Tres Bocas, Reserva Natural Imías, Guantánamo. En el primero de estos trabajos, sus autores consideran que podría existir alguna correspondencia entre el ajuar del sitio Macambo II y la variante cultural Damajayabo, propuesta por J. M. Guarch (1990); aunque no son concluyentes con este planteamiento y dejan margen a otras opciones (Izquierdo y Rives, 1995: 4). Entonces de ser acertada la relación cultural antes comentada y aceptando la propuesta cultural de Guarch (1990) sin cuestionamientos, entonces estaríamos reconociendo que la evidencia arqueológica más próxima a nuestras estaciones rupestres se corresponde con un grupo o variante cultural enmarcada en fases relativamente tempranas de las Formaciones Económico Sociales Tribales, mayormente sedentarias y con un modo de vida agricultor, asentadas en el territorio de la provincia Guantánamo, con una cronología cultural que se puede distribuir desde 1120 a 500 años A.P. (Torres, 2006: 89); o dentro del Subtaíno de Tabío y Guarch (1966), con una propuesta cronológica que va desde 800 a 1570 de nuestra era (Tabío y Gurach, 1966; según Torres, 2006: 84); o en el periodo tardío de la Etapa Productiva propuesta por Jiménez Santander (2009), con una distribución cronológica que va del 601 al 1300 de nuestra era (Jiménez, 2009: 96). Sin embargo para otros autores las combinaciones presentes en el ajuar de Macambo II indican en alguna medida un grupo agricultor tardío (1200 -1600 de nuestra era) bastante evolucionado (Castellanos, et al., s/f: 55; Rodríguez y Pagan, 2006: 105) No obstante, debemos dejar claro que todas estas cronologías tienen un fuerte basamento normativo en cuanto al uso de las series cerámicas como sustento de su estructura conceptual, pues desde la geocronología el sitio cabecera de la variante cultural Damajayabo solo está amparado por dos fechados radiocarbónicos directos, ambos realizados en muestras de carbón; el primero obtenido en un estrato asociado a comunidades apropiadoras y el segundo colectado en un contexto productor –agroceramista– y en asociación directa con cerámica. Esta muestra, con código de laboratorio Y-1994, ha permitido obtener para las Formaciones Económico Sociales Tribales del sitio Playa de Damajayabo una edad C-14 de 1120 + 160 años BP (820) que, calibrada arrojo en una edad de 639 AD - 1222AD (Pino, 1995; Torres, 2006 y Cooper, 2007). Lo discordante en este debate es que no existe un fechado radiocarbónico para los sitios de Macambo, que nos diera alguna claridad en cuanto a su correspondencia con la variante cultural Damajayabo. A ello es imprescindible agregar que, algunos investigadores opinan que el sitio Macambo II podría representar un asentamiento eventual o temporal de grupos avanzados (singulares), en funciones de recolección, pesca y caza para avituallar a los poblados o aldeas centrales asentadas en el Valle de Caujerí, (Rodríguez y Pagan, 2006: 106 y Gerardo Izquierdo, comunicación personal, 9 de mayo de 2011). Al analizar los párrafos anteriores, el lector conocedor podrá asumir erróneamente la existencia de una dicotomía teórica entre nuestro apego manifiesto a los postulados de las Formaciones Económico Sociales, como marco teórico para la periodización en la arqueología indocubana, y el constante acercamiento a la categoría de “variantes culturales” propuesta por Guarch (1990). En este sentido, es necesario esclarecer que tal dicotomía no existe, todo lo contrario: al igual que otros autores, pensamos que el concepto o visión economicista de nuestras periodizaciones actuales no puede darse el lujo de excluir el concepto de cultura. Tal posición implicaría excluir lo singular y lo diverso del fenómeno magnífico que es, en sí misma, la existencia del hombre en el tiempo y el espacio, llevaría a ignorar “…los fenómenos singulares y concretos que constituyen el objeto de conocimiento empírico de los arqueólogos” (Torres, 2006: 88). En consecuencia con lo antes comentado, ha sido una debilidad sistemática en toda la propuesta de Guarch (1990) la ausencia de una diferenciación correcta y tangible de los elementos de la superestructura, presente en cada una de sus variantes culturales, dejando las mismas en manos de “…la ubicación geográfica, la cronología y los criterios normativistas basados en la cerámica” (Torres, 2006: 89). Esta realidad ha provocado que la mayoría de los estudios arqueológicos cubanos contemporáneos no hayan podido integrar su énfasis en las condiciones económicas como diferenciador social y los elementos utilitarios y superestructurales como herramientas para identificar cultura, de forma que nos permitiera enfocarnos a niveles o escalones más cercanos a la vida diaria de nuestros aborígenes y a las singularidades de su proceder en espacios temporales y territoriales más reducidos. Estos temas son en alguna medida ajenos a nuestra práctica diaria como rupestrólogos. Sin embargo, el descubrimiento de las estaciones rupestres aquí estudiadas y la particularidad de sus diseños –tanto en forma, como en materiales de ejecución, sustratos de realización y otros subsistemas de la gráfica–, dentro del gran entorno rupestrológico de la costa suroriental de Cuba –en las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba, y Granma, donde es abrumadoramente mayoritario un arte rupestre petroglífico, asociado a la utilización funcional de formas reconstructivas como solución al volumen de lo representado–, nos hizo entrever la oportunidad de establecer, al menos a nivel de hipótesis primaria, la posibilidad de que este “nuevo” patrón estuviera indicando una singularidad cultural a nivel de la superestructura para los grupos que ejecutaron este arte rupestre y que, probablemente, se asentaron en el entorno cercano a nuestras estaciones. De ser así, debe existir alguna correspondencia morfológica entre los diseños rupestres y los conceptos decorativos y formativos de la cerámica de estos grupos. Al llegar a este punto se hizo irremediable aplicar un método gráfico de comparación, el cual se realizó entre decoraciones cerámicas de los sitios Playa de Damajayabo, Santiago de Cuba (sitio cabecera de la variante cultural Damajayabo) y decoraciones cerámicas del estrato más temprano del sitio Los Ciguatos, Guantánamo, el cual también ha sido asociado a la variante cultural Damajayabo. Estas comparaciones se pueden apreciar en la figura 13, y permitieron establecer la existencia de un importante grado de similitud morfológica entre los diseños cerámicos de los sitios referidos y los dibujos rupestres de la RNI. Ahora bien ¿es solo una similitud a nivel morfológico? Creemos que otros elementos apoyan también criterios de similitud. Por ejemplo, los estudios realizados para la cerámica de los niveles agroceramistas más tempranos del sitio Los Ciguatos reflejan que son las incisiones lineales paralelas oblicuas y alternas, junto a las incisiones punteadas, los elementos de mayor representación en la decoración cerámica del sitio, relación común para el arte rupestre de la RNI, donde ambos motivos ocupan la mayor cantidad de diseños; tal es la similitud en este caso, que para el sitio referido las incisiones lineales paralelas oblicuas y alternas representan el 60.0 % de todas las decoraciones lineales rectas (Martínez Arango, 1978: 95) y en las tres estaciones rupestres de la RNI este tipo de diseño ocupa alrededor del 72 % (está presente en 18 de los 25 conjuntos pictográficos). Entonces, tenemos también similitud a un nivel superior que la simple identidad morfológica, pues hay correspondencia en la frecuencia cuantitativa del uso de las soluciones morfológicas. Por su parte, la presencia en Los Ciguatos de un 100.0 % de utilización de pintura (engobe) roja en la cerámica que presenta engobe (17.8 % del total de cerámica decorada), deja establecida una preferencia marcada por este color, lo cual se corresponde con las soluciones cronotonales del arte rupestre de la RNI, donde el uso del color rojo representa el 88.0 %.
Figura 13. Comparación morfológica entre los diseños de líneas paralelas oblicuas alternas y los diseños punteados de las decoraciones cerámicas de los sitios arqueológicos Playa Damajayabo y Los Ciguatos, Santiago de Cuba y Guantánamo, respectivamente, con diseños similares de las estaciones rupestres de la Reserva Natural Imías, Guantánamo. Fuentes: Martínez Arango, 1968 y 1978, y fotos de Efrén Jaimez y Maikel Loro. Estas relaciones morfo-cronotonales se infieren, en primer lugar, de la abundante presencia de piedras tintóreas en sitios como Playa de Damajayabo (Martínez Arango, 1968: 35), que pudiera constituir una condición lito-facial oportuna. Sin embargo, un análisis de la correlación entre elementos morfológicos y cronotonales, en sitios similares del oriente cubano, refleja que en la medida que estos se acercan al modelo de variante cultural Damajayabo las relaciones de similitud y asociación entre uso específico de diseños y colores para la cerámica se acentúan, en grados particulares para cada sitio, pero en aumento de forma general (fig. 14).
Figura 14. Correlación entre algunos elementos
morfológicos y cronotonales Con toda esta discusión, solo nos queda establecer o diseñar interrogantes, como ¿podría ser el arte rupestre conocido hasta hoy en la RNI una expresión superestructural que permita establecer claridad en la singularidad de la variante cultural Damajayabo? Arriesgar una respuesta sería una actitud temeraria. Sin embargo, el hecho indiscutible que impone la presencia de un arte rupestre cuyas características fundamentales (sistemas y subsistemas) son atípicas al entorno rupestre de toda la región oriental de Cuba, pero que a su vez es similar a la morfología y otros procedimientos de la decoración cerámica presente en los niveles tempranos de las Formaciones Económico Sociales Tribales con modos de vida agricultores, asentadas en el entorno cercano de las estaciones rupestres, nos está sugiriendo una relación que, si bien necesita de mucha y mejor documentación, es hoy absolutamente tangible. Pero si no bastaran los elementos ya expuestos hasta aquí, para desarrollar todo un criterio cultural territorial de argumentada singularidad en el entorno de estudio, agregaríamos que investigaciones recientes, vinculadas al análisis de los restos de almidones en objetos utilitarios de las comunidades agricultoras, han arrojado que ninguno de los fragmentos de burén de los sitios Macambo I y II, estudiados hasta hoy, permiten ubicar en esa comunidad el uso de la yuca amarga (Manihot esculenta, Crantz) dentro de su complejo de subsistencia, demostrándose por su parte un desarrollo agrícola sostenido en el cultivo del boniato, el frijol, y el maíz (Rodríguez y Pagan, 2006). Conservación y protección Desde el punto de vista de la conservación y la protección, estas estaciones rupestres, no presentan elementos para considerar que hayan sufrido daños antrópicos o culturales severos –como grafitis, proyectiles, sobrecargas–; o daños industriales, producidos por acciones de la minería, la construcción o actividades agropecuarias intensivas (Gutiérrez, et al., 2007: 110), todo el entorno cercano a ellas presenta un buen estado de conservación natural. Sin embargo, es evidente, con la observación directa de las imágenes, que están sufriendo despigmentación, muy probablemente asociada al impacto climático. Dicha afectación se hace mucho más evidente al procesar algunas de las imágenes digitales obtenidas en estas localidades por medio de la extensión de Decorrelación Stretch (DStretch) para el programa ImageJ, la cual permite, a partir de la producción de una imagen de colores falsa, creada por medio de un algoritmo de recorrelación, la mejora del contraste de colores débiles en imágenes digitales, trazando bien los tonos que han sido agredidos y que en la actualidad no percibe el ojo humano (fig. 15).
Su ubicación en un área natural bien conservada, y el desconocimiento que hasta hace muy poco se tenía de esta riqueza rupestrológica, han permitido sin lugar a dudas el buen estado que hoy presenta este patrimonio, en el cual, como ya se explicó, están ausentes los más importantes daños que afectan el arte rupestre cubano –los antrópicos–. Sin embargo, la ausencia de un plan de manejo y de una adecuada administración para esta área, que presenta la más importante y restringida categoría del Sistema Nacional de Áreas Protegidas de la República de Cuba, es una amenaza al futuro de este y otros recursos patrimoniales del lugar, a mediano y largo plazo. De ahí que todo esfuerzo en aras de una protección efectiva y planificada de este territorio guantanamero será bien recibido por todos los que de una forma u otra hemos agradecido a la Reserva Natural de Imías que nos entregara sus secretos. CONCLUSIONES El proceso de análisis seguido hasta aquí nos ha permitido ir exponiendo un número importante de conclusiones parciales durante el desarrollo del texto, de ahí que al finalizar esta disertación sea imperativo concluir que el arte rupestre conocido hasta hoy en la Reserva Natural Imías, en la provincia de Guantánamo, nos impone elevar nuestras categorías de análisis en la gestión de los datos que nos aporta la arqueología; pero, sobre todo, nos impone realizar estudios in situ que esclarezcan, de forma detallada y precisa, muchas de las interrogantes que hoy permanecen en nuestra estructura teórica, y que nos impiden dar una respuesta acabada para este patrimonio cultural, el cual forma parte de la riqueza de una de las más importantes áreas protegidas de la República de Cuba. AGRADECIMIENTOS En primer lugar, a los colegas y amigos Mario Montero Capello y O´Nell Roman Quesada, sin los cuales hubiera sido imposible llevar a feliz término la expedición del GEPAB a la costa suroriental de Cuba. A Gregoria Gómez Martínez y familia, por todas sus atenciones y gentilezas, que facilitaron nuestra estancia en los áridos parajes de Yacabo Abajo; así como también a Eugenio Ramos Matos, por sus servicios de guía. Al Centro de Inspección y Control Ambiental, por la celeridad en la gestión del permiso de acceso a áreas protegidas. Al Centro Nacional de Áreas Protegidas y sus funcionarios, por su siempre oportuna colaboración. A la Sociedad Espeleológica de Cuba, por su apoyo y gestión financiera, imprescindible aporte para la materialización de esta expedición. A los miembros del Grupo Borrás, por su compromiso de más de 30 años, en especial al colega Freddy Cámara García, por sus gestiones personales en aras de un resultado exitoso. Finalmente, a la Dra. Niurka Núñez González y al MSc. Daniel Torres Etayo, por la revisión crítica del original y sus oportunos comentarios. Notas 1. Es importante dejar esclarecido que nosotros reconocemos en el concepto de FES el más coherente postulado teórico desarrollado hasta hoy para las categorías de periodización en la arqueología indocubana. 2. También es prudente en este caso aclarar que el uso que hacemos de los términos “productores” o “apropiadores” solo persigue el entendimiento con el lector, pues es de todos sabido que nos encontramos en un punto donde la academia no se pone de acuerdo todavía en el proceso del conocimiento y aprendizaje social, de ahí que a muchos lectores les sea necesario el uso de esta terminología para entender el mensaje. Aun así, coincidimos con Torres Etayo al manifestar: “…la consideración de la apropiación como no producción… me parece una aberración de la mala interpretación del propio Materialismo Histórico, pues está más que claro… que no hay sociedad humana sin producción…” (Torres, 2009: 49).
¿Preguntas, comentarios? escriba a: rupestreweb@yahoogroups.com Cómo citar este artículo: Gutiérrez Calvache, Divaldo A.; Jaimez Salgado,Efrén J.; González Tendero, José B.;
2012
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