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Frente
a la avalancha del tema Patrimonio, que se ha impuesto en el discurso, en la
actividad laboral, en la academia, en la política pública, planes de desarrollo
y gestión cultural de los municipios y departamentos de Colombia; frente a su
peligrosa asociación con el turismo y su, al parecer, indiscutible panacea de
desarrollo; frente al fenómeno de la patrimonialización de la cultura como un
rey Midas que todo lo toca con su magia de lo excepcional y poder de imposición
de acuerdo con unos parámetros hegemónicos, es necesario entonces, detenernos
un momento en este nuevo escenario banalizado y perverso y recoger lo que se ha
aprendido.
1. El patrimonio no es una externalidad ¡Los árboles me enseñaron a ver y a sentir! en una investigación que terminó por transformar y madurar mi concepto sobre patrimonio (3): El patrimonio no es ni único u original, ni universal, ni excepcional, ni monumental, ni estético, ni histórico, ni políticamente correcto, no es material/inmaterial, ni cultural o natural y tampoco identitario, o, por lo menos, no es lo más o lo verdaderamente importante. Es decir, no hay que hacerle mucho caso a la UNESCO. Los árboles me enseñaron que el asunto está en otra parte, se trata de redescubrir la presencia del otro en uno mismo y no ajeno para ser admirado y valorado como algo exótico fuera de nosotros mismos.
2. Sin vínculo no hay patrimonio Una colega investigadora argentina afirmaba en un congreso sobre patrimonio fúnebre en Uruguay: “sin culto no hay tumba”. El trabajo de varios años de investigación en los cementerios, lugar patrimonial por excelencia, me permitió acompañarla un poco más allá en su señalamiento, afirmando que “sin culto sí hay tumba, lo que no hay es patrimonio” a lo que podemos decir igualmente: “sin vínculo no hay patrimonio”. Está la cosa, más no la relación y en ello ha caído de forma flagrante el desaforado entusiasmo por inventariar el patrimonio. De modo que hay que decir, de manera tajante, que el patrimonio NO es la cosa, sino la relación de carácter colectivo que establecemos con ella, independientemente de su condición material, estética, histórica u original que pretenda ser, identificada bajos uno criterios, en todo sentido, sospechosos.
Esta redefinición del concepto de patrimonio empieza a vislumbrar o hacer posible una conexión posible entre patrimonio y desarrollo social. Si seguimos anclados a la cosificación del patrimonio cada vez estaremos más cerca de ser aliados del perverso comercio global y hacer del patrimonio una vil mercancía, artesanía o suvenir, que roba y hace invisible al sujeto histórico y cultural que la crea.
3. El Patrimonio no está para mostrar sino para ser mirados por nosotros mismos En
continuidad con las primeras lecciones, el patrimonio tiene que dejar de tener,
como prioridad, una función de mostrar, de exhibir, de subirse a la tarima y
colocarse en el banal espectáculo del turismo para ser validado y consumido por
turistas o visitantes ingenuos; modalidad en el que quedan atrapados tanto
ellos como los mismos creadores culturales. Una trampa a la que identificaría,
con lucidez, el crítico Santiago Londoño y con especial referencia a Cartagena:
“la apariencia brillante, de las imágenes genéricas, del lugar común, pero
sobre todo de la máscara sin alma, del maquillaje facial, de la apariencia
vaciada” (4).
La
pulsión de mostrar, opaca la verdadera bondad del patrimonio: el de mirarnos a
nosotros mismos. Un trabajo sobre almanaques agroecológicos “estilo Bristol” me
confirmó, una vez más, que el valor está en un trabajo colectivo de memoria
espacial, cartografía temporal, que hace visible lo que son las comunidades
frente al objetivo principal que son ellos mismos y no un producto hacia
afuera.
4. Insistir en la investigación y no la banalización del lugar común y del apuro por alcanzar una nominación.
5. Identificación de procesos históricos y contextos geográficos
Hay una peligrosa tendencia a aislar el patrimonio de todo sentido histórico y espacial que le dan su verdadero sentido y lo convierten en una importante herramienta de transformación. El patrimonio tiende a confundirse con el pasado, con lo auténtico o lo que pareciera intacto (ver el criterio de justificación de la nominación de patrimonio mundial para Mompox). Una idea peligrosa de aquietamiento o de momificación de una evocación estetizante, aislada de su entorno y sus contradicciones históricas, ajena, por demás, a una valoración ética o moral de su legado. El patrimonio es heredad, huella en el presente y posibilidades de futuro para la convivencia pacífica, el mejoramiento de la calidad de vida, el despertar de una conciencia colectiva de sus logros, sus potencialidades, fortalezas y errores. Es Memoria-trabajo que consiste en revisitar el pasado para animar estrategias de vida y supervivencia cultural y política futura.
6. Persistir en el desarrollo de mecanismos de participación Una investigación a profundidad, mencionada arriba, no puede dejar, de
ninguna manera, lo que a las nuevas formas de trabajar en cultura y patrimonio
les falta con creces: la necesidad de diseñar, construir y estimular mecanismos
de participación en la valoración, reconocimiento y gestión del patrimonio, así
como su participación en el manejo y protección del mismo. Sin este principio,
todo ejercicio sobre el patrimonio es inútil.
Trabajos en diferentes frentes del patrimonio nos han
convencido de la importante coordinación y diálogo entre las comunidades, el
Estado y la academia. Es impensable seguir trabajando de manera aislada. Un
compromiso de todos para no seguirnos mirando el ombligo y desconfiando del otro. Ya no más investigación para producir un conocimiento encerrado en su torre de marfil. Investigación que ofrezca claves serias para la gestión cultural como fortalecimiento del tejido social y su desarrollo. Claves para disminuir la desigualdad, el reconocimiento y el valor de los saberes tradicionales, la mayor potenciación y capacitación de los mismos, el adiestramiento en el manejo y destino de los recursos.
9. Saber hacer y conocimiento versus la cosa El patrimonio es la gente y su saber hacer que nombra y produce la cosa. El actual trabajo de curaduría y museografía sobre el patrimonio de Colombia ubicado en la lista mundial, lo hemos llamado “del Monumento al pensamiento”, conscientes de que esa orientación en las maneras de valoración del patrimonio, han ido cediendo, obligatoriamente, para poner en privilegio el poder de la palabra, del pensamiento y el conocimiento que es fuerza transformadora, diversidad frente a las formas hegemónicas o dominantes de maneras de vivir, identificar y resolver las necesidades o el desarrollo de la sociedad. Pensemos en los aportes del sistema normativo y de justicia del palabrero Wayúu o en el conocimiento chamánico de los indígenas del Amazonas o en el ejercicio de libertad y fuga de toda forma de dominación que fue construyendo el espacio cultural de San Basilio de Palenque. Todos tres, ahora, hacen parte del patrimonio de la humanidad. Esto tiene que ser algo más que una nominación: una lección moral y una invitación a una transformación colectiva superando la contemplación.
10. La amenaza del turismo y de los medios de comunicación El turismo, es en general, una práctica invasiva, movida por los mandatos del consumo, banalizada por un supuesto ideal de descanso y de confort que somete a las poblaciones a ofrecer el espectáculo vuelto tarima de su cultura, ahora convertida en marca de estereotipos inútiles y fáciles aplausos. Un turismo excluyente, cuyas ganancias disputadas vorazmente llegan a unos pocos y de cuyos excesos colapsa muchas veces la capacidad de carga de los lugares, el incremento del comercio sexual y de drogas (por que el cliente tiene la razón) dejando solo la hojarasca, o la ambigua satisfacción de haber salido en televisión en la lamentable sección en que ha quedado relegada la cultura en los noticieros de cada día: “cultura y entretenimiento”.
11. Inversión del postulado sobre desarrollo
Desarrollo social entendido como el desarrollo con la gente, participativo, vinculado con el contexto geográfico y los procesos históricos, mejoramiento de la calidad de vida, desarrollo integral (y no poder de adquisición) acorde con las condiciones sociales y ambientales del entorno. Un desarrollo social conocedor e interesado en los oficios o trabajo, recursos, educación, alimentación, vivienda que es propiamente la matriz patrimonial.
—¿Preguntas, comentarios? escriba a: rupestreweb@yahoogroups.com— Cómo citar este artículo: Ferro Medina, Germán. Patrimonio y desarrollo social.
¿Un vínculo posible? En Rupestreweb, http://www.rupestreweb.info/patrimonioydesarrollo.html 2014
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