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El campesino de estos municipios se refugia en sus casas con paredes de adobe, bareque, piedra o ladrillo, las cuales constan de una puerta y una ventanita muy pequeña en la cocina, por donde pueden ver a los transeúntes, vecinos y extraños. Estas casas están rodeadas de tres o cuatro perros (Familia cánidos), unos cuantos chivitos (crías de ovejas) y algunos becerros (crías de vacas) que permanecen en el potrero. Durante el día el campesino se encuentra sembrando o recogiendo la cosecha, cuidando los animales, hilando, tejiendo, lavando ropa y de vez en cuando haciendo de comer; actividades propias de casa realizadas por uno de los miembros, sin importar si es hombre o mujer; mientras los demás están trabajando en municipios cercanos o por contrato en siembra, minería y aserrío de madera, regresando a casa después de las cinco de la tarde, hora en que el frío se manifiesta con mayor fuerza y la tarde comienza a tornarse parda y algo oscura. Esta es la dinámica de los campesinos de Iza y Gámeza que hicieron posible el desarrollo de mi trabajo de campo, expresando sin temor alguno todas aquellas narrativas que relacionaban, de una u otra manera, las piedras, el paisaje y su cotidianidad. Pero cuando hablo de piedras a qué me refiero? Cuando planteé el problema de investigación quería estudiar las piedras arqueológicas, es decir aquellas en donde hubiera muestras de arte rupestre, tales como petroglifos y pictografías. Sin embargo, al iniciar la primera fase del trabajo de campo, me encuentro con otras piedras más ricas en usos e historias, de ahí que decidiera trabajar con el concepto de Piedras Culturales retomado por Pradilla (2001) y Flórez (2008), comprendiendo no sólo al arte rupestre sino también a las moyas, menhires, mojones y todas aquellas piedras que los habitantes relacionan en sus actividades cotidianas y su entorno, aquellas piedras inspiradoras de narrativas. En “Topando piedras, sumercé”, las narrativas son comprendidas como “el conjunto de vertientes culturales distintas, opuestas, contradictorias, pero coherentes en sí mismas, que van produciendo a lo largo de la historia, una determinada lógica en la producción del sentido” (Vega, S.f.). Éstas refieren a los relatos, saberes, mitos, creencias, cuentos, leyendas e historias que hacen parte de la memoria local y la tradición oral, es decir de aquellas visiones de mundo, de aquellos referentes culturales colectivos que funcionan como recurso de identificación y continuidad entre el pasado, presente y futuro (Salles y Valenzuela 1992). Teniendo claros los conceptos de piedras, narrativas y tradición oral, se revisaron las investigaciones nacionales y latinoamericanas -que dan primacía al estudio de las piedras y la tradición oral-, donde se destacan los trabajos realizados por Flórez (2008) y Mires (S.f), los cuales indagan en las narraciones de dos comunidades indígenas, Inga y Kamsá –Colombia- para el primer caso, y Patriamarca –Perú-, para el segundo caso. En estas investigaciones se encuentran evidencias de concepciones indígenas, su realidad y su historia, articuladas por lo que Flórez (2008) denomina “Piedras de Antigua”. Los estudios se desarrollan en comunidades que se reconocen y se piensan como indígenas, retomando aspectos teóricos y metodológicos de la etnoarqueología -en donde la historia, la arqueología y la tradición oral confluyen (Audouze 1987)-. Motivandome a realizar un acercamiento en las narrativas y dinámicas socioculturales de dos comunidades campesinas -no reconocidas como indigenas- que habitan en el departamento de Boyacá. Para este fin, “Topando Piedras” realiza un trabajo interdisciplinario que cobija aportes teórico-metodologicos de la etnoarqueologia -que permiten estudiar “la relación entre el comportamiento humano y el contexto material, espacial y medioambiental en el que este participa” (Schiffer, 1995)-; aspectos de la etnoecología -para abordar las relaciones que las comunidades establecen con el paisaje, como lo significan y lo llenan de vida (Beaucage 1996)-; de la etnociencia –donde las fronteras entre la naturaleza y la cultura, entre lo cotidiano y lo sobrenatural no corresponden a las definiciones occidentales (Hunn y Descola en Tabares 2003); y de la arqueología participativa –como estrategia de socialización y sensibilización del patrimonio arqueologico-. Estas propuestas teórico-metodológicas guiaron mi trabajo de campo, permitiéndome participar en la cotidianidad de dos poblaciones campesinas de Boyacá, Iza y Gámeza, pertenecientes a la Provincia de Sugamuxi y caracterizada por la arqueología como zona muisca. Al iniciar en la búsqueda de las dinámicas y narrativas en torno a las piedras de estas poblaciones se hizo clave la revisión de mis notas del V Congreso de Arqueología en Colombia, realizado en Medellín, donde encontré algunas líneas que hablaban de “Piedras Vivas” en el Sibundoy. Meses después me encontré en Popayán con su ponente Ana Lucía Flórez. Fue un encuentro muy curioso que me permitió entender que iba por buen camino y que ese era el tema a tratar en mi tesis, siendo la primera señal en el continuo transitar. Con Ana Lucía inicié este ejercicio, primero visitamos “La Yunga” (abril 2010) -una enorme piedra al lado del camino que va para una vereda del Tambo, en el departamento del Cauca-, luego fuimos a “La Piedra de Gámeza” (julio 2010), la misma que fue representada en una acuarela de Carmelo Fernández para la II Expedición de la Comisión Corográfica de 1851. En esas salidas aprendí a acercarme a las piedras, tocarlas, sentirlas y observarlas, permitiéndome distinguir cuales habían sido usadas por la gente y cuales alteradas por fenómenos geológicos o por su exposición al aire, al agua y al polvo. También, aprendí a ver el entorno en el que se encuentran, su cercanía a fuentes de agua, los paisajes que las acompañan y las plantas sembradas a su alrededor. Por qué Iza y Gámeza? Se hace necesario aclarar que mi familia es de origen boyacense, mi madre, una docente universitaria que viaja todos los días a la ciudad de Tunja y mi padre, un carpintero y artista que trabaja en casa. Residimos en una ciudad llamada Duitama, ubicada a 55 Km de Tunja y a 20 Km de Sogamoso. Distancias que me permiten establecer relaciones con múltiples municipios del departamento, siendo una costumbre salir en familia el día domingo a almorzar en un municipio cercano. Fue en estas salidas donde supe de la existencia de petroglifos en Iza y Gámeza, que luego me incentivaron en la búsqueda de posibles respuestas a la pregunta de investigación: ¿Cuáles son las representaciones socio-culturales actuales generadas en torno a las piedras de estos municipios? y ¿Cuáles son las prácticas activas hoy en la memoria de los habitantes en relación con las piedras? Salidas continuas a los Petroglifos de Iza y a “la Piedra de Gámeza” acompañadas de una juiciosa revisión bibliográfica de las piedras pintadas y grabadas en Colombia y Boyacá, demarcaron los lugares para realizar mi trabajo de campo. En la revisión bibliográfica encontré que muy pocos trabajos daban pie a la voz de quienes habitan cerca de las piedras, de ahí que quisiera indagar en las narraciones y dinámicas socioculturales existentes en torno a estas y otras piedras manifiestas como importantes por los habitantes. Además, estos municipios están fuertemente relacionados con el mito de Bochica. En Iza y Gámeza se dice que Bochica se quedó en cuevas, pero, sólo en Iza se habla de la existencia de una piedra en donde dejó marcado su pie, nunca más volviéndose a ver. Sin embargo, en conversación con Xieguazinsa Ingativa, Gobernador muisca, él plantea que Bochica va más allá de Iza, desapareciendo en la Isla de San Pedro de la Laguna de Tota (Diario de campo, Sogamoso, 5 de octubre, 2011).
Figura 1. Área de Trabajo. Fuente: Google Earth 2011. Hernández (1978), Muñoz (1995), Pérez de Barradas (1951), Rozo (1995 y 1997), Simón (1981) y Triana (1984) han relacionado a las piedras pintadas con Bochica, ser místico y personaje mitológico del altiplano Cundiboyacense. Si revisamos la mitología Muisca, escrita por cronistas, encontramos que Bochica es visto como un maestro que,
El considerar a Bochica como maestro implica una relación de enseñanza, planteando así que el autor de las pictografías era el mismo Bochica, “habiéndoles dejado las muestras de los dibujos pintados en las rocas para que no las olvidarán” (Hernández 1978: 54). Si así no fuera, es curioso observar muestras de arte rupestre a lo largo del camino por donde se dice que Bochica pasó, como lo expresa Camargo (1968):
La permanencia de este mito en el altiplano Cundiboyacense me llevó a pensar en la posible identificación y descripción de significados presentes en las relaciones entre las piedras, el actuar y el decir de los campesinos, para contribuir al fortalecimiento de las identidades locales. Identificación y descripción de significados que se expondrán en el desarrollo del presente texto, gracias a los 8 meses de trabajo de campo intenso. Para el caso de Iza, habité un mes en cada vereda, desde enero hasta mediados de mayo. Mientras que en Gámeza sólo trabaje desde finales de mayo hasta mediados de julio, viviendo en el centro del municipio y saliendo por semanas a una vereda distinta, donde se encuentran las piedras y cuevas mencionadas por los habitantes. En los dos municipios realicé a diario salidas de reconocimiento que me permitieron ubicar las piedras, observar los caminos y establecer conversaciones con los habitantes. Estas conversaciones (2) fueron la primera fuente de información para el trabajo, en ningún momento realice entrevistas, sólo en dos ocasiones grabe las narraciones contadas por doña Rosa, en el municipio de Iza -debido a la cantidad de historias de los municipios de Aquitania, Iza, Mongua y Monguí-.
Todas las piedras fueron registradas fotográficamente de acuerdo al carácter arqueológico (moyas, pictografías y petroglifos) y a las formas de uso (piedras de moler, de afilar, de lavar, de partir la panela). A medida que iba realizando el registro de piedras y narrativas, surgieron nuevos proyectos y actividades que se ejecutaron por iniciativa de los habitantes. En Iza se desarrollaron dos salidas de reconocimiento del patrimonio arqueológico -a las Piedras de Busagá, Piedra Gorda, Piedra de la Custodia, Petroglifos de Usamena, Cueva de Bochica, Piedra del Diablo y Piedra de las Cruces-. La primera, realizada el 6 de mayo en conjunto con las escuelas de Busagá y Chiguata y, la segunda convocada por los Vigías del Patrimonio del municipio y realizada el 13 de mayo con la comunidad en general. También se desarrollaron talleres de cartografía social con las escuelas (9 y 10 de mayo), abuelos (17 de febrero y 3 de marzo) y habitantes de las veredas. Así como la socialización continua del trabajo de campo en sesiones del Concejo Municipal y de los Vigías de Patrimonio. En los dos municipios se desarrollaron salidas conjuntas de los niños, algunos mineros y la investigadora, las cuales facilitaban el acceso a predios privados, el reconocimiento del material arqueológico y la sensibilización de los habitantes en torno al patrimonio arqueológico, sus narrativas y su historia. En cuanto al material arqueológico se hicieron acuerdos con los municipios, en donde se me autorizó recolectar el material más expuesto a saqueos y deterioro, comprometiéndome a realizar su clasificación, registro e inventario, que posteriormente fue socializado y devuelto -en el caso de Iza- a la tenedora Luz Marina Díaz, coordinadora de Vigías de Patrimonio. Para el caso de Gámeza, el material se encuentra bajo custodia de la investigadora debido a que no se logró un acuerdo con la administración municipal. Los paisajes, caminos, comportamientos, narrativas y dinámicas manifiestas por quienes habitan cerca de las piedras fueron registrados en cuadernos de campo. En el primer cuaderno, mi diario auxiliar, reseñé los datos más relevantes, nombres de personas, predios y piedras. El segundo, llamado diario de campo -en el sentido estricto-, escribí toda la información brindada por los habitantes, los accesos al lugar, las actividades desarrolladas, las narraciones y mis anécdotas. Y en el tercero, registré los ejercicios de cartografía social, las reseñas de libros y documentos del municipio. Cuadernos retomados como fuente principal de información para la elaboración del presente texto que se divide en tres partes, respondiendo cada una a un objetivo: 1. Piedras Hablantes: Evidencian las representaciones sociales y culturales dadas alrededor de las piedras, manifestadas en las narraciones y dinámicas culturales de los habitantes de Iza y Gámeza, quienes durante el trabajo de campo compartieron sus saberes de lo sucedido en las piedras -o en su entorno- a través del tiempo, haciendo hoy parte de la memoria y de la tradición de cada municipio. 2. Piedras Tocadas: Expone los usos que los habitantes hacen de las piedras, intentando determinar las relaciones existentes entre la simbología tácita en las manifestaciones culturales y las dinámicas que los campesinos tienen con las piedras. 3. Piedras Escuchas: Muestra las narrativas de investigadores o curiosos, quienes han hecho públicas sus interpretaciones u observaciones de los petroglifos y de otras piedras de los municipios, comparando lo vivido en el campo y las interpretaciones de autores para establecer las permanencias y manifestaciones culturales hoy, contribuyendo al estudio etnográfico de las poblaciones y reflexionando sobre las formas de relación de éstas con el material arqueológico presente en su territorio.
1. PIEDRAS HABLANTESEste capítulo muestra las diversas narrativas que los habitantes de Iza y Gámeza manifestaron en torno a las piedras de sus municipios. Es la visión emic de las piedras y su entorno. Son los imaginarios, la cotidianidad y la historia de sus habitantes. -Piedras que hablan? Sí, piedras que nos transmiten cosas, mensajes. Que debido a la manipulación de la gente hoy nos dicen algo. -Qué algo? No sé exactamente qué. Cómo se dice en la tierrita, no sé qué, si se cómo y dónde. -Cómo? En los grabados, -los dibujos-, las pinturas, los -jeroglíficos- y las moyas. -Dónde? En Iza y Gámeza, dos municipios pertenecientes a la provincia de Sugamuxi (Boyacá), íntimamente relacionados con el mito de Bochica. -Mito de Bochica? Sí, de ese hombre de barba blanca y larga que caminó como un berraco por todo lado, por Santander, Boyacá y Cundinamarca. Al que también llamaban, el cacique, porque enseñaba a los indios cosas. Ese que desapareció en La Vega, entre Iza y Cuitiva. El mismo al que le hicieron un monumento en el parque de Cuitiva (ver fotografía 1).
Fotografía 1. Monumento a Bochica. Fuente: Laura López E., Abril 2011. -Pero, qué tienen que ver las piedras con Bochica? Quienes hoy viven en Iza y Gámeza dicen que Bochica durmió en una cueva, una que hay en cada municipio. En Iza le llaman la cueva de Bochica y en Gámeza la cueva de Toya. Cuando leemos a cronistas como Fray Pedro Simón y algunos historiadores, antropólogos o interesados en la “causa” Muisca, mencionan que Bochica es el autor de pinturas o pictografías, generalmente rojas, que se encuentran a lo largo de Cundinamarca y Boyacá. Al caminar los municipios y preguntar a sus gentes sobre los autores de las letras que hay en las piedras, ellos suelen responder que es obra de los indios chibchas, de los que vivían aquí cuando llegaron los Españoles, de los que se escondieron en las cuevas para que no los encontrarán, respondiendo lo mismo de los autores de los grabados o petroglifos. Pero si no se muestra afán alguno, lo más seguro es que le manden seguir a la cocina para brindar una papita (3) y comenzar a contar todas las historias que hay del lugar, de las piedras y de las cuevas. Fue allí, en la cocina, donde pude realizar la mayor parte de mi trabajo, sentándome a conversar alrededor del fogón, de la estufa de leña o de carbón. Lugar privilegiado debido al calor que de allí emana, a la privacidad que ofrece, a la confianza que brinda y alimenta. Fue también en las caminatas donde los campesinos contaban las historias, las anécdotas y los relatos de otros que siempre terminaron hablando del Diablo, de tunjos, mohanes, duendes, encantos, entierros y guacas existentes en los lugares transitados; siendo característico de las partes altas, de los páramos (4), escuchar hablar del arco (5) o compadre.
Los campesinos llaman Arco al arco iris que habita en el bosque, en los pantanos o en el pozo, un pozo de agua que generalmente ha sido sembrado (6), si no es natural. Don Ernesto Vargas, habitante de Firavitoba, menciona que, en Tobaca hay una peña con nacimiento de agua, donde vive el arco, pero un día alguien lo miró y no le gusto. Ya no volvió a salir y desde eso es que hay poca agua (Diario de campo, Iza. 11 de mayo, 2011). Esta personificación del arco, también se evidencia en los tunjos, mohanes y duendes, los cuales hacen relación a espíritus que están ahí y que se deben tratar con cuidado, cada uno a su manera. Son entes en relación constante con las piedras, con el paisaje, haciendo de guardianes, cuidadores o acompañantes, según la intención con que uno se acerque a las piedras, los pozos y los bosques.
Las piedras evidencian representaciones sociales y culturales dadas por el lugar en el que se encuentran, generalmente al lado de los caminos, en cercanía de fuentes de agua o de bosques; lugares poco habitados por seres humanos pero llenos de espíritus, de seres mágicos y de vida. Una vida que llena la narrativa, la cotidianidad y el transitar de quienes pasan por allí. Lugares que invitan a sus habitantes a recrear historias y narraciones que hoy hacen parte de la memoria y la tradición oral del municipio. Narraciones propias de cada lugar que evidencian permanencias culturales muiscas, cada una con sus particularidades. Pues a pesar de Iza y Gámeza estar arqueológicamente caracterizadas como zona Muisca, en sus territorios se evidencian diferencias en las prácticas fúnebres, en los grabados de las piedras, en las ofrendas dejadas en los cerros y en la cerámica, como pude comprobar durante el campo. De allí que se hable de piedras Izanas y Piedras Gamzas, como se muestra a continuación.
1.1. Piedras IzanasDonde el arco, los tunjos, el pantano y la lechuza protegen a las piedras. Las piedras han tenido un valor histórico en la mayoría de culturas de todos los tiempos. En Iza este valor no es oculto, sólo basta con entrar a la Iglesia, el monumento más visitado del municipio para encontrarse con su patrono, “El Divino Salvador de la piedra”, el cual, según los locales, se apareció en una piedra muy pequeña -5 cm2- que hoy se encuentra bajo custodia en el altar del templo, siendo el personaje principal en la historia religiosa y cotidiana de los Izanos. Esta y otras piedras hacen parte de la tradición izana reflejada en sus artesanías y costumbres, como se expone en la declaratoria de “Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional”, sustentada en:
Esta declaratoria ha producido iniciativas desde los habitantes para mostrar al municipio como centro de Interés Cultural ante la región. Algunas de estas iniciativas generaron una “sensibilización”, “una identidad” de los habitantes a partir de la socialización de las políticas patrimoniales y los lugares de interés turístico, permitiendo la participación en el Encuentro de Caminantes y el Concurso de los pueblos más lindos de Boyacá -organizado por la Gobernación de éste departamento-. En la organización del municipio para el Encuentro de Caminantes se realizó una sensibilización a los habitantes sobre la historia, los caminos precolombinos y de herrería, así como de los sitios patrimoniales vinculados en parte con el mito de Bochica. Ello llevó a que sus habitantes, especialmente los del centro supieran dar respuesta del lugar en que se encuentran los Petroglifos y la cueva de Bochica, motivándome a enfocar mi investigación en las relaciones que los Izanos tienen tanto con las piedras vinculadas con el mito de Bochica, así como las de gran interés histórico, las que cumplen funciones territoriales y las de uso doméstico. Al iniciar el trabajo de campo, realicé salidas de prospección a la vereda Usamena que me permitieron ver en el Pedregal -donde están los Petroglifos-, otras dinámicas que a mí parecer ya estaban desaparecidas. Una de ellas se refiere a las ofrendas encontradas en una piedra ubicada metros más arriba del Petroglifo. Hablo de ofrendas porque sobre ella encontré semillas de cilantro que rodeaban una penca, como se muestra en la fotografía 2.
Fotografía 2. Semilla en la piedra. Fuente: Laura López E., Junio de 2010 Dos ejemplos del uso de las semillas de cilantro me hacen pensar en ofrendas. El primero, hace relación a las fiestas de año nuevo, en donde algunas familias de Boyacá suelen regalar semillas de cilantro como símbolo de prosperidad, abundancia y armonía. El segundo, refiere a un almacén de Nobsa donde al comprar una falda, en enero de 2009, me dieron una bolsita de papel con semillas de cilantro como agradecimiento por la compra. Es posible que las semillas de la piedra de Usamena hagan parte de una ofrenda que ostenta la misma simbología descrita. Sin embargo, durante el mes de vivencia en la vereda no presencié ofrenda alguna a las piedras, sólo observé alrededor de cinco visitas al Petroglifo por parte de turistas y estudiantes del pueblo. En una salida a “la Piedra de la Custodia”, en Sogamoso, el señor Victor Montaña me expresó que entre los múltiples turistas, visitantes de esta piedra, se encuentra un grupo de jóvenes y adultos que llegan con una bandera de Sogamoso, se hacen frente a la piedra y hacen oraciones y cantos (Diario de Campo, Iza. 22 de marzo, 2011). Estas acciones han sido observadas en otras piedras de la región, atribuyéndose a personas que hacen parte del proceso de auto-reconocimiento Muisca, liderado por los Chyquys -autoridades espirituales que, entre otras funciones, realizan rituales de pagamentos y limpias en los lugares con evidencias históricas y arqueológicas que datan del período Muisca. Estos pagamentos permiten “armonizar la relación entre el hombre -comunidades- y los territorios” (Gómez 2009: 116)-; siendo una hipótesis, que este grupo haya ofrecido en Usamena las semillas de cilantro. Al sumergirse en la vida cotidiana de los Izanos se observa un desconocimiento general por el lugar en el que se encuentran las piedras, no siendo lo mismo al preguntar por las historias de las piedras del Diablo, del Cacique y de la cueva de Bochica. Ello se debe al trabajo realizado por los profesores de ciencias sociales del colegio y las escuelas, quienes vienen realizando salidas de reconocimiento a las piedras -ya mencionadas- luego de exponer algunos aspectos históricos en clase. Al parecer, estas salidas se han realizado desde antes de los años 30s. Don Baudilio Ruiz expresa, cuando yo estaba en la escuela, por 1930, nos llevaron a visitar la Piedra del Cacique, pero eso no tenía mayor mérito. También nos llevaron a la Piedra del Diablo y de Bochica (Diario de Campo, Iza. 8 de abril, 2011). El trabajo de las escuelas se reafirma al hablar con Marcela -habitante de Usamena- quien manifiesta: cuando estaba en quinto de primaria la profesora Graciela Camargo nos hizo hacer un libro de mitos y leyendas de Iza en donde estaban varias piedras. Ella no recuerda qué hicieron con ese libro, pero sí recuerda la salida a la Piedra del Diablo hecha ese mismo año (Diario de Campo, Iza. 15 de febrero, 2011). Como Marcela y don Baudilio, muchos de los Izanos saben de las piedras por las salidas que sus profesores organizaban. Lamentablemente muchos no se acuerdan de las explicaciones que daban sus profesores a esos fenómenos, los que si recuerdan de memoria las historias de la Piedra del Diablo, la del Cacique y la cueva de Bochica, son los niños que aún están en el colegio. Aunque jóvenes y adultos recuerdan parte de estas historias, ellos hacen de la historia un resumen que va desde la forma de la piedra y su relación con el nombre, así como lo que sus padres decían de la piedra a modo de enseñanza. Estas narrativas se exponen en el presente texto, cada una haciendo relación a la piedra de la que se habla y se hace hablar mediante un proceso de evocación de la memoria, manifestando representaciones sociales y culturales que se han aprendido y transformado al pasar el tiempo. Narrativas manifiestas en conversaciones con los habitantes de las veredas y en las constantes visitas a los lugares mencionados por ellos. Las narrativas presentadas en este capítulo fueron recogidas durante la convivencia mensual en cada una de las veredas -escogidas por la ubicación de piedras-, Usamena –Petroglifos-, Busagá -piedras con forma de caparazón de tortuga- y San Miguel -cueva de Bochica-, así como por la asistencia a reuniones del grupo de la tercera edad (7), las visitas a las escuelas de Chiguata y Busagá, la gestión de proyectos (8) que fundamentaban el reconocimiento de los lugares transitados y las múltiples salidas a otras veredas del municipio: Agua caliente -Piedra del Cacique-, Chiguata -la Piedra del Diablo- y Carichana -evidencias de pictografías-; encontrando que sólo hasta después de una semana de presencia en las veredas, sus habitantes tomaban confianza y me contaban de algunas piedras las historias que para ellos eran más relevantes.
El hecho de presentarme formalmente ante la administración y las Juntas de Acción Comunal, generó un compromiso de las partes para poder ejercer el trabajo de campo. Algunos de estos compromisos implicaron las siguientes actividades: • El trabajo auxiliar con los estudiantes de la escuela en el área de informática y competencias ciudadanas, • Salidas de reconocimiento del patrimonio Izano –con los habitantes-, • Talleres de cartografía social con las escuelas y, • La socialización de hallazgos espontáneos ante las autoridades locales -27 y 28 de abril, 11, 17 y 24 de mayo. Al cumplir con lo anterior se me permitió acceder a la información y transitar por los caminos y predios del municipio sin problema alguno, fortaleciendo la relación con la administración municipal, quien se declaró: “primera interesada en la formación de un museo y en el proceso de sensibilización, protección y salvaguardia del patrimonio arqueológico” (Socialización 1ª etapa Trabajo de Campo, Concejo Municipal, Municipio de Iza. 24 de Mayo). Mi horario de trabajo se desarrolló de lunes a jueves desde las cinco de la mañana, hasta las 8 de la noche. El viernes, sábado, domingo y festivos, trabajé en horas de la tarde, con el fin de colaborar en los oficios de la casa habitada en horas de la mañana y en la tarde hacer los recorridos -en compañía de los niños de la vereda- a los predios de vecinos -que muchas veces resultaban siendo familiares de los niños-. Las salidas a veredas cercanas y de otros municipios se desarrollaron entre las siete de la mañana y las cuatro de la tarde, discriminando fronteras municipales, tanto así que, durante mi estadía visité piedras en algunas veredas de Cuitiva y Sogamoso que eran mencionadas por los habitantes de las veredas de habitación, como “La chichería de Bochica”, “Piedra de la Custodia”, “Piedra Cargada” y “Piedra Antigua”. Hasta aquí he mostrado aspectos metodológicos desarrollados en mi trabajo de campo, lo cual facilita entender el proceso de acceso a la información y el contexto trabajado, como se muestra en “Quedando piedra”.
1.1.1. Quedando piedraOh nido verde, dulce como sus postres, medicinal como sus aguas y amable como sus gentes. Iza significa en lengua Muisca “alimento de la noche”. Está ubicado al oriente del Departamento de Boyacá, en cercanías de la ciudad de Sogamoso. Cuenta con siete veredas que se distribuyen en un área de 34 km2 y se comunican entre sí por vía carreteable y caminos de herradura transitados desde antes que Iza fuera resguardo Indígena, gobernado por “un cacique vecino de Sugamuxi y tributario del zaque de Hunza” (Iza 2007: 24). El resguardo de finales del siglo XVI coincidía con la misma ubicación del municipio de Iza, pues, según descripciones en las visitas a Boyacá retomadas por Cuellar (2010: 28), el resguardo comenzaba desde:
De esta descripción aún se mantienen los límites municipales -Cuitiva y Pesca- y los límites naturales, como el Alto de Vita y el mojón -que pareciera ser la Piedra Gorda, que se encuentra en la vereda Carichana sirviendo de límite con el municipio de Sogamoso-. En la extensión municipal se han encontrado recientemente vestigios arqueológicos -que van desde material óseo, lítico y cerámico, hasta evidencias de arte rupestre-, especialmente en el Cerro de la Quesera, las Quebradas y el Cerro del Ahorcado, según voces de habitantes. Cuellar (2010), en su investigación del Valle del río Tota, encontró material cerámico y lítico del período Muisca en los sectores Bochica, Toquilla y las partes altas de las veredas Agua Caliente, Usamena, San Miguel y Gotua Alta. La mayor parte de las veredas en donde se encuentran las piedras -reconocidas por sus pobladores como de interés turístico e histórico-, son consideradas por las autoridades municipales como áreas de conservación y protección ecológica, histórica y cultural (Veredas Usamena, Chiguata y San Miguel) (C. M. Iza 2002: 37), áreas de recreación eco turística (Veredas Agua Caliente, Chiguata, Usamena y San Miguel) (C. M. Iza 2002: 39) y áreas de protección de bosque (Veredas Chiguata, Agua Caliente, Carichana, Usamena y San Miguel) (C. M. Iza 2002: 14). La cercanía de Iza con la laguna de Tota permite a la gente expresar en sus narrativas las múltiples historias que ella crea con su majestuosidad de colores, algunas de ellas hacen mención al mito de su formación, el cual reúne elementos geográficos, cosmogónicos y cotidianos, haciendo parte de la memoria local que se refiere a los saberes, mitos, creencias, historias y leyendas que desde un principio denominé narraciones, formando “parte de la configuración de una mística popular” representada en el decir y actuar de los habitantes de los alrededores de la laguna de Tota, inscribiéndose “en redes de relaciones económicas y sociales” (Salles y Valenzuela 1992), que van tejiéndose desde que los habitantes de Iza, Pesca, Firavitoba, Cuitiva y Tota bajaban a Sogamoso el día martes, con el fin de mercar o intercambiar sus tejidos, lanas, bisguas y sus cosechas de granos, cereales y tubérculos, como aún se evidencia en los campesinos de estos municipios. Según Cuellar (2010),
El hecho mismo de bajar a Sogamoso nos traslada a un momento de la historia que es negado por muchos de los campesinos, quienes al referirse al pasado indígena hablan del “indio” como algo que esta fuera de sí, de su mundo y su memoria, desconociendo que “la relación de las poblaciones del cacicazgo de Sogamoso no sólo tenía que ver con la sujeción política de algunos grupos del piedemonte, también existían relaciones de intercambio que no implicaban necesariamente la filiación política” (Cuellar 2010: 31), sino relaciones de parentesco y compadrazgo que aún hoy se mantienen. Al bajar a Sogamoso desde Cuitiva, Iza o Tota, se recorren los mismos caminos que llevaban al templo del sol cuando el Iraka lo requería, caminos que han sido retomados por los chyquys de la Nación Muisca Chibcha y por personas que están interesadas en “recuperar” la memoria, en conocer nuestro pasado y en vivir el territorio heredado.
Los campesinos y habitantes de Iza recorren estos caminos, manifestando permanencias culturales muiscas que correlacionan el pasado que se quiere negar y el correr de la vida cotidiana. Ejemplo de ello se muestra en los relatos de tunjos y del Arco -el cual pica, orina y te coge-, que en la mitología Muisca se conoce como Cuchaviva o Cuchavira. En el arte de tejer (ver fotografía 3 y 4), en la forma de construir sus viviendas, de concebir sus espacios, de cocinar, vivir, sembrar y curar. El lugar más representativo de esta región es la laguna de Tota, guardando en la memoria de los Izanos su historia de formación y las múltiples narrativas que pretenden un control de acceso, una política de conservación y cuidado. No olvidando que las lagunas y las cuevas en el pensamiento andino (Faust 2004 y Portela 2000), en la cosmovisión de los Muiscas y de los campesinos boyacenses son lugares de culto y respeto, son los “umbrales que comunicaban las dimensiones del universo” (Correa 2004: 69), de los ancestros, de Bachué y Bochica. Siguiendo este patrón de respeto con los “umbrales”, encontramos en esta zona múltiples relatos que pretenden explicar la formación de uno de los lugares más bellos y misteriosos de Boyacá, la laguna de Tota. Donde se cuenta que,
Otra versión de la laguna, muy similar a la anterior, es contada por Doña Rosa,
Estas versiones están íntimamente relacionadas con la historia de “los hermanos encantados”, la cual relata la aventura amorosa de dos hermanos, Donsiquira y Ogontá, quienes deciden “escapar de la autoridad materna para refugiarse con su pasión, en lejanas tierras”, pero cuando lo deciden su madre llega y los maldice quedando “convertidos en cinco inmensas moles de piedra dentro de la laguna, sobresaliendo de las aguas tan sólo las cabezas” (Montaña 1970: 88-89). Las versiones en torno a la formación de la laguna son diversas, en general se mantiene que los niños tumbaron las múcuras, chorotes o vasijas de barro y que de lo derramado se formó la laguna, así, como la conversión de los niños en islas. En la laguna de Tota, dicen sus vecinos, en la primera noche de menguante se refleja la ciudad de Bogotá, quizás haciendo relación a una parte del mito de la formación de la laguna, pues, las múltiples hipótesis de sus habitantes refieren a que en el lugar donde hoy está la laguna iba a ser construida la ciudad de Bogotá, como se refleja en el relato –ya mencionado- de doña Rosa. En cuanto a la variación en el número de islas, encontramos que por su gran extensión, y que dependiendo de donde se mire, estas varían. Por ejemplo, desde la vereda de Busagá -en la antena- se observan cuatro islas, desde la vía a Llano Alarcón, se observan cinco (ver fotografía 5), y, revisando la fotografía aérea sólo se observan tres: La isla de Santo Domingo, la isla de San Pedro y la isla de Santa Helena. Además, según relatos, se cree que la laguna varias veces ha llegado a extenderse más de lo común, incluso tapando lo que hoy es Aquitania y Llano Alarcón, observando así más islas.
Fotografía 5. Laguna de Tota - Llano Alarcón. Fuente: Laura López E., Abril 2011. Otras narraciones retoman a dragones y esmeraldas, reflejando el imaginario de los abuelos que cuentan, entre otras historias, que en Tota y sus caminos está la mejor esmeralda de Colombia y que a eso se deben sus colores.
En medio de las narraciones contadas por los Izanos es interesante apreciar la mención de mojanes (9), capuchinos y tunjos que, al describirlos parecen tener similitud con el mismo Bochica, personaje descrito por Castellanos así:
Cuando doña Rosa (55 años), don Ángel (87 años), don Juan (92 años), don Leonardo (80 años) y muchos otros ancianos hablan de los encantos y tesoros que a seres cercanos Dios les ha presentado en el camino, describen la aparición de un señor viejo, chivudo, de pelo largo, con vestido largo y sandalias, que en lugar de su bastón está contando plata, indicando un camino hacía el tesoro o aconsejando. Muchas de las narraciones recogidas en campo hacen parte de la memoria de sus habitantes, permaneciendo historias, relatos y/o cuentos contados entre risas y silencios pronunciados que recuerdan momentos de nostalgia, alegría, euforia y respeto, dependiendo de quién las imita. Los niños narran con tal realismo que pareciera que hubiesen vivido en la época o que ellos fueran parte de la escena. Los jóvenes y adultos se refieren a la historia como si fuera un mito y los abuelos se aferran a la descripción del lugar como los únicos testigos del fenómeno -hablo de acuerdo a las conversaciones que mencionaban la Piedra del Cacique y la Piedra del Diablo-, y es que efectivamente fueron los últimos testigos de la última evidencia de Bochica, la huella de su pie. También es interesante escuchar la mención de un “cacique” o líder indígena, no especificando a Bochica, del cual se sabe que pasó por Iza y enseñó muchas cosas, quedando como recuerdo de él algunas piedras en lugares que congregan narraciones y dinámicas socioculturales propias del respeto hacia la naturaleza y el entorno donde se habita. Este respeto, se manifiesta desde los Izanos hacia el Arco, Compadre, Señor o Viejo, el mismo arco iris, el cual se pone bravo y puede orinar, picar o coger. Cuando esto sucede, la persona que comienza a sufrir un brote en la piel, el hinchazón de sus parpados, dolor de cabeza y fiebre, le debe ofrecer o llevar dulces o lanas de colores en el sitio donde lo orinó, picó o cogió (Gloria Chaparro. Diario de Campo, Iza. 21 de abril, 2011). También, la persona debe ser sobada con tabaco chimudo y orines de un niño, si es una niña la afectada, o de una niña, si es un niño el afectado (Conversación de dos familias en el puesto de salud de Iza. 13 de abril, 2011). Si la cosa se pone muy grave, es decir, si el arco lo jode, se debe hacer rezar a la persona (Gloria Chaparro. Diario de Campo, Iza. 18 de Agosto, 2011).
Fotografía 6. Piedra de la Custodia.Fuente: Laura López E., Marzo 2011.
Otras narrativas mencionan los lugares de habitación y recorrido de los indígenas, donde habitantes de Iza y Usamena muestran un imaginario compartido sustentado en que los indígenas que venían de Tota dormían en la cueva de Bochica, se quedaban en el cerro de la Quesera (Usamena), pasaban por el Petroglifo y salían por el sendero que va a dar a Vanegas (Sogamoso). Al caminar el municipio pude dar cuenta de otros caminos -usados esporádicamente hoy-, que facilitan llegar a Sogamoso desde Tota, Cuitiva y Busagá (Iza). Incluso, en sus márgenes se guardan algunas pictografías (ver fotografía 6). Si bien, la mayoría de piedras son relacionadas por la gente con un pasado indígena, existen otras piedras, generalmente peñas que muestran apariciones de imágenes religiosas, especialmente católicas, como es el caso de la virgen de las lajas -en Pasto- y la virgen de Morca –Boyacá-, para el caso de Colombia. Pero sólo existe una piedra en donde se apareció el rostro del Divino Salvador, como se muestra a continuación. 1.1.2. Piedra del Divino SalvadorY quien iba a creer que una piedra tan pequeña iba a tener tanto misterio (Berta). El patrono del municipio de Iza es el Divino Salvador de la Piedra, él es fuente de inspiración de canciones, poemas y cuadros. Su historia es contada con gran devoción, debido a la aparición de su rostro en una piedra pequeña, a la cual se le atribuye el poder de sanación y protección. Diana Méndez, la bibliotecaria, me contaba que,
En cuanto a este suceso milagroso, Avella y Zorro (1992), en su revisión de archivo, cuentan que
Esta historia es relatada por cualquiera de sus habitantes que no dejan de expresar su asombro y fé. Lo más interesante, es que a pesar de existir varias publicaciones -en novenas, calendarios y folletos- basadas en el relato de Fray Juan Agustín, sus gentes han sabido del Divino Salvador por tradición oral y por acontecimientos que dan mayor fortaleza a su creencia, ratificando la importancia de la Piedra así como su poder milagroso, generando en foráneos y turistas inquietudes, queriendo verificar si en realidad no fue pintada.
El fin de Diana era hacerme creer que no era una pintura en la piedra, ni que había sido un montaje, por eso menciona el uso de ácidos. Pero, para afirmar y hacer más evidente el milagro, Diana me cuenta que en otra ocasión, en la que ella estaba presente,
El atribuir el poder de sanación al Divino Salvador de la Piedra, el haber introducido la piedra en ácidos sin que se desvaneciera su imagen y el no dejarse robar genera en sus creyentes una reacción, la piedra que si tiene misterio y es real, es la del Divino Salvador, esa es la que usted debería estudiar. La gente pensaba que era pintada y no, póngale cuidado. Además del rostro del Divino Salvador, en la misma piedra, se puede observar la imagen de la virgen subida en un camello -Ver círculo amarillo en la fotografía 7- y algunos pastores (Daniel Hernández. Diario de campo, Iza. 29 de abril, 2011), imágenes que generan un mayor misterio. Al transitar el municipio fue manifiesto un interés por el estudio de la piedra y de sus misterios. Dos señoras que iban camino a Chiguata -con las que pude establecer una conversación-, mencionaron la historia de la piedra, desde su aparición hasta un hecho bastante particular que relataba el momento de su robo,
En conversación informal con Luz Marina salió a relucir el momento de la desaparición de la piedra, afirmando que su papá y su abuelo, contaban que efectivamente la piedra pesaba cada vez más, pero que quién la quería llevar era un sacerdote. Diana Méndez y María Quinchanegua me aclaraban en la biblioteca que cuando se robaron la piedra, la encontraron en donde hoy está la capillita del Divino Salvador, a la entrada del pueblo y no en Tobacá. Aunque de este hecho no hay registro alguno en el archivo del despacho parroquial, la mayoría de habitantes dan su versión del robo.
Son estas las historias que pequeños y grandes relatan con fervor, admiración y respeto, después de comprobar la veracidad de la imagen del Divino Salvador de la Piedra. Muchas veces estudiada y puesta a prueba con reacciones químicas -uso de ácidos- hoy es expuesta en el relicario del Altar de la Iglesia, haciendo referencia al Cuerpo y la Sangre de Cristo, como se ve en la figura 2. Por fortuna, pude evidenciar el sentido sacro de sus seguidores en la fiesta mayor de Iza, realizada el 24 de abril, que este año coincidió con el Domingo de Resurrección. Allí se celebró una solemne eucaristía liderada por el Reverendo Obispo Carlos Prada San Miguel, bautizando, dando la primera comunión y confirmando a los creyentes del municipio, quienes querían ratificar su fé. En esta gran celebración los Izanos, luciendo sus mejores trajes, permanecieron durante tres horas escuchando y compartiendo la palabra de Dios. Luego hicieron un desfile por las calles principales del pueblo, exponiendo al Divino Salvador prendieron pólvora, cantaron y manifestaron su más profundo sentimiento de amor y perdón hacia el Divino Salvador, anunciando al pueblo entero que en Iza se estaba de fiesta y por eso se debía celebrar, elevando sus voces con la siguiente oración:
El apego, amor y fé al Divino Salvador contrasta con el temor y el miedo hacía el Diablo, como se muestra a continuación.
1.1.3. Piedra del DiabloY quién es el Diablo? Es la representación del mal? Es la representación de lo indígena? Ubicada en la vereda Chiguata, en el sitio las quebradas, la Piedra del Diablo “tiene como función servir de trono al Diablo, el cual en épocas lejanas se detuvo a descansar” (Franco y León 2000: 46).
Al acercarme al sitio y observar detenidamente la piedra observe seis oquedades de las cuales resaltan dos por su gran tamaño, cada una con un diametro de 90 cm aproximadamente, las cuales definen sus transeuntes como las sentaderas del Diablo (ver fotografía 9), donde el hijo del Diablo se sentaba en la piedra y de allí llamaba a su papá diciéndole pa´ chente y que de tanto estar sentado se quedó la piedra con la forma de sus nalgas (Ramiro Zambrano. Diario de Campo, Iza. 29 de enero, 2011).
Estas oquedades llaman mi atención por su tamaño y por el lugar al que miran, el cual corresponde al cerro donde se encuentra la cueva de Bochica. Además, al observar detenidamente el perfil de la fotografía 8, se evidencia una linealidad entre el perfil de la montaña y el de la piedra que pudo o no ser coincidencia. Otra de sus oquedades está relacionada con la huella del casco de la mula en la que iba el señor cuando el Diablo hizo presencia. Don Heraclio Torres cuenta que a un señor -que se fue a vivir a Bogotá- se le apareció el Diablo, esa vez el señor sacó una cruz y al Diablo le dio mucha piedra, o mucha rabia, como se dice, y la mula sacó y le dio una patada con el casco a la piedra y ahí quedo la huella (Diario de Campo, Iza. 24 de febrero, 2011). La huella del casco es bien notoria (ver figura 3), tanto así que permite recrear la historia de la aparición del Diablo, como lo describen Danilo y su mamá Rosa,
Aproximadamente 1 Km más arriba de esta piedra, al pasar el sitio conocido como las Quebradas -siguiendo el camino que va a la escuela de Chiguata-, se encuentra una piedra con cruces grabadas y rayadas realizadas por los transeúntes desde hace muchos años (ver fotografía 10). Ello muestra un sentido de agradecimiento y encomienda a Dios para que permita pasar por la Piedra del Diablo sin que se aparezca o acontezca lo revelado en la memoria local, de la misma manera que un creyente hace la señal de la cruz en su rostro cuando no quiere que algo malo pase, como lo pude efectuar en mis visitas al lugar. En estas visitas y luego de observar durante horas a los transeúntes y de hablar con los mismos, evidencié la relación entre la Piedra del Diablo y la Piedra de las Cruces. Berta cuenta que es en la Piedra del Diablo donde el señor que pasaba en el caballo recogió al niño que estaba llorando y, siguiendo la tradición oral, el señor le ofreció pan al niño, pero él le dijo que no tenía dientes.
Al realizar la primera prospección por el lugar me encontré con la sorpresa de que la Piedra de las Cruces había rodado unos metros abajo por causas del invierno que atravesaba la región, de ahí que las cruces se observen invertidas en la fotografía 10. Además de estas dos piedras el lugar en general carga con muchas historias, la gran mayoría relacionada con el Diablo, ejerciendo un control social, previniendo que después de las cinco de la tarde no se transite por allí. Este control social se mantiene en lo contado por Ruby, quien recuerda:
El lugar conocido como las Quebradas comprende tres quebradas y un cerro donde dicen sus habitantes haber visto encantos en menguante, viendo salir patitos de oro y encontrado ollas con polvo amarillo. Según Berta y Ruby,
Las historias que acompañan a la Piedra del Diablo hacen que la administración municipal la promueva como destino turístico, debido a la accesibilidad y tranquilidad del lugar, así como por su cercanía con otros sitios de interés cultural, como el “Balneario de Bochica” o Pozo Encantao, donde según Izanos, se bañaba Bochica, luego de bajar de su cueva.
1.1.4. La cueva de BochicaAquí entramos al lugar que puede confirmar la existencia de Bochica, “el gran maestro”, el cacique. La cueva de Bochica se encuentra en la vereda San Miguel. Según lugareños, fue el Lugar elegido por Bochica para educar a los nativos,
Debido a salidas realizadas por profesores del Colegio Sergio Camargo, la cueva de Bochica es al parecer el sitio más visitado y conocido por los habitantes de Iza. Ello se debe a la accesibilidad del lugar y a su historia. De allí que los Izanos señalen que en esta cueva dormía Bochica y los indígenas que venían de Tota a los rituales en el sitio arqueológico de Sogamoso (Diario de Campo, Iza. 3 de marzo, 2011). Avella y Zorro mencionan varias historias que protegían a la cueva de Bochica,
Durante el trabajo de campo no encontré historias como las mencionadas en Zorro y Avella (1992), sólo historias relacionadas con hallazgos -por parte de los campesinos- de chorotes con oro, fragmentos de cerámica variada, (decorada, gruesa, fina, policromada y vidriada), volantes de huso o torteros de piedra, husos de macana y muchas otras muestras de arte que hacen parte del tráfico de piezas, diseños de artesanos y decoraciones de las casas. Algunos de estos hallazgos fueron mostrados por doña Alba, quién no sólo accedió a contarme sino que me mostró su hallazgo de dos volantes de huso en piedra y un huso de macana (ver figura 4).
Miguel Patiño contaba que en la finca de su padre -muy cerca de la Cueva de Bochica-, varias veces se encontraron momias. Una vez encontraron un pequeño y dos adultos con algo de cerámica al parecer de indios pobres, pero cuando fueron a dar aviso a la policía, ésta realizó un levantamiento que duró varios meses mientras se establecían las causas de muerte, y debido a ello, su padre nunca volvió a dar aviso, construyendo encima de lo que se encontrara (Diario de Campo, Iza. Marzo, 2011). Son varios los murmuros de hallazgos de cerámica completa, en el camino a la cueva, doña Alba cuenta que,
En el camino a la Cueva, actualmente, se evidencian miles de fragmentos en la superficie del suelo, debido a que hace no más de 20 años en estos terrenos se cultivaba, permitiendo observar el material arqueológico a simple vista. Al observar la cantidad de cerámica, su exposición, el deterioro y la pérdida de muchos fragmentos, di aviso a las autoridades municipales quienes me autorizaron a recolectarla, siempre y cuando fuera entregada al municipio posteriormente; entonces comencé a recolectar los fragmentos más significativos, en cuanto a tamaño y variedad (ver figura 5). En total recogí 470 fragmentos, los cuales fueron clasificados como se encuentra en el Anexo 1 (No disponible en esta version electrónica).
El río que menciona Avella y Zorro es el río que baja de Tota, donde se encuentran las piedras del Cacique, una que hace relación a la piedra en donde quedó marcado el pie de Bochica y la otra, al lugar donde se bañaba el Cacique, como lo mencionan sus habitantes.
1.1.5. Piedra del CaciqueEl Cacique, Bochica. Continúa la evidencia de su paso por Iza. La Piedra del Cacique era el lugar preferido por los Izanos para ir a nadar. Su carga histórica mantiene el nombre de la piedra, dado porque en su parte baja estaba la huella del pie del cacique (ver círculo rojo en la fotografía 12); al parecer la misma que Fray Pedro Simón relata en sus crónicas como el pie de Bochica. La Piedra del Cacique está a orillas del río que baja de Tota, aún permanece en el lugar recordando las múltiples historias contadas por los abuelos que habitaron en la vereda San Miguel, a unos pocos minutos del casco urbano del municipio. Hace como 30 años fui a la Piedra del Cacique cansado de que la gente me hablara de ella y como soy tan incrédulo me fui allá para ver si era de verdad, en esa sí que se veía claritiquitica la huella de un pie descalzo, se veían los deditos, la hendidura del pie y el talón bien marcado como si quedara marcado en la greda o el barro, eso si yo lo vi y por eso es que le digo, pus de tanto coger y hablar la gente, un día cogí y me fui, pero dicen que un día vino una retroscavadora y volvió la piedra nada, pero como nadie dijo nada ni hizo nada (Leonardo Cubides. Diario de Campo, Iza. 25 de febrero, 2011). La Piedra del Cacique aún está, se llevaron la huella del pie que era lo más valioso de la piedra, cuando le vendieron a un señor de apellido López, ese señor, al parecer se robó la piedra y volvió a vender al que hoy es dueño de ese predio (María Eugenia. Diario de Campo, Iza. 11 de marzo, 2011) (10). Ésta es una de las múltiples versiones que afirman el robo de la última evidencia de la existencia de Bochica, su huella marcada antes de abandonar el lugar en donde permaneció, vivió, instruyó y compartió: El valle de Iza.
Alfredo Torres, habitante de Usamena, dice que esta piedra fue todo un problema, porque yo recuerdo que en anteriores administraciones, el alcalde que entraba le echaba la culpa al anterior de haber vendido la piedra y dejado sacarla en un cuerpononon de grúas. Para lo que su hijo dice: es imposible que se la hayan llevado porque esa piedra es más grande que la casa y ahí había un moyononon donde se podía nadar […] yo no creo que se hayan llevado esa piedra, porque estaba enterrada en el río, en la vega, por la casa de don Sergio Jiménez (Diario de Campo, Iza. 22 de febrero, 2011). Al hablar de la Piedra del Cacique, los Izanos la relacionan con un pasado indígena, lo cual la vincula con un lugar encantado. Don Alfredo Torres, señala que la piedra fue vendida porque sus compradores decían que por dentro tenía rubíes y que la destruyeron para sacarlos (Diario de Campo, Iza. 22 de febrero, 2011). Aunque no se sabe con claridad si esta piedra fue vendida o destruida, hoy sólo se escuchan versiones que hacen de la piedra un mito. Tobón (2004), escribe a manera de denuncia, “la piedra de Bochita, una vez venerada por los Muiscas, fue removida por maquinaria sin que nadie protestara sin que se levantaran las voces de protesta al atropello del legado histórico irremplazable”. Don Heraclio Torres dice que esta piedra fue llevada por un señor,
Fernando Díaz, historiador, manifestó que luego del “Festival Bochica” - donde se dio a conocer la piedra que tiene el pie de Bochica- fue hurtada, pero su réplica, la cual se había hecho en piedra caliza. En la conversación me describió el lugar donde se encuentra la piedra original, según él volteada debido a las crecientes del río (Diario de campo, Iza. 6 de mayo, 2011). En cuanto a la versión de Fernando Díaz, Amparo Zorro -autora de la primera tesis de Hotelería y Turismo (UPTC) que retoma los lugares turísticos de Iza- me cuenta que hace 20 años su compañera de trabajo y el hermano tomaron la foto a la Piedra del Cacique, a la misma donde iban a hacer melcochas y a pasar el día, pero después, un señor con mucha plata la compró y se llevó el pedazo donde estaba la huella del pie de Bochica (Diario de Campo, Iza. 3 de marzo, 2011). Es por eso que ella no cree que se hubieran robado la réplica, pues desde que era niña - hace más de 30 años-, su abuela y su mamá la llevaban a esa piedra, la misma que ya no está, aquella que la inspiró a realizar su trabajo de tesis.
Durante el trabajo de campo me encontré con dos piedras del Cacique. Una que contenía la huella de un pie -donde la mayoría reconoce que es la de las fotografías 12 y 13- y la piedra en donde se bañaba el cacique -que está unos 500 metros abajo- de la piedra que contenía la huella, en la margen derecha del río que baja de Tota-. Según don Mamerto Alfonso Pedraza y María Eugenia -su sobrina-, en esta piedra (fotografía 14), el Cacique ponía su ropa cuando se bañaba, era el único que la ponía ahí, como cuando comía, era el único que comía en esos platos pintados (Diario de Campo, Iza. 11 de mayo, 2011).
Existe una confusión entre la Piedra de Bochica y la Piedra del Diablo, pues Luz Marina dice recordar que cuando era pequeña sus abuelas y tías, incluso su mamá iba a la Piedra del Diablo a rasparla para tomarse esa agua. La práctica de tomar el agua de las piedras es retomado por Fray Pedro Simón, quien manifiesta que era en la Piedra de Bochica a donde las “indias preñadas van a raspar” y beber de esa agua “para tener buen parto” (1981: 413). Sin embargo, es posible que la Piedra del Diablo también fuera raspada para tomar de esa agua, quedando las oquedades de la piedra como se ven ahora. En “Piedra del Cacique” he mostrado dos narrativas, una que muestra los usos curativos de las piedras y, la otra que evidencia un pasado relacionado con un Cacique. Sin embargo en Petroglifos y piedras de Usamena, también se evidencian narrativas que conjugan pasado y presente, caciques e indios, como se muestra a continuación.
1.1.7. Petroglifos y piedras de UsamenaLos Petroglifos se encuentran en la vereda Usamena, llamada así por la gran Hacienda Usamena conformada en el gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera - cerca de 1810- que después fue parcelada por los trabajadores que vivían y labraban allí, quienes fueron cogiendo su pedacito de tierra. Cuentan hoy sus habitantes antiguos, los nacidos y criados allí, que sus padres y abuelos trabajaron en la famosa hacienda, la cual comprendía, en sus palabras, todo lo que se puede alcanzar a ver. Actualmente los Petroglifos están en el predio de Antonio Montoya -comprado en los 70s a don Juan Zambrano-. Hacen parte de un sendero eco turístico promovido en el 2008 por la administración municipal. Su imagen se ha convertido en el símbolo cultural de Iza.
Al hablar con don Leonardo, él niega el hallazgo de los marranos y expone que lo que se ha encontrado en su territorio son puros huesos y porcelana fina, de esa reciente. Sin embargo, al conversar con los Izanos, aseguran el hallazgo de ollas en lote de los Cubides sin saber con precisión cuanto más encontrarían. Don Leonardo se refiere a los Petroglifos como
En una conversación con don Juan Zambrano, manifestó que los llamados Petroglifos eran conocidos por su familia como “la Piedra Errada”, según él,
Cuando don Heraclio Torres, don Juan Zambrano y habitantes de la vereda hablan de los Petroglifos siempre hacen referencia al doctor Salcedo, del programa televisivo “Sábados felices”, que murió en el hotel Tamauka hace más de 15 años. Hablan de él, porque al lado de varios líderes se estaba filmando un documental de los aspectos históricos, culturales y sociales del municipio, donde retomaban aspectos históricos de la Piedra del Cacique, la cueva de Bochica y los Petroglifos. Don Ángel María y su esposa llaman a los Petroglifos la Piedra del Cacique porque tiene dibujado un cáliz y poray vivía el cacique. Ellos son los únicos que llaman así la piedra, algunos suelen llamarla la Piedra de los Jeroglíficos o la de los Petroglificos y otros la llaman la Piedra de las Copas, lo que puede asemejarse a la imagen del cáliz, señalada por Don Ángel María y su esposa. Don Alfredo Piragauta, habitante de Usamena, dice: poray ha venido mucha gente a ver esas piedras y les toma fotos, suben, caminan, pero no dicen nada, debe ser que las están estudiando […] Han venido hasta de Chile para hacerles estudios, para saber que´s lo que quieren decir las piedras. María Paula Zambrano, antropóloga de la Universidad Externado, realizó su tesis de pregrado en Usamena. En una reunión informal, en casa de Luz Marina, me contó que una de sus tías le dijo haber visto que de la Piedra de los Petroglifos salía una luz en la noche, sin embargo, María Paula, reiteró en que era solo una versión de su tía. En conversaciones con la familia Zambrano y otros viejitos se menciona la existencia de otra piedra -similar a la piedra conocida como los Petroglifos de Usamena-, ubicada al pasar la Quebrada, es decir, en donde hoy se encuentran las marraneras construidas por don Antonio Montoya, allá dinamitaron un montón de piedra en la que parecía estar la otra piedra grabada. Don Juan Zambrano manifiesta la existencia de una laja que tenía el nombre Chibcha escrito, más arriba de la Piedra Errada […] la misma que un día un chino, hace como 80 años se puso a joder y partió una piedra sobre la laja y quebró parte de las letras, no sé si todavía estará la laja (Diario de Campo, Iza. 3 de marzo, 2011). En el predio donde se encuentran los Petroglifos se observan a turistas que llegan dirigidos por los guías del municipio o por las indicaciones de vecinos. Algunos de ellos caminan el lugar en busca de otros petroglifos, encontrando paredes rocosas con grabados y rayados similares a los conocidos Petroglifos de Usamena, al parecer hechos con otra piedra por admiradores de este arte que han querido dejar su huella (ver figura 6). Habitantes de Usamena manifiestan la existencia de piedras con formas, como lo expresa don Heraclio Torres: más arriba de los petroglifos hay muchas piedras con figuras, la del Indio [ver fotografía 16] la del Sapo, la del Perro y otras más (Diario de Campo, Iza. 24 de febrero, 2011). Avella y Zorro (1992), en su trabajo de tesis describen otro petroglifo, justo al lado del petroglifo reconocido por el ICANH, el cual tiene parecido a una figura zoomorfa (ver círculo rojo en la figura 17). El grabado señalado con círculo rojo hoy se encuentra muy desgastado tanto que es muy difícil observarlo a simple vista (ver círculo rojo en la fotografía 17).
Los Petroglifos de Usamena han sido estudiados y visitados por antropólogos, arqueólogos, historiadores, geólogos y turistas, dando pistas de los antiguos transeúntes del lugar, no olvidando que la cara grabada está mirando hacia la laguna de Tota, lugar de peregrinación muisca. El significado, la intención de los grabados y de la piedra en sí no podemos saberlos, sólo lograremos generar interpretaciones que posiblemente se acerquen a su origen contextual; siguiendo escuchando las voces de sus admiradores y escépticos, quienes afirman que al lado de esta gran piedra había otra de mayor tamaño con grabados similares que fueron vistos por jóvenes Izanos en un museo de Boyacá. En Iza sólo existen dos veredas con muestras de arte rupestre, Usamena y Carichana. En la primera se encuentran alrededor de tres petroglifos y en la segunda una muestra pictográfica, en un piedrón llamado Piedra Gorda.
1.1.6. Piedra GordaCarichana limita con el municipio de Sogamoso, lo que la hace una de las veredas más transitadas por Izanos y personas que trabajan a diario en la extracción de carbón y la tala de árboles en esta vereda. Piedra gorda es una de las piedras más referenciadas cuando uno va de paso hacia Vanegas –Sogamoso-, sus conocedores la denominan piedrón debido a sus ocho metros de altura. Esta enorme piedra está ubicada justo en la frontera de Iza y Sogamoso, metros antes de la quebrada Sinosi que sirve de límite entre los dos municipios, a modo de mojón. Los transeúntes saben su nombre y la llaman así, pero lo que muy pocos saben es que en ella aún permanecen evidencias de pictografías rojas, al parecer de origen Muisca, las cuales se observan como si fuesen grupos de manchas de sangre (Ver figura 8). En conversaciones con doña María Odilia Zarate -dueña del predio donde está la piedra- manifestaba haber escuchado que antiguamente eso si se encontraban seguido chorotes de barro y oro de los indios chibchas por todo este lado, pero desde que estamos aquí no hemos encontrado nada, eso no es para todos (Diario de Campo, Iza. 22 de marzo, 2011).
Lo mencionado por doña Odilia, muestra una vez más el imaginario de los habitantes que relacionan el pasado indígena con oro y cerámica, evidencias de asentamientos y áreas arqueológicamente caracterizadas como fúnebres o rituales. Pero la importancia de Piedra Gorda no está en los hallazgos espontáneos de cerámica, sino en las evidencias pictográficas -únicas en el municipio de Iza- y en su ubicación, límite de Iza y Sogamoso. Lo cual nos permite revisar los límites territoriales y de cacicazgos al momento de la conquista, los cuales en el altiplano cundiboyacense aún se mantienen, siendo esta piedra una marca territorial, el mismo mojón descrito en las visitas a Boyacá retomadas por Cuellar (2010: 28). Piedras usadas como marcas territoriales también se encuentran en la vereda Busagá, donde la magia del paisaje invoca al respeto, la alegría y la nostalgia del pasado.
1.1.8. Piedras de Busagá Busagá, la vereda más privilegiada de Iza, donde se evidencia el poder de las montañas, Las diversas versiones de la formación de la laguna de Tota –encontradas en campo- estaban acompañadas de la magia que una vereda como Busagá -con la multiplicidad de paisajes y colores- ofrece. Esta magia fue fuente de inspiración en el explorar y el convivir, permitiendo observar de vez en cuando un fenómeno único, el Arco y la Arca, es decir dos arcos paralelos, uno sobre otro con los mismos colores pero en tonalidades pasteles, como si fueran pintados con tizas. En este maravilloso lugar existen piedras misteriosas para sus habitantes, a las que se les atribuyen forma de tetas, mapas y escamas. Son piedras muy extrañas, grandes y parecen caparazón de tortuga (ver fotografía 19). Están detrás de la escuela (Diario de Campo, Iza. febrero, 2011). Al acercarme al lugar, estas piedras causaron en mí una emoción y un desconcierto debido a mis pocos conocimientos de geología, pero para mi suerte, en una visita a la vereda me encontré con Ramiro Zambrano y un amigo geólogo, Fernando Montoya, quien me indicó, que efectivamente estas piedras eran producto de un proceso geológico de hace miles de años, al momento de formación de la cordillera (Diario de Campo, Iza. 26 de mayo, 2011). Caminando la vereda pude escuchar muchas narraciones que vinculan la Piedra de la Silla, la cual parece relacionarse con la historia del Tesoro de Busagá, que por su nombre se atribuye a la vereda de Busagá y no al Alto de Vita, como suelen expresar los Izanos. Pero al leer la leyenda del Tesoro de Busagá (Ocampo 2004: 32), en ningún momento se hace mención de la Piedra de la Silla. Habitantes de Busagá cuentan que debajo de la Piedra de la silla hay un tesoro enterrado, está dentro de un pedregal, donde es raro porque hay piedras alineadas (Marco Tulio Pérez. Diario de Campo, Iza. 10 de marzo, 2011).
Al realizar varias salidas exploratorias en busca de la piedra -siguiendo las indicaciones de la gente-, me encontré con varias piedras en forma de silla, pero ninguna de ellas era la que hacía parte del imaginario de los habitantes. En un ejercicio de cartografía social con los estudiantes de la Escuela Busagá, encontré que uno de los lugares más representativos para los niños era la Piedra de la Silla, que para mi sorpresa estaba protegida por el Arco, como se observa en la fotografía 20. En algunas conversaciones con la familia Pérez Chaparro me sorprendió encontrar historias relacionadas -por su descripción- con las “Esferas de Costa Rica”, como se puede observar en el siguiente relato,
Entre otras historias de piedras, habitantes de la vereda me hablaron de la Piedra del Gallo, la cual se encontraba en el lote que lleva su mismo nombre, donde hace unos años el gallo dejó de cantar, eso se fue con la tierra y todo, la noche que se llevó la casa. Habitantes cercanos a este predio, mencionan que en la noche de menguante el gallo cantaba muy cerca de la casa, eso debía ser porque ahí estaba el oro, pero como uno no lo conoce (Doña Ubaldina. Diario de Campo, Iza. 1 de abril, 2011). Una noche mis abuelos lo escucharon y se fueron a ver, pero lo que encontraron era una piedra grande con la misma forma del gallo y con los mismos colores, amarillo y rojo (Doña Nelsi. Diario de Campo, Iza. 30 de marzo, 2011). La Piedra del Gallo, Piedra Ahumada (ver fotografía 21) y Piedras de Busagá marcan la toponimia del lugar, las dos primeras denominan los predios donde se encuentran y las terceras retoman el nombre de la vereda, debido a que son las que se encuentran con frecuencia. En medio de las historias de piedras, riquezas, tesoros y encantos, niños y adultos mencionan la culebra amarilla, haciendo relación a la Madre de agua. El conocimiento de la culebra amarilla hace relación al mito de Bachue, la Madre originaria de los Muiscas que salió de la laguna de Iguaque y al regresar se convirtió en culebra. De allí que aún los campesinos respeten a la Madre del agua, inconscientemente, la madre de los Muiscas, reiterando el respeto que campesinos de Boyacá mantienen con las fuentes de agua, bosques y cuevas, teniendo muy claro que los alisos, las ranas y las culebras llaman el agua y por eso no se deben acabar (Mawer. Diario de Campo, Iza. Abril, 2011).
Este respeto es manifestado en otras historias, como la de don Alfredo Piragauta, el señor de la casa donde viví en Usamena, quién me contaba que el Arco le roncaba por no pedir permiso. Que al ir a lavar en el pozo o entrar al bosque se veía venir una culebra amarilla por el agua, esa culebra es la Madre del agua y también tocaba pedirle permiso […] Dicen que el Arco orina a las señoras blancas y pecosas, de ojos claros o se les aparece como señor desnudo, cerca de pozos de agua o ríos, haciéndoles señas (Diario de Campo, Iza. 10 de marzo, 2011).
La importancia del Arco -el Pantano, el mismo Compadre y Viejo- en la vida cotidiana de los campesinos de Busagá generó en mí admiración, nostalgia y alegría, debido a que daba por perdidos estos sentidos en la gente de Boyacá, sentidos que yo conocía sólo en comunidades indígenas del sur del país. Lo anterior, me recordó un acontecimiento familiar que pasó desapercibido por muchos, pero que dejo muchas incógnitas en los que éramos niños. Acontecimiento íntimamente relacionado con el Arco, pues fue él quien dejó ciega a mi bisabuela paterna, luego de una cirugía. Cuando preguntaba a mis padres porque mi abuela era ciega, ellos decían que por el Arco, y uno preguntaba ¿por qué?, pero no recibía respuesta alguna; siendo en esta vereda donde comencé a entender que el arco es un espíritu y que si no le pedimos permiso para ingresar a su casa él nos puede picar, orinar o coger, llegando a causar alguna anomalía en nuestro cuerpo si no le pedimos perdón o le llevamos ofrenda alguna. En “Piedras Izanas” fue notorio encontrar, al igual que en el Cocuy, que para los campesinos “la tierra significa mucho más que un medio para la prucción agrícola, la tierra es el espacio que refleja su alma” (Faust 2004: 13). La tierra es el paisaje, son los valles, las montañas, los rios, los páramos, las lagunas que inspiran crean y recrean la vida de quienes la habitan, como se sigue reflejando en “Piedras Gámzas”. ...Sigue en la 2a. parte |