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Los nombres de los sitios con presencia de figuras humanas se encuentran en el cuadro 2 en el anexo del artículo. En este cuadro, la columna a la derecha del nombre del sitio consigna los numerales de las categorías temáticas a las que se ha asignado las representaciones humanas de cada sitio. El número de sitios por categoría temática se desprende del cuadro 1 que el lector encuentra en el capítulo sobre “Figuras humanas en composiciones escénicas”. Cabe aclarar que un sitio puede contener un único panel o varios paneles con pinturas rupestres y que un panel puede comprender uno o más composiciones escénicas de una determinada categoría o de diferentes categorías temáticas.
Es importante señalar que por el estado de deterioro en que se encuentran muchos de los paneles debido a la exfoliación de la capa pictórica por efectos de meteorización del soporte rocoso, no es posible cuantificar el número exacto de representaciones antropomorfas de cada sitio y ofrecer los datos estadísticos correspondientes. No obstante estas limitaciones opté por agregar una columna en el cuadro del anexo con la indicación del número de figuras humanas reconocibles por sitio. En el caso de sitios con paneles deteriorados se antepone el signo ≥ al número de figuras identificadas, de modo que p. ej. ≥5 significa que el número de representaciones humanas en el sitio es igual o mayor que 5.
El trabajo está dividido en cinco capítulos. Luego de referirme en el primero a los antecedentes de investigación sobre el tema y explicar el propósito del estudio, propongo una clasificación tipológica de antropomorfos usando como variable el grado de esquematización o detalle anatómico de las figuras. En el tercero describo los diferentes accesorios extra-somáticos de las figuras humanas, en particular la indumentaria y los objetos que sostienen en sus manos o con los cuales se encuentran asociados. En el cuarto capítulo presentaré el resultado de la clasificación de representaciones humanas en cinco categorías según las actividades económicas o sociales en las que se encuentran. En los comentarios finales resumo los hallazgos respecto a los cambios evolutivos en la representación humana y al repertorio iconográfico de la región. Termino el artículo con una propuesta de atribución cronológica de las representaciones humanas y escenificaciones y con un capítulo sobre convenciones regionales y extraregionales en la configuración o diseño de determinados atributos extra-somáticos y sobre analogías y posibles líneas de interpretación de la pintura o decoración corporal.
Omito la descripción del contexto geográfico de la zona de estudio, puesto que ya fue tratado en los anteriores trabajos sobre el arte rupestre de Carabaya (Hostnig 2007, 2010).
El material gráfico usado para el análisis iconográfico son fotografías impresas o digitales y diapositivas digitalizadas, tomadas entre los años 2001 y 2010. Para el sitio Qelqasqa Qaqa de Ituata, los antropólogos Almonte y Aroquipa me concedieron el permiso de reproducir material gráfico de su tesis sobre el sitio, presentada en 2013 ante la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Altiplano en Puno. Los demás dibujos los confeccioné en base a fotografías procesadas mediante el programa DStretch (Harman 2008).
ANTECEDENTES
DE ESTUDIOS SOBRE LA FIGURA HUMANA
Si bien hasta la fecha no se han realizado estudios específicos sobre el tema de las representaciones humanas en las manifestaciones rupestres del sur del Perú, existen descripciones detalladas de figuras antropomorfas en varias publicaciones sobre sitios rupestres de los departamentos de Tacna, Moquegua, Arequipa y Puno. Aldenderfer (1985) analizó representaciones humanas en pinturas rupestres de Tala, Coscori y Cimarrón en la sierra de Tacna y Watanabe (1990) en los abrigos de Ccoscocollo, Cruz Laca y Huacanane en la sierra de Moquegua. Tanto Watanabe como Aldenderfer atribuyeron las representaciones antropomorfas cronológicamente de manera preliminar al Arcaico Medio.
Otro sitio rupestre del que existen sendas descripciones sobre representaciones humanas es Toquepala en Tacna, estudiado en los años 60 por Jorge Muelle (1969) y Rogger Ravines. Jean Guffroy (1999:39,41) realizó un primer análisis iconográfico más extenso de los paneles de Toquepala y presentó una tabla con figuras antropomorfas para demostrar la similitud en su diseño, en sus posiciones (“todos tienen la misma característica de estar en movimiento”) y en la forma de sus cabezas que parecen máscaras de animales o “atributos sobrenaturales”.
En los paneles rupestres arcaicos de Cimarrón en Tacna, estudiados por Aldenderfer (1985), figuras humanas alineadas en hileras o aisladas representan el 60 por ciento de los motivos, seguidos por animales (39,4 por ciento) y formas geométricas. Aldenderfer distingue tres estilos de representación de humanos, aunque todos diseñados en posición frontal, con los brazos extendidos o levantados, las piernas cortas (en relación al torso) y sin atributos extra-somáticos. Aparte de figuras “rígidas”, tipo “stick figures” (“hombres palitos”) y otras altamente esquematizadas y abreviadas sin distinción entre torso y piernas, las hay de mayor grado de naturalismo, con detalles anatómicos como indicación de codos y rodillas. Según este investigador, la mayoría de las figuras humanas integran escenas, aunque sólo en tres paneles se distingue claramente la escenificación de la caza de camélidos.
El arte rupestre de la sierra de Moquegua y sobre todo de las zonas altoandinas de las provincias Sánchez Cerro y Mariscal Nieto sigue poco conocido. En 2017 pude registrar en la cuenca alta del río Tambo (distritos de Chojata, San Cristóbal, Lluque e Ichuña) una docena de sitios con escenas de caza de camélidos silvestres que integran figuras de cazadores armados con dardos y estólica, representados en patrones estilísticos tanto esquemáticos como naturalistas. Su análisis permitirá ampliar la visión sobre la distribución de determinados patrones estilísticos de figuras zoomorfas y antropomorfas de la franja comprendida entre las zonas altas de Moquegua, Tacna y la sierra de Arica.
Otro sitio rupestre arcaico del sur peruano, sobre el que existe una caracterización detallada de representaciones humanas, es Sumbay en Arequipa (Neyra 1968, Hostnig 2011a). Formando parte integral de escenas de caza de camélidos, varios de los cazadores son representados portando un haz de dardos que cruzan la figura a la altura del pecho o de la cadera, similar a figuras humanas halladas en paneles tempranos de Chojata en la sierra de Moquegua y en Espinar, Cusco (Hostnig, en preparación), así como en Carabaya, Puno.
El abrigo de Quelcatani en la provincia de El Collao, Puno, resulta ser el sitio con mayor cantidad y variación de estilos en la representación humana. Según Klink y Aldenderfer (2005), este abrigo fue usado por cazadores desde el Arcaico Medio -la primera ocupación data de 5300 años a.C.-, pero con mayor intensidad recién a partir del Arcaico Tardío hasta la época incaica. En su manuscrito sobre las pinturas rupestres de Quelcatani, Elizabeth Klarich (Ms.) aporta datos sobre aspectos formales, función y significado de figuras humanas integradas en escenas, relacionadas con actividades de caza, pastoreo, enfrentamientos y posibles ritos. En el mismo sitio Aldenderfer y Klarich (2002, Ms.) registraron una “escena de batalla” (panel 22), con numerosas figuras humanas de color blanco, enfrentadas en dos grupos y representadas en diferentes posiciones y posturas.
Respecto a antecedentes de investigación sobre figuras humanas en las pinturas rupestres de Carabaya disponemos de la tesis de grado de los entonces estudiantes de antropología Alex Almonte y Julio Aroquipa (2013) sobre las pinturas rupestres de Qelqasqa Qaqa en las alturas del distrito Ituata, con una documentación y análisis detallado de los motivos presentes en los paneles de este excepcional yacimiento rupestre. Las figuras antropomorfas halladas en este sitio se diferencian de las de Macusani-Corani por una mayor preocupación en cuanto a la estética de las representaciones y por aspectos corporales (decoración de los cuerpos) y extra-corporales (forma de faldellines y tocados) sui generis. Una caracterización resumida y primera tipología de figuras humanas en los paneles de Macusani y Corani se encuentran en artículos míos (Hostnig 2007, 2010). Abordé el tema de la figura humana y sus atributos extra-somáticos (escudo y armas) también en el artículo sobre las pinturas rupestres de Coasa en el noreste de Carabaya (Hostnig 2011b). Al respecto es debido señalar que en el Perú, contrario a los países vecinos del sur (Bolivia, Chile, Argentina), carecemos todavía de estudios específicos sobre atributos extra-somáticos de representaciones humanas en pinturas rupestres que podrían servir de referencia.
En el norte de Chile (cuenca alta de los ríos Loa y Salado, Salar de Atacama) tenemos reportes y documentaciones sobre pinturas de figuras humanas del Arcaico Tardío y Formativo Temprano (Montt 2002, 2004; Sinclaire 1997; Núñez et al. 1997) que guardan cierta analogía con algunos detalles de las representaciones rupestres de Carabaya, sobre todo en cuanto a la indumentaria (tipo de faldellín) y de las armas (estólica y dardos) en los manos de los cazadores. Dudognon y Sepúlveda (2015) analizan los cambios estilísticos de la representación humana durante el mismo lapso de tiempo. Sobre motivos antropomorfos y sus atuendos en pinturas rupestres y grabados tardíos de Chile son importantes los trabajos detallados de Montt y Pimentel (2009), Cases y Montt (2013), Berenguer (2013) y Troncoso (2011).
Respecto a Bolivia interesa una referencia sobre figuras de cazadores halladas en el sitio de Lajasmayu en Betanzos, Potosí (Strecker et al. 2010) y en Umantij, La Paz (Strecker, comunicación personal, 2017). Strecker observó similitudes entre estas representaciones y pinturas rupestres de Macusani-Corani, por la posición de los dardos que portan los individuos y por las estructuras interpretadas como cercos para atajar a los animales. Fauconnier et al. (2017) abordan también la temática de las hachas como arma simbólica, que está vinculada estrechamente con la presencia humana en paneles rupestres prehispánicos tardíos de Bolivia y del sur del Perú.
Más al sur, en Argentina, se ocuparon del tema varios investigadores de manera exclusiva o en el marco de estudios sobre determinados sitios o zonas rupestres, generalmente de épocas prehispánicas más tardías. Laura Hart (2013) presentó una ponencia sobre la “figura humana en el arte rupestre de Cuyo” en Mendoza en el Congreso Internacional de Arqueología y Arte Rupestre de la SIARB en la Paz en 2012. Ruíz (2002) analiza los unkus y tocados en figuras antropomorfas del arte rupestre tardío de la zona de La Rinconada en la puna de Jujuy, López y Martel (2014) compararon la vestimenta de representaciones rupestres antropomorfas con el registro textil del Período de Desarrollos Regionales (siglos XIII-XV) en el noroeste del país, mientras que Aschero (2000) analiza el cambio y la variabilidad en los patrones de diseños de figuras humanas en grabados y pinturas rupestres durante este mismo período y la época inca en el área circumpuneña de Argentina y Chile. Sobre el sistema de armas, técnicas de caza y la organización de cazadores del Arcaico y Formativo de Antofagasta de la Sierra en la puna meridional argentina contamos con el interesante trabajo de Aschero y Martínez (2001), quienes proponen la existencia de diferentes técnicas de caza de vicuñas según los tipos de proyectil usados y otros variables como son las características el terreno, etc.
Entre los estudios consultados me resultó de utilidad para este trabajo la tesis de doctorado y artículos posteriores de Inés Domingo (2004, 2006) sobre representaciones humanas en el arte rupestre levantino de España, tanto por su enfoque metodológico como por la sistematización estilística aplicada a estos motivos con el objeto de determinar posibles diferencias en los patrones de representación a través del tiempo y su dinámica evolutiva.
CLASIFICACION TIPOLOGICA DE LAS REPRESENTACIONES HUMANAS
El análisis iconográfico de cerca de un millar de representaciones antropomorfas en un total de 101 sitios con pinturas rupestres mostró que la figura humana se presenta en la zona de estudio en una amplia gama de formas y grados de esquematización, con o sin detalles somáticos y extra-corporales. En su gran mayoría son de tamaño pequeño, de 3 a 10 cm de altura, superando en pocos casos las dimensiones de los camélidos asociados.
Tomando en cuenta aspectos meramente morfológicos, existen representaciones realistas de proporciones anatómicas correctas hasta figuras muy abstractas, solo reconocibles como humanos por el contexto, es decir la asociación con otros motivos. En base al grado de realismo o abstracción de la representación humana, éstas pueden ser clasificadas grosso modo en tres tipos. A) Tipo lineal o filiforme abreviado con dos variantes (Variante A1: sin brazos y variante A2: con brazos indicados mediante un trazo horizontal); B) Tipo lineal o filiforme con indicación de cabeza y otros detalles corporales); C) Tipo esquemático con volumen corporal; D) Tipo de tendencia naturalista. Esta tipificación resultó ser útil tanto para fines comparativos como para poder detectar eventuales dinámicas evolutivas en el modo de representación.
En la caracterización de cada tipo se puso atención no solo a aspectos formales, sino también al tratamiento gráfico como el cromatismo, el grado de animación y el tamaño. Si bien se menciona en este capítulo de manera general los atributos extra-somáticos de las representaciones humanas, es en el capítulo siguiente donde se tratará este aspecto a mayor detalle.
A. Tipo lineal o filiforme abreviado
Este tipo de representación humana lo ubicamos en paneles geográficamente muy apartados en los distritos de Corani, Macusani e Ituata. Se trata de diseños antropomorfos sin volumen corporal y generalmente sin brazos. Las piernas y los brazos (cuando estos existen), son por lo general muy delgados y tienen el mismo grosor que el tronco. La cabeza es representada mediante la prolongación del tronco, sin engrosamiento. Distinguimos dos subtipos que se caracterizan por su alto grado de abstracción.
Variante A1: En esta variante, la abstracción de la figura humana llega a su máxima expresión. Ejemplos de esta variante encontramos en uno de los paneles de Punkini en la comunidad de Tantamaco, donde la representación humana adquiere la forma de una simple “Y” volteada, es decir una línea recta en representación del cuerpo que se bifurca en el tercio inferior para indicar las piernas (Figs. 2a-c). Estas figuras, de un máximo de 3 cm de alto, carecen de brazos (o de uno de ellos) y la cabeza es insinuada por medio de la prolongación del cuerpo. Están dispuestas en hilera vertical y las líneas horizontales punteadas indican que se trata de cazadores armados de dardos. Superpuesto sobre las figuras de estos cazadores fue pintada una escena de caza de camélidos de estilo naturalista, que adscribo al Arcaico Tardío. En Huch’uy Lawana, Macusani, las figuras antropomorfas de este subtipo miden de entre 5 y 7 centímetros de alto y llevan un tocado de plumas (Fig. 2c). Las líneas oblicuas paralelas que se desprenden de la parte inferior de ambos lados del cuerpo alargado quizás insinúen los pabilos de un faldellín.
En general, las figuras humanas del subtipo A1 siempre aparecen en posición frontal y estática e integran escenas de caza. Están asociadas a camélidos del tipo Macusani (de cuerpo rectangular) y a juzgar por las superposiciones registradas en algunos paneles (p.ej. Punkini), pertenecen a la fase más antigua de producción pictórica en estos sitios.
Variante A2: Los diseños antropomorfos de esta variante están reducidos a una simple línea vertical y una o dos líneas horizontales cortas en los extremos o cerca de estos (Figs. 3a-d). La línea horizontal en la parte superior representa los brazos extendidos y la del extremo inferior las piernas. En su estudio sobre las manifestaciones rupestres de Qelqasqa Qaqa, Almonte y Aroquipa (2013) clasificaron estas representaciones como motivo geométrico (Fig. 3b). Difiero de esta interpretación, ya que a pesar del alto grado de abstracción de las figuras se pueden reconocer sus piernas por el ángulo que adquiere la línea horizontal inferior respecto al eje vertical. Algunas de estas figuras están dotadas de lo que parecen ser los brazos y la cabeza y tienen un apéndice entre las piernas que posiblemente represente el sexo masculino.
En Callejón Punku, Macusani, las figuras humanas de esta variante se encuentran yuxtapuestas a una composición geométrica en forma de un cuadrado de tinta plana. No sabemos si ésta es sincrónica o fue adicionada en una época prehispánica más tardía (Fig. 3a). En Kichku, una de los individuos tiene una línea horizontal adicional a la altura del pecho, probablemente la representación de un dardo (Fig. 3c). En el gran panel de Qelqasqa Qaqa en la zona altoandina de Ituata, las figuras humanas de formas muy abreviadas representan al parecer las primeras manifestaciones rupestres del sitio. Encima de ellas fueron pintadas, en colores blanco, rojo y verde, las vistosas figuras de cazadores-danzantes del tipo D (figuras humanas de tendencia naturalista), que son de tamaño considerablemente menor. Posteriormente fueron pintados sobre estas figuras polícromas camélidos de estilo lineal de tiempos prehispánicos tardíos. En otro sitio arcaico de Ituata, denominado Qelqasqa Wasi, cuatro de siete representaciones humanas, asociadas a camélidos del tipo Macusani (con cuerpos voluminosos y subrectangulares), corresponden a esta variante (Fig. 3d).
B. Tipo lineal o filiforme con detalles corporales
Bajo este tipo agrupo las figuras antropomorfas de diseño lineal, dotadas de mayor detalle (Figs. 4a-d). Siguen siendo altamente estilizadas, pero terminan en una cabeza indicada mediante el engrosamiento del extremo superior de la línea que representa el cuerpo. Mínimamente están provistas de brazos y a veces de pies. Algunas llevan en la cabeza un tocado de plumas. Como en las figuras lineales de la variante anterior, se trata de representaciones de cazadores que sostienen en una de sus manos la estólica, a veces con el dardo insertado, en posición de tiro. Algunos portan un haz de dardos de reserva. Los individuos de este tipo están representados de perfil, con las piernas separadas, indicando movimiento (Figs. 4a-d).
La figura humana de color blanco de Punkini forma parte de una escena de caza de camélidos, superpuesta sobre una hilera vertical de cazadores de la variante A1 (Fig. 4c). Tiene un brazo doblado hacia la cadera, probablemente para sujetar el haz de dardos, que fueron pintados como hilera de puntos que terminan en un corto trazo bifurcado que representa la emplumadura. La superposición de las dos escenas no nos indica cuánto tiempo puede haber transcurrido entre ambas producciones pictóricas, pero sí revela una evolución en el diseño de formas muy abreviadas a otras algo más realistas y con mayor presencia de detalles extra-somáticos como tocados y armas.
C. Tipo esquemático con volumen corporal
Es el tipo más común, pero heterogéneo en cuanto a determinados rasgos morfológicos como longitud y grosor del tronco y de las extremidades y la forma de cabeza. El tronco de las figuras humanas de este tipo es de diferente volumen y de forma por lo general rectangular o cilíndrica, sin indicación de la cintura. Es también siempre más grueso que las extremidades. En algunas figuras se distingue la cabeza, en otros, igual que en el primer tipo descrito, ésta forma la prolongación del tronco y está ausente el cuello. Las figuras carecen de manos y pies y también -como todas las representaciones humanas en el arte rupestre de la región- de rasgos faciales como ojos, nariz y boca.
Los individuos de este tipo esquemático suelen ser representados con dos o solo un brazo. En este último caso generalmente figura el brazo que porta o empuña la estólica. Las proporciones anatómicas muestran una tendencia marcada hacia el alargamiento del tronco en detrimento de las extremidades que quedan desproporcionadamente cortas y delgadas. En este tipo prima nuevamente la frontalidad frente a las representaciones en perfil. Sin embargo, con el brazo levantado para disparar el dardo y las piernas separadas logran transmitir cierta sensación de dinamismo.
Aún no estamos en condiciones de establecer si este tipo de representación humana es anterior, contemporáneo o posterior al tipo B (Tipo lineal o filiforme con indicación de cabeza y otros detalles corporales). Casi siempre lleva atributos típicos de los cazadores arcaicos como estólica y haz de dardos.
El prototipo del tipo C lo encontramos en un panel de Aqhutira en una quebrada lateral de Juchuy Chilku Unu (Fig. 5a). Corresponden a este tipo también figuras humanas en los paneles de Hatun Chilku Unu, Qarita, Matipata Bajo, Warachani Alto, Escalera (Fig. 5b) y Qarita (Fig. 5c) en Macusani, así como de Hak’aklluni en el distrito de Corani (Fig. 5d).
C. Tipo de tendencia naturalista
Bajo esta denominación se reunió las representaciones humanas de formas o proporciones que denotan un mayor grado de realismo. Son figuras humanas de proporciones anatómicas generalmente correctas, explicitando pies y a veces también piernas musculosas. Pertenecen a este tipo tanto figuras dotadas de atributos de cazadores (Wanaquiata, Injuyuni, Chiqtata, Warachani Alto y Qelqasqa Qaqa (Figs. 6a-d) como otros involucrados en actividades ceremoniales o rituales (Figs. 62-64). Por lo general llaman la atención por sus elaboradas posiciones y posturas corporales y diseños interiores y sobre todo por los detalles extra-somáticos (tocados, vestimenta, tobilleras, armas) que serán tratados en el capítulo siguiente.
Las representaciones del tipo naturalista alcanzan su mayor grado de realismo en el panel de Qelqasqa Qaqa. Almonte y Aroquipa (2013) las describen en su tesis de grado, acompañando el texto con dibujos muy bien logrados. Algunas de las figuras representan cazadores equipados con dardos y estólica. Tienen la cintura estrecha, torso triangular, tronco oblongo, piernas largas y gruesas. Los muslos de las piernas están bien perfilados, mostrando pantorillas gruesas y su disposición trasmite la sensación de intenso dinamismo. Otras, ricamente ataviados y dispuestos en hileras, parecen realizar una danza o integrar escenas de la esfera ritual. El gran realismo de estas figuras radica tanto en los detalles de la indumentaria como en los rasgos morfológicos. Su posición varía entre estática-frontal y dinámica-de perfil. Figuras similares registré años atrás en Warachani Alto en Macusani, donde una hilera de guerreros o cazadores/danzantes se desplazan al parecer semidesnudos sobre una línea en declive, con los brazos doblados hacia la cintura dando la impresión de caminar danzando, quizás en el marco de una ceremonia vinculada con la caza, la guerra u otro acontecimiento (Fig. 25).
Como se puede observar, las figuras humanas de tendencia naturalista representan una tradición marcadamente distinta a la de los tipos anteriores. Es probable que las primeras representaciones de este tipo se crearan en la fase de transición entre el final del Arcaico y el Formativo temprano, pero que la época principal de su producción fuera el Formativo como sugieren Almonte y Aroquipa (2013), asignación que concuerda con la de Montt (2002, 2004) y Gallardo (2004) para figuras humanas similares en paneles rupestres de la cuenca alta del río Salado en el Norte de Chile.
Figs. 6a-d: Ejemplos del tipo antropomorfo de tendencia naturalista
ATRIBUTOS EXTRA-SOMÁTICOS
Se refieren a los objetos externos al cuerpo humano como las armas, lazos, atuendos, máscaras y tocados cefálicos. Incluyo también la pintura facial y corporal, así como objetos –por lo general armas- yuxtapuestos a representaciones humanas.
Armas
La estólica (lanzadardos o propulsor): La mayoría de las figuras humanas que integran escenas de caza están premunidas de armas, entre las que predominan claramente la estólica y los dardos. Es posible que algunos trazos alargados en manos de cazadores, interpretados como dardos, sean en realidad venablos o lanzas arrojadizas. Algunos antropomorfos llevan objetos cortos y rectos en una de sus manos que deben constituir garrotes o palos para el remate de los animales heridos. Por la forma de representación esquemática de la estólica y de los dardos es difícil deducir su tamaño y forma exacta. Por lo general, la estólica es representada mediante un trazo recto que en el extremo distal termina en un gancho o que presenta un gancho a corta distancia del extremo distal. El gancho del propulsor se presenta en forma doblada hacia adelante y a veces formando un ángulo de 90 grados con el vástago. Se puede apreciar en pinturas rupestres de Callejón Punku (Fig. 7e); Warachani Alto (Fig. 7h) y Qelqasqa Qaqa (Fig. 7i), entre otros. En Chiqtata (Fig. 12i) e Injuyuni (Fig. 12j) algunos cazadores portan un objeto en la mano que en caso de ser una estólica, se diferencia de los demás propulsores por tener en uno de los extremos en vez de un gancho un corto trazo transversal formando una cruz con el astil.
La mayoría de los cazadores sostienen el propulsor con la mano derecha en la parte posterior. Tienen el brazo alzado o doblado hacia arriba. Uno de los cazadores de Warachani Alto (Fig. 7h), con el brazo izquierdo levantado, sostiene el lanzadardos con la mano en el extremo anterior y en posición vertical. Una figura similar observamos en el panel de Qelqasqa Qaqa (Fig. 7k). En la figura 12c un cazador de diseño lineal tipo B dispara un dardo en plena carrera. No siempre la estólica se encuentra en la mano del cazador. En escenas de caza de Qarita (Fig. 8) y Hatun Chilku Unu (Fig. 10), estólicas con o sin gancho aparecen sueltas, al lado de la cabeza de figuras humanas dispuestas en hilera.
El tamaño del lanzadardos varía en relación al tamaño de las figuras humanas. Sin embargo, como los diseños antropomorfos raras veces se ajustan a las proporciones reales, esta relación no sirve para estimar la longitud del instrumento. Las estólicas usadas por los cazadores del Arcaico y Formativo de la región probablemente medían en promedio unos 50 centímetros (alrededor de un tercio del tamaño de los dardos) y fueron hechas de chonta, madera dura de la zona selvática. Para mayores detalles sobre el uso de propulsores durante la época prehispánica de América del Sur (Argentina, Colombia, Perú) se recomienda consultar los trabajos de Uhle (1907), Alejo (1936), Casanova (1944), Ravines (1990) y Marriner (2000).
Figs. 7a-k: Figuras de cazadores premunidos con propulsores y dardos
Los dardos: Son los objetos más frecuentemente representados, a veces junto con la estólica, otras veces sin ella. Los dardos son delgados y relativamente largos. Los de mayor longitud aparecen en uno de los cazadores en el panel de Chiqtata (Fig. 12i). La mayoría de los dardos son representados por medio de simples trazos rectos continuos o punteados, sin puntas de proyectil y deflectores, pero existen algunas excepciones de esta convención como veremos más adelante. Los dardos son representados en forma unitaria o atados en un haz, sostenidos en la mano o enganchados al cuerpo de los cazadores, volando por el aire o clavados en animales de presa, sean estos camélidos o cérvidos. El cazador suele portar los dardos de reserva en forma de un haz atado a la altura de la cintura o del pecho y en escasas ocasiones también en una de sus manos (Figs. 12g, 12j). En varios sitios rupestres de la zona de estudio los cazadores cargan más de un dardo –entre tres hasta seis– a manera de un atado en posición transversal al eje del cuerpo. Para hacer visibles los dardos, los artistas los pintaron en hileras paralelas y horizontales, a veces uniéndolos a la altura de la cintura del cazador. Este los sujeta con una mano, mientras que con la otra sostiene la estólica. Para la ausencia de puntas de proyectil reconocibles en los dardos representados hay dos explicaciones posibles: Puede tratarse de una convención representacional ampliamente difundida en la región o significar que el extremo distal de los dardos en vez de ser reforzado por una punta en forma de un artefacto lítico solo fuera aguzado y endurecido a fuerza de fuego. El único dardo con punta de proyectil distinguible lo registré en el panel de Chiqtata en una escena de caza, cuyo dibujo y descripción ya fueron publicados en trabajos anteriores (Hostnig 2007:22, 2010:67).
Hay cazadores que llevan consigo un único dardo grueso que cruza el cuerpo a la altura de la cintura. En este caso, para que el objeto sea reconocible como dardo, los pintores engrosaron el extremo distal del astil para representar lo que sería una punta de proyectil exageradamente grande o la representación de la emplumadura (Figs. 7a-c, 14a-f). En Sinjillani y Punkini, los cazadores transportan dardos que terminan en el extremo proximal en una clase de tridígito, que probablemente represente las plumas estabilizadoras (Fig. 12e). Otra forma de indicar el deflector es mediante una bola estrellada en uno de los extremos del dardo como en Aqhutera (Fig. 7a) o mediante el simple engrosamiento del extremo posterior como en Hak’aklluni (Fig. 9) y en muchos otros sitios rupestres tempranos. Es posible, sin embargo, que en algunos casos lo interpretado como dardo sean los brazos extendidos de la figura humana.
La abstracción de la figura humana, como hemos visto, se extiende también a los dardos, que frecuentemente tienen forma de simples trazos punteados. Esta forma de representación de los dardos se ha registrado en al menos una docena de sitios (Figs. 11, 12b, 12e, 16). Contrario a lo que sostuve en mis primeras publicaciones sobre el arte rupestre de Macusani-Corani, no representa una peculiaridad de las pinturas rupestres de la zona de estudio, ya que registré en el 2017 el mismo patrón de representación de dardos en sitios rupestres tempranos de la provincia de Espinar, a 170 km al sur de Carabaya.
En el panel de Wanaquiata llama la atención un cazador cuyos dardos están unidos cerca de los extremos delanteros mediante un trazo transversal grueso, quizás la representación de una clase de amarre para evitar su juego libre durante el transporte (Fig. 13).
Figs. 12a-j: Cazadores armados con dardos, con o sin estólica.
En uno de los paneles del sitio Hak’aklluni en el sector de Oqhoruni de la comunidad de Isivilla, los artistas pintaron un objeto aislado yuxtapuesto a la cabeza de dos de los cazadores que interpreto como dardos por la similitud con aquel que el individuo porta a la altura de la cintura. (Fig. 9). El astil del dardo yuxtapuesto es más delgado y termina en una punta sub-triangular de proporciones exageradas. En el sitio Injuyuni, en el espacio libre entre varios cazadores premunidos de estólicas y dardos fue pintado un dardo sin punta, pero con el detalle de las plumas estabilizadoras (Fig. 12j).
La yuxtaposición de armas a las figuras humanas encontramos también en pinturas de épocas más tardías. En el gran panel de Qelqasqa Qaqa, por ejemplo, pequeños objetos que posiblemente representen hachas, fueron pintados al lado de la cabeza de personajes alineados en hilera horizontal, ricamente adornados con tocados y vestimentas polícromas (Fig. 63). Por su ubicación en la escena y su tamaño reducido asumo que se trata de hachas simbólicas pertenecientes a la parafernalia ceremonial del grupo humano que produjo las pinturas.
Por lo general, los dardos y la estólica están pintados en el mismo color rojo oscuro que la figura del cazador. Sin embargo, en varios sitios encontramos también combinaciones cromáticas en las representaciones de cazadores premunidos con dardos. En Injuyuni, por ejemplo, varios cazadores fueron pintados en rojo, mientras que los dardos que portan en la mano o en la cintura, aparecen en naranja (Fig. 12i). En Chiqtata, cazadores de cabeza roja y prenda de vestir y piernas de color naranja, llevan un atado de dardos rojos a la altura del pecho (Fig. 12h, 34). Y en Chawsilluywanka, un cazador bícromo (verde-rojo) sujeta un dardo de color rojo (Fig. 31). Los tres sitios pertenecen a la comunidad de Tantamaco en Macusani. En Qelqasqa Qaqa un cazador de color blanco, decorado con puntos rojos, está representado con dardos blancos, pero con sectores intermedios y puntas rojas (Fig. 6c), mientras que otro del mismo color blanco porta haces de dardos rojos a la altura de la cintura (Almonte y Aroquipa 2013:86).
En varios sitios de Macusani existen representaciones humanas integradas en escenas de caza, que parecieran estar portando un objeto corto en una de sus manos. Sin embargo, si nos fijamos en los dibujos de cazadores con propulsores de las figuras 14a-14f, nos damos cuenta que lo que parecen ser los brazos extendidos del cazador y el objeto mencionado, podría más bien representar la abstracción de un dardo o la simplificación de un haz de dardos, con la emplumadura engrosada. En los individuos premunidos de estólicas, los pintores dibujaron el brazo que lo sostiene doblado hacia arriba, a la altura del hombro como corresponde.
Figs. 14a-f: Forma abstracta del dardo portado por cazadores en paneles de Macusani.
Porras o garrotes: El armamento de los cazadores incluye también un palo corto sin o con cabeza, usado probablemente como arma contundente para el remate de presas heridas o acorraladas. Lo portan algunos de los diminutos seres humanos del “tipo esquematizado de volumen corporal” que rodean las estructuras interpretadas como cercos en cuyo interior se encuentran camélidos atrapados, tratando de escapar de la emboscada. La porra es presentada mediante un trazo recto y grueso que porta el hombre en una de sus manos. La otra mano queda invisible (Figs. 15a-c). Ejemplos de figuras humanas empuñando esta arma tenemos en los sitios Chiqtata y Huch’uy Lawana. En este último sitio se observan 10 cazadores de tamaño minúsculo que acechan a siete camélidos notablemente más grandes desde la periferia de un cerco subcircular (Fig. 42).
Figs. 15a-c: Cazadores con posibles porras
El lazo: Aparte del lanzadardos, los dardos, posibles venablos y la porra, el utillaje de los cazadores arcaicos y posteriores de la zona altoandina de Carabaya comprendía también el lazo. Como material para la fabricación de lazos pueden haber servido tiras de piel curtidas, tendones trenzados o cordones tejidos con fibras de animales abatidos. Su empleo en las actividades cinegéticas fue recurrente y se ve representado en varios paneles de Macusani, Corani e Ituata. Será descrito con mayor detalle en el capítulo sobre las figuras humanas participando en faenas de caza y captura de camélidos.
Otros objetos
En algunos paneles tempranos de Macusani-Corani con escenas pertenecientes a la categoría temática 1 (escenas de caza) se observan figuras humanas que transportan objetos en el hombro, en la espalda o sobre la cabeza. En Sinjillani II, a pocos kilómetros del caserío de Samilía, Germán Onofre, oriundo de la comunidad de Tantamaco, halló un panel compuesto de cuatro figuras humanas portando dardos punteados a la altura de la cintura. Uno de estos individuos se desplaza hacia la izquierda del observador y lleva en el hombro lo que parece ser una cría de camélido. No se distinguen los brazos de la persona que posiblemente se confunden con la silueta del animal (Fig. 16).
En uno de los sitios del sector Qarita, un hombre armado con una lanza carga un bulto en la cabeza y lo sostiene con una de las manos (Fig. 17). En el panel de Warachani Alto en la comunidad de Tantamaco, un antropomorfo de color rojo, probablemente un cazador, lleva un fardo o bulto en la espalda y exhibe con las manos un objeto largo y ancho con apéndices puntiagudos en ambos lados (Figs. 18a-b). Su función y significado es una incógnita. Un cuarto ejemplo de seres humanos transportando objetos en la espalda se presenta en las pinturas rupestres de Qurpamachay en Corani, que se mencionarán a mayor detalle en la descripción de la categoría temática 3 (desplazamientos colectivos).
ATUENDOS
Prendas de vestir (faldellines y vestiduras con o sin flecos): Los atributos extra-somáticos de las figuras humanas en las pinturas rupestres de Carabaya, aparte de las armas y otros objetos, comprenden también elementos de la indumentaria como tocados, vestimentas y adornos del vestuario. Lo que interpreto como posibles pinturas corporales, será tratado en un capítulo aparte.
Los autores de las pinturas rupestres tempranas de Carabaya no eran muy proclives a mostrar las prendas de vestir de los personajes representados. Uno de los pocos ejemplos es una figura humana de Chiqtata (Fig. 12h) que parece estar vestido con una túnica. Es de color naranja y está adornada con un borde de flecos de color rojo. Las piernas del personaje (también de color naranja) se encuentran adornadas con rodilleras, representadas mediante pequeños trazos verticales de color rojo.
Faldellines y vestiduras o camisetas con o sin flecos: Un atuendo claramente identificable en figuras humanas de Macusani-Corani es el faldellín, representado mediante pabilos que cuelgan de la cintura de manera que se transparentan las piernas de los individuos. Lo usan los “danzantes” del panel de Wanaquiata (Fig. 23a, 67, 68) que forman una fila horizontal de seis figuras dispuestas de perfil y en posición dinámica corriendo hacia la derecha del observador. Los pabilos, de color verde, permiten traslucir las piernas de color anaranjado.
Figs. 23a-d: Representación de faldellín y camisetas adornadas con flecos
Adornos cefálicos: Muchas de las figuras humanas en los paneles de Carabaya están adornadas con un tocado o adorno cefálico, aunque en algunas representaciones no siempre se puede distinguir entre forma de cabeza y forma o tipo de tocado. En algunos casos los pintores pueden haber prolongado la cabeza para indicar un turbante o gorro tubular terminando en punta o sin punta.
Figs. 24a-dd: Diferentes tipos de
tocados en el arte rupestre de Macusani-Corani.
Decoración cefálica y corporal: En cuatro sitios rupestres de Carabaya (distritos Macusani e Ituata) se distinguen figuras humanas, cuyas cabezas o cuerpos fueron decorados mediante rayas horizontales o verticales, puntos u otros diseños. En el caso de las decoraciones en la cabeza podría tratarse de pintura facial. Un ejemplo son las cuatro figuras algo desvaídas del panel de Warachani Alto en la comunidad de Tantamaco, las que parecen participar en una ceremonia. Sus cabezas llevan como ornamento entre dos y cuatro rayas paralelas horizontales de rojo oscuro (Fig. 29c-e). Incluso el personaje con cabeza zoomorfa está decorado de esta manera (Fig. 26). Uno de los “danzantes” exhibe un diseño más sofisticado, con la raya superior unida con la de en medio a través de una línea vertical (Fig. 29e). En Qelqasqa Qaqa, el rostro de una figura interpretada como “danzante”, está ornamentado con tres marcas horizontales paralelas en los carrillos (Fig. 29b). Probablemente nunca sabremos si fueron pinturas faciales, tatuajes o marcas hechas mediante la escarificación facial.
El valor diagnóstico de los detalles extra-somáticos Los detalles extra-somáticos, particularmente los objetos identificados como armas, pero también los tocados y vestimentas- aportan valiosa información etnográfica sobre el sistema de caza practicado durante el Arcaico y Formativo temprano y la importancia de los ritos y ceremonias en la vida social de los antiguos pobladores de Carabaya. En cuanto al armamento hubo una preferencia marcada por el uso de la estólica y dardos. Algunos de los objetos oblongos en las manos de cazadores podrían eventualmente representar también lanzas arrojadizas, mientras que los artefactos más cortos deben ser porras para el remate de la presa herida. No se encontró representaciones de arco y flecha que recién se popularizaron en el área andina al parecer hacia finales del Formativo. Lo mismo vale para la boleadora, arma de caza y guerra muy difundida entre los antiguos cazadores patagónicos y otras regiones del sur andino, que no parece haber sido usada en la zona altoandina de Carabaya, ya que con un paisaje marcado por bosques de roca y un laberinto de cañones no hubo escenarios donde su empleo resultaba eficaz. Por la ausencia de representaciones de arco y flecha en los paneles deduzco que las figuras de cazadores, armados con propulsor y dardos y quizás venablos o lanzas arrojadizas, son obra de pintores tempranos del Arcaico o inicios del Formativo. El hecho de no hallar representaciones de arco y flecha en paneles más tardíos, por ejemplo durante la época del Horizonte Tardío, cuando el empleo de este tipo de armas ya debe haber sido común al menos para fines de caza de camélidos silvestres, cérvidos y fauna menor (p. ej. vizcachas) en gran parte de los Andes centrales, tiene su explicación en el cambio radical del repertorio temático de las manifestaciones rupestres a partir del Formativo tardío (asignación temporal tentativa) que se manifiesta en la priorización de motivos y composiciones abstractas y en la representación de camélidos domesticados esquematizados, asociados o no a figuras humanas. Llama la atención la gran variabilidad de tocados en las representaciones humanas. Con pocas excepciones, todos están conformados por una o varias apéndices interpretados como plumas o combinaciones de una clase de bonete o turbante con plumas. Están presentes, aunque todavía en formas simples, en algunas de las primeras representaciones humanas que atribuyo tentativamente al Arcaico Medio o Tardío. Al parecer durante el Formativo, con el auge socioeconómico de las sociedades altiplánicas, estos adornos cefálicos se volvieron cada vez más complejos y vistosos, sirviendo como distintivos entre grupos humanos, como marcadores de la identidad étnica de los personajes representados o como rasgos distintivos entre personas que ejercían diferentes funciones y ostentaban diferentes estatus y poder político, similar a lo ocurrido en tiempos prehispánicos en otras áreas del centro sur andino (Berenguer 2006, Martel 2004). En las manifestaciones rupestres del sur peruano son raras las representaciones de figuras humanas con máscaras de animales o tocados animales. Los casos más conocidos son Toquepala en Tacna (Guffroy 1999:36-39), Sumbay en Arequipa (Hostnig 2011a) y Cebadapata en Grau, Apurímac (Hostnig 2013). En los tres casos, los personajes representados con cabeza de ave u otros animales no identificados están asociados con camélidos silvestres en fuga, por lo que las máscaras pueden haber servido para fines de acecho o haber sido usado por el chamán del grupo, para un ritual relacionado con la caza. En el sitio de Warachani Alto en Macusani, el portador de la máscara que participa en una actividad ritual colectiva, no se encuentra asociado a camélidos y no forma parte de una escena venatoria, por lo que es probable que hacia fines del Arcaico e inicios del Formativo el uso de tocados animales o máscaras zoomorfas se haya hecho patente en otras esferas rituales de los grupos humanos asentados en la zona de estudio. El vestido y la falda con flecos parecen haber constituido una prenda muy difundida entre el suroriente peruano (vertiente oriental de la Cordillera andina) y la zona desértica en el norte de Chile. Respecto a la primera prenda de vestir, Montt (2002) quien estudió diferentes tipos de faldellines del Norte Grande de Chile (cuenca de los ríos Loa y Río Salado), distingue entre faldellines segmentados (con o sin transparencia) y faldellines segmentados continuos o faldas continuas. El faldellín segmentado, de mayor representatividad, lo atribuye al estilo Confluencia que se ubica en el período Formativo (1400 a.C. hasta 100 d.C.). La característica principal de este tipo de faldellín es su transparencia, ya que deja ver detrás de los pabilos colgantes la anatomía de las piernas. En el caso de figuras de cazadores vestidos con faldellines en los paneles del Río Salado, Horta (2002, 2004) y Berenguer (1999, 2004) proponen como cronología relativa, estimada en base a los resultados de análisis de C14 de artefactos hallados en los sustratos de los aleros, el Formativo Temprano. Es posible que en la zona altiplánica de Carabaya el uso de esta vestimenta, limitado al ámbito festivo y ritual, corresponda al mismo periodo, aunque por el patrón estilístico de los camélidos que en algunos casos forman parte de las composiciones integradas por danzantes, estas podrían datar también del Arcaico Tardío.
USO DE COLORES EN LA REPRESENTACIÓN HUMANA En la gran mayoría de los sitios rupestres con presencia de representaciones humanas en los paneles, los pintores emplearon exclusivamente pigmentos de color rojo, generalmente de tono oscuro. Son poco frecuentes los sitios con figuras antropomorfas en colores distintos como el negro, blanco, naranja, amarillo y verde. En Wanaquiata llaman la atención dos figuras humanas bícromas del tipo esquematizado con volumen corporal. Uno de ellos tiene la parte superior del cuerpo de color rojo y la parte inferior en verde, mientras que en la otra persona esta distribución de colores está a la inversa (Fig. 30). Ambos personajes llevan un dardo adherido a la cintura en ángulo recto al eje del cuerpo, están vestidos con faldellín rojo y en sus cabezas llevan un tocado sencillo del mismo color compuesto por lo que parece ser una pluma. Sus cuerpos, altamente esquematizados, son rectangulares y sus extremos (cabeza y parte inferior del tronco) redondeados. Carecen de cuellos y les faltan los brazos, un patrón de representación bastante difundido en el arte rupestre temprano del área. Las puntas de ambos dardos están orientadas hacia la derecha del observador. Delante de la punta de proyectil del personaje de la derecha se observan restos de una figura humana de color rojo. La inversión de colores en figuras humanas de Carabaya representa un recurso artístico que se encontró en al menos tres sitios (Q’ara Q’ara, Wanaquiata y Qelqasca Qaqa) En el sitio Chawsilluiwanka, ubicado a menos de dos kilómetros de Wanaquiata en la parte alta de un cerro frente al caserío Samilía, una figura antropomorfa relativamente grande en relación a los camélidos asociados está dividida en dos mitades o biseccionada verticalmente, el lado izquierdo pintado de color verde y el lado derecho en rojo (Fig. 31). En Hatun Chilku Unu, dos individuos vestidos con túnicas largas, parados sobre una línea, fueron pintados en los colores rojo-naranja (Fig. 33).
La bicromía se extiende también a los atributos extra-somáticos como la vestimenta, los dardos y adornos corporales como los tocados. En Injuyuni (Fig. 12j), cazadores de color rojo llevan dardos de color naranja y en Chiqtata 1 (Figs. 12h), la figura humana es de color naranja y los dardos fueron ejecutados con un pigmento rojo. En Q’ara Q’ara, dos individuos destacan por su adorno cefálico de forma cónica bisectada verticalmente, de color verde en el lado derecho y rojo en el izquierdo (Figs. 27 y 28). Los juegos de colores y la policromía con involucramiento de hasta cuatro colores son particularmente llamativos en los cazadores y danzantes de Qelqasqa Qaqa (Fig. 64). No disponemos de datos de análisis de laboratorio sobre las características físico-químicas de los pigmentos usados en las pinturas rupestres de Carabaya, pero es de suponer que provienen de minerales disponibles en la zona que se destaca por su riqueza mineral. Existen en Carabaya según Acosta et al. (2011) ensambles de hematita (Fe2O3), limonita (FeO(OH)nH2O) y vetas de sulfato de cobre (CuSO4), aparte de varios otros minerales y canteras de arcilla que pueden haber servido como materia prima para la preparación de mezclas de pigmentos con algún aglutinante protéico.
DISTINCIÓN DE SEXO Por lo general, las figuras humanas representadas en los sitios de Macusani-Corani no muestran una clara distinción de sexo, con excepción quizás algunas figuras humanas abstractas de la variante 1 del tipo A, cuyo apéndice entre las piernas puede ser interpretado como miembro varonil. Se supone que en las sociedades andinas de cazadores-recolectores regía una división de trabajo según el género y que la actividad cinegética era principalmente tarea de los hombres, mientras que las mujeres se dedicaban al faeneo de las presas cazadas y a actividades conexas. Es de suponer que el uso de estólica y dardos era privativo de los hombres y que todas las figuras representadas con estas armas sean por ello de sexo masculino. Las mujeres de los cazadores pueden haber ayudado, sin embargo, en las campañas de caza participando en el ojeo o arreo de las presas hacia los cercos por lo que las hileras de antropomorfos asociados a camélidos silvestres pueden estar compuestas por individuos de ambos sexos. El faldellín puede haber sido usado por hombres y mujeres por lo que no sirve como elemento diagnóstico del género. Es muy probable, no obstante, que los individuos vestidos de faldas cortas con flecos, dispuestos en hilera en el panel de Qelqasqa Qaqa (Fig. 23b) y Hak’aklluni (Figs. 23c, 23d, 83) e interpretados como “danzantes”, sean mujeres, asumiendo que ellas no solo deben haber asistido a determinadas ceremonias y actividades de la esfera ritual, sino incluso jugado en ellas un papel preponderante. El despliegue de los detalles de la ropa y de los tocados en las figuras de “danzantes” podría ser también un indicio de la intervención de mujeres en la obra pictórica, de pintoras que se destacaron por su destreza en el manejo de los pinceles y por su sentido de estética.
LA FIGURA HUMANA EN COMPOSICIONES ESCÉNICAS
Entre los aspectos más resaltantes de las manifestaciones rupestres de las zonas altoandinas de Carabaya destaca la riqueza de composiciones escénicas. El número y variedad de las escenas representadas es tal que amerita su clasificación en categorías según la temática representada.
La frecuencia relativa de escenas de las diferentes categorías da pautas sobre las preocupaciones prioritarias de los grupos humanos que habitaban estas zonas en las sucesivas épocas culturales y sobre el cambio de las prioridades en la esfera económica, espiritual y ritual.
Cuadro 1: Categorías temáticas y número de sitios rupestres que corresponden a estas categorías
*Nota: Un sitio puede contener uno o varios paneles con escenas de una de las categorías establecidas o de diferentes categorías. Asimismo, un panel puede contener una o varias escenas de una misma categoría o escenas de diferentes categorías.
De los 101 sitios rupestres prehispánicos con representaciones humanas que forman el universo de este estudio, 62 de ellas o el 61.3 por ciento del total contienen escenas que corresponden a la categoría 1 “Figuras humanas integradas en actividades de caza de camélidos silvestres y cérvidos”. Las siguientes categorías más frecuentes agrupan las figuras humanas que conducen o pastorean camélidos domesticados (n=21) y aquellas involucradas en probables actividades religiosas o rituales (n=14). Las escenas de confrontación conforman la cuarta categoría en términos numéricos (n=4). La categoría menos frecuente (n=3) son las representaciones de desplazamientos colectivos.
En 11 sitios existen figuras humanas que aparecen aisladas o que no representan alguna actividad reconocible por lo que no se las podía adscribir a una de las 5 categorías propuestas. Son marcadas con una “x” en las listas de sitios en el anexo 2.
Con respecto a la interpretación de escenas y su clasificación en categorías quisiera remarcar que soy consciente de que resulta una tarea subjetiva, que está sesgada por connotaciones culturales propias. Considero, no obstante, que la agrupación y categorización de escenas similares entre sí por la posible actividad que representen las figuras humanas involucradas, sigue teniendo utilidad como herramienta y unidad de análisis para avanzar en la comprensión del arte rupestre de la zona de estudio.
Categoría temática 1 Figuras humanas relacionadas con faenas de caza y captura de camélidos
La escenificación de la caza y captura de camélidos silvestres fue el tema predilecto y casi exclusivo de los pintores tempranos de Carabaya. Los antropomorfos de esta categoría forman parte integral de escenas en las que ellos interactúan entre ellos mismos y con los animales. Ejercen la función de cazadores principales buscando abatir a los animales con sus armas arrojadizas o cumplen el rol de sus asistentes o auxiliares dedicados al ojeo y acorralamiento de las tropillas de camélidos silvestres o cérvidos. Otros, armados de palos o mazos, parecen tener la tarea de rematar a los animales heridos y atrapados en los cercos o trampas naturales o artificiales hechos con piedras o mallas.
La presa, sean camélidos silvestres o cérvidos, es representada o en el estilo “diagnóstico” de Macusani-Corani que se caracteriza por la forma rectangular del cuerpo y por extremidades cortas, delgadas y rectas o con una tendencia marcada hacia el naturalismo, es decir con proporciones anatómicas bastante realistas (relación cuerpo-cuello-extremidades) y con detalles notables en los muslos y pesuñas. Los dos patrones estilísticos que asigno al Arcaico, parecen coincidir temporalmente, aunque existen indicios (superposiciones) según los cuales el primero tendría mayor antigüedad y haya perdurado durante un lapso de tiempo mayor. En ambos patrones de representación, las figuras humanas, contrario a las figuras zoomorfas, corresponden a diseños simples, con formas entre muy abstractas y diferentes grados de esquematización. En la fase temprana de la producción pictórica, las figuras de los cazadores suelen ser de tamaño reducido en comparación con los camélidos o cérvidos, con dimensiones de entre 1.5 a 3 cm de alto frente a 10 a 15 cm de largo corporal de los ungulados (Huch’uy Lawana, paneles tempranos de Hak’aklluni, figs. 42 y 43). En épocas posteriores las dimensiones de figuras zoomorfas y humanas corresponden más a sus proporciones reales (Hak’aklluni, fig. 42). En períodos agropastoriles, la representación antropomorfa llega a superar en tamaño al de los camélidos con los que se encuentra asociada (Uñera Pukiw y Hatun Qaqayuq, figs. 71 y 74).
Las representaciones de escenas de caza nos muestran que ésta se realizó de manera grupal, sin llegar a formar un verdadero chaku, estrategia cinegética prehispánica descrita por el cronista Cieza de Leon (1977:59-61) que implicaba la participación de grandes contingentes de personas y la existencia de planicies extensas. El sistema de caza representado en los paneles de Carabaya se parece más al cayco, una clase de caza en batida y de emboscada, descrita por Lavallée et al. (1995). Esta estrategia, a diferencia del chaku, requiere menos gente y se adapta mejor a un terreno irregular. Requiere de sus participantes un amplio conocimiento de la topografía de la zona y del comportamiento de los animales. Consiste en el ojeo o arreo de los camélidos y cérvidos hacia la zona de captura o abatimiento, en el acorralamiento en cercos naturales o artificiales y en el remate de los animales atrapados. Las condiciones topográficas de los actuales distritos de Macusani y Corani, con sus estrechos cañones y laberintos de roca de toba volcánica se prestan sin duda para la aplicación de esta estrategia de caza, es decir la conducción de manadas de animales (camélidos o cérvidos) hacia trampas naturales o construidas por el hombre, usando mallas o cuerdas con flecos colgantes, eventualmente también cercos de piedras.
En varios paneles de sitios rupestres de Macusani se encuentran hileras de figuras antropomorfas sin armas o armados con una clase de mazos, formando cercos humanos para encerrar animales o estando apostados alrededor de los cercos naturales o artificiales. En Chilku Unu Punku, once individuos alineados en una hilera aparecen unidos por los brazos, en posición frontal (Fig. 35). Miden entre 3 y 6 cm de alto y tienen cabezas redondas y de color anaranjado, mientras el cuerpo es rojo. Carecen de atributos extra-somáticos y están asociados a camélidos silvestres en fuga y a cazadores aislados, por lo que asumo que la cadena humana cumple un papel en la actividad cinegética, aunque puede tratarse también de una actividad ritual en función de la caza. Lo mismo vale para la hilera de figuras humanas esquematizadas, de color naranja, representadas igualmente de frente y superpuestas sobre un camélido grande de color rojo en el gran panel de Q’ara Q’ara, (Fig. 36).
Ninguna escena de caza es idéntica a otra. Varían según el número de animales y cazadores involucrados, la posición de los cazadores en o alrededor del cerco al que fueron arreados los animales, el patrón de representación de los camélidos y antropomorfos, etc. Ante la enorme cantidad de las escenas registradas, cuya descripción rebasaría el marco de este trabajo, me referiré solo a unos pocos que considero representativas.
La escenificación más común de la actividad cinegética se puede ejemplificar a través de un extracto del panel de Qaritakunka, Macusani, donde una tropilla de camélidos silvestres (probablemente vicuñas) fue arreada hacia una estructura semicircular que debe representar un cerco de piedras, un embudo natural formado por rocas o farallones o un encierro artificial con cuerdas (Fig. 37). Los camélidos tienen pescuezo largo, lomo y cuatro patas rectas y vientre poco pronunciado. Los cazadores, armados de dardos y estólica, se encuentran posicionados en la entrada del cerco evitando la fuga de los animales. Su tamaño es menor que él de los camélidos. Los dardos tirados por los cazadores ya han alcanzado a tres de los camélidos. Dos camélidos adultos y uno juvenil corren fuera del cerco, pero al interior de una línea curva con apéndices equidistantes, que posiblemente represente una cuerda con cintas colgantes como la que siguen usando en los chaku actuales para la captura de vicuñas (Baldo et al. 2013, fig. 41). En el sitio Chiqtata se repite una escena de caza de manera muy similar (Fig. 38). Allí, diminutos seres humanos armados con dardos lograron encerrar una tropilla de cinco camélidos silvestres en un cerco semiredondo compuesto por las mismas estructuras: una línea curva con apéndices equidistantes y dos líneas paralelas segmentadas que se unen en los extremos y forman una semiluna. En las aberturas entre ambos elementos se encuentran apostados tres cazadores que buscan dirigir a los animales hacia la estructura semicircular donde serán abatidos. Las figuras antropomorfas grandes al lado de las estructuras al parecer no forman parte de la escena. Los camélidos tienen cuerpos muy delgados y cuatro extremidades articuladas en posición de carrera, distintas a las de los camélidos de Qaritakunka que son representadas con trazos paralelos rectos, pero no en una postura estática, sino también indicando movimiento mediante la inclinación de las patas delanteras y traseras hacia adelante y atrás.
Si comparamos las escenas de caza de los sitios Qaritakunka, Chiqtata, Huchuy Lawana y Hak’aklluni y Uñera Pukiw, notamos diferencias notables en los patrones de representación de los camélidos. En Uñera Pukiw (Fig. 40), el grado de esquematización de los camélidos denota un patrón estilístico que considero postarcaico. Sin embargo, se mantienen casi inalterados los diseños de los cercos.
Dispositivos para atrapar las presas
Como se ha podido apreciar en las ilustraciones anteriores, los pintores de Carabaya representaron en los paneles distintos dispositivos para atrapar a los animales de caza, sean estos camélidos silvestres o cérvidos. En la figura 45 se presentan estas barreras aisladas de su contexto para facilitar su sistematización. Las estructuras interpretadas como espacios de encierre consisten en:
1. Estructuras simples
1a Líneas curvas simples (sitios Huch’uy Lawana, Chiqtata II). 1b/1c Líneas curvas con apéndices cortos y rectos u oblicuos equidistantes que se proyectan de un lado de la línea (del lado exterior o interior del encierre). 1d Líneas dobles paralelas, cerradas en sus extremos y cuyo espacio interior está dividido por trazos rectos. Forman por lo general un semicírculo o círculo con una pequeña apertura. 1e Líneas dobles paralelas, cerradas en sus extremos y cuyo espacio interior está dividido por trazos entrecruzados. Forman por lo general un semicírculo o círculo con una pequeña apertura. 1f Líneas dobles paralelas, cerradas en sus extremos y cuyo espacio interior está dividido por trazos rectos. Forman una estructura recta. 1g Rectángulo con trazos paralelos cruzados en el interior (red o malla). 1h/1i Formas romboidales alineadas cuyo espacio interior contiene un entramado de rayas paralelas o un reticulado (redes o mallas en cadenas).
A manera de hipótesis propongo que el dispositivo 1a consiste de una cuerda con cintas, mientras que las otras estructuras pueden representar barreras físicas naturales (rocas, encañonada), cercos de piedra pircada o mallas sujetadas con palos.
2. Estructuras combinadas
Captura mediante lazos
Una técnica de caza de camélidos silvestres, bastante difundida en el sur del Perú, era la caza a lazo. Fue empleada casi exclusivamente para camélidos (registró una sola escena donde enlazan posibles cérvidos) y puede haber tenido como fin no el abatimiento de la presa, sino su captura para reproducirlos luego en cautiverio. En sitios como Unut’inkuy, Uqhutira, Qurpamachay, Qaritakunka, Qelqasqa Qaqa, Alqamarini, en el abrigo de Chaku cerca de Macusani, en un sitio en la parte alta de la margen izquierda del cañón de Hatun Chilcuhuno y en un panel de Hak’aklluni en Corani registré escenas de captura de camélidos silvestres mediante lazos (Figs. 46-52). Los camélidos capturados, con preferencia quizás hembras preñadas (sitio Chaku) o con crías (Unut’inkuy), pueden haber servido para el aprovechamiento controlado de la fibra de los animales y para fines de domesticación. Estas escenas pertenecen a diferentes tradiciones rupestres de la zona, siendo la de mayor realismo la del sitio Chaku que se destaca además por el poco frecuente color verde aplicado en la representación de los camélidos (Fig. 46). La escena de Unut’inkuy es particularmente interesante puesto que muestra a un personaje jalando simultáneamente a tres camélidos hembras a las que siguen sus crías (Fig. 52). En un sitio rupestre en la parte alta de la margen izquierda de la quebrada Hatun Chilku Unu atrae la atención un panel con una escena extensa de caza de camélidos, en la que varios cazadores corren detrás de los animales abatiéndolos con sus dardos, mientras que otros acaban de capturar dos camélidos mediante el uso de lazos (Fig. 48). Estas escenas se diferencian de las pertenecientes a la categoría temática 5 (figuras relacionadas con la conducción de camélidos domesticados) básicamente por el realismo de los animales representados (proporciones correctas y diferentes grados de animación) que denotan su estado salvaje, y por el contexto composicional caracterizado en la mayoría de los casos por la escenificación de la caza. Es curioso que en varias escenas de captura de camélidos silvestres mediante lazos, los hombres llevan enlazados simultáneamente dos hasta tres animales. El sitio con mayor número de camélidos enlazados es Alqamarini en Macusani, donde registré 5 micro-escenas, compuestas por una figura humana que jala simultáneamente a uno, dos o a tres camélidos (Fig. 508).
Categoría temática 2 Figuras humanas integrando posibles escenas de confrontación
Esta categoría está relacionada con la anterior, puesto que si bien la temática difiere de esta, las figuras antropomorfas representadas en actitudes de confrontación (encuentros belicosos reales o rituales) con otros seres humanos son morfológicamente y en cuanto a su armamento (estólica y dardos) muy similares a los que aparecen en las escenas de caza de camélidos. Al llevar los contrincantes la misma indumentaria y ser representados sin mayor distinción formal entre ellos, supongo que se trata de enfrentamientos entre grupos humanos de la misma zona o región.
Categoría temática 3 Figuras humanas en escenas de desplazamiento colectivo
Se trata de escenas en las figuras humanas, dispuestas en fila, se desplazan hacia la izquierda o derecha del observador. Encontramos tres escenas de estas caravanas humanas en un gran abrigo de nombre Qurpamachay en el distrito de Corani (Fig. 60a-b), una en el panel de Chisictira, Macusani (Fig. 61) y otra en un panel de Hak’aklluni (Fig. 62). Están formadas por un número variado de seres humanos diminutos y simplificados que marchan uno tras otro sobre una línea horizontal. Algunos llevan bultos en la espalda.
Categoría temática 4 Figuras humanas participando en actividades rituales
No cabe duda que las sociedades de cazadores-recolectores y pastores incipientes de Carabaya poseían un repertorio rico de ceremonias y rituales relacionadas con determinadas etapas de la vida y sus actividades de subsistencia, la caza y la procreación de los rebaños de camélidos en camino a la domesticación o ya domesticados. Estas ceremonias deben haber comprendido, a manera de un performance, diferentes coreografías o danzas, música, cantos y quizás también carreras rituales. Coreografías o danzas rituales
Categoría temática 5 Figuras humanas involucradas en actividades pastoriles y de caravanería
En la quinta categoría se agrupan las figuras humanas vinculadas con escenas de vida pastoril y de conducción de camélidos. Estas escenas, compuestas por pastores y rebaños de camélidos o antropomorfos jalando posibles llamas mediante un lazo o cuerda, muy difundidos en sitios rupestres tanto costeños como serranos del Perú, son poco frecuentes en el arte rupestre de Macusani-Corani.
Figuras humanas sin integrar escenas
Un número significativo de individuos registrados en diferentes paneles de Macusani-Corani aparecen de manera aislada en las composiciones pictóricas sin asociación reconocible con otras figuras antropomorfas o zoomorfas, de modo que no es posible asignarlos a una de las cinco categorías establecidas. Son de una gran variedad de tamaños y estilos de representación, con formas que van desde lo lineal hasta el tipo humano de tendencia naturalista.
COMENTARIOS FINALES
El presente estudio demuestra que la figura humana, asociada o no con camélidos en los paneles, se caracteriza por una gran variabilidad morfológica y nos proporciona, a través de su asociación con otros motivos en composiciones escénicas y sus accesorios extrasomaticos, información sumamente valiosa sobre diferentes aspectos de la vida de los cazadores-recolectores y pastores tempranos de las zonas altas de Carabaya.
Convencionalismos regionales y analogías
Observamos patrones comunes en la representación del armamento del cazador y de los parapetos empleados en escenas de caza de paneles rupestres de diferentes países sudamericanos, particularmente de Bolivia, Chile y Brasil. Estas similitudes pueden en algunos casos ser casuales y corresponder a soluciones gráficas independientes, mientras que en otros deben ser el resultado del contacto e intercambio cultural entre sociedades de cazadores nómades y trashumantes durante el Arcaico y Formativo.
AGRADECIMIENTO A Julio Aroquipa y Alex Almonte por permitir la reproducción de dibujos de su excelente tesis de grado sobre las pinturas rupestres de Qelqasqa Qaqa en Ituata, Carabaya. A Julio A. también por la corrección de la escritura de varios topónimos usados en el artículo. A Edithe Pereira por hacerme llegar varias publicaciones, entre ellas la de Carlos Etchevarne sobre el sitio Toca do Pepino en el Nordeste de Brasil. A Deborah Stephens por compartir conmigo la foto del Gran Mural de Baja California y Carlos Aschero por la foto de Río Pinturas. A Robert Mark y Evelyn Billo por permitirme la reproducción de su dibujo del motivo de las mallas o redes en sitios rupestres de Nueva Mexico. A Matthias Strecker por el tiempo invertido en la revisión minuciosa y las críticas siempre constructivas al artículo. Y finalmente a Diego Martínez, por la trabajosa diagramación web del artículo y su publicación en Rupestreweb.
ANEXO Cuadro 2: Número de representaciones humanas según distrito, sitio y categoría temáticas a la que pertenecen (Ayapata, Corani. Macusani, Ituata, Ollachea). La “x” se refiere a la existencia de representaciones humanas aisladas, no integradas a una escena.
Distrito Ayapata
*Los demás motivos identificados en los paneles con representaciones humanas pueden ser contemporáneos o de épocas más tardías.
Nota: De un total 50 sitios rupestres prehispánicos registrados en la zona altoandina del distrito de Ayapata, solo en 12 se evidenció la existencia de representaciones humanas. Con excepción del sitio Ñuqa Aya, los paneles son de épocas prehispánicas tardías (probablemente Horizonte Medio hasta Tardío) y las figuras humanas de trazo muy simple y tosco. Siendo la mayoría de los sitios de épocas agropastoriles, predomina en las escenas la actividad pastoril y de conducción de camélidos que son representados de manera esquematizada. En los paneles donde las figuras humanas están asociadas a camélidos, estos superan en número largamente a las representaciones humanas.
Distrito Corani
* Antepuse el signo ≥ al número de figuras humanas cuando por el mal estado de conservación del panel se puede suponer que la cifra original haya sido mayor.
Nota: De un total de 37 sitios rupestres registrados en Corani, 23 contienen paneles con representaciones humanas, relacionadas en su gran mayoría con escenas de caza de camélidos y cérvidos. Estas escenas están frecuentemente yuxtrapuestas o infrapuestas al motivo de las composiciones abstractas.
Distrito Macusani
Nota: Identifiqué representaciones humanas en 54 de los 118 sitios rupestres registrados en Macusani. Prevalece como en el distrito vecino de Corani la categoría 1 referida a la escenificación de la caza. En 8 sitios las figuras humanas parecen estar participando en una actividad ritual o en una ceremonia religiosa (categoría 4).
Distrito Ituata
Nota: En 11 de los 20 sitios registrados por Almonte y Aroquipa (2012) en el distrito de Ituata existen paneles con figuras humanas. De estos conocí en 2013 solo tres, entre ellos el gran yacimiento rupestre de Qelqasqa Qaqa. Gracias a la gentileza de Julio Aroquipa y Alex Almonte tuve acceso a fotografías de los demás sitios. Estas, sin embargo, no cubrieron todos los paneles por lo que los datos cuantitativos indicados en la tabla de arriba no reflejan el total de figuras humanas existentes en cada sitio, con excepción de Qelqasqa Qaqa. Asigné varias figuras humanas a la categoría 5 por estar estáticas y yuxtapuestas a camélidos esquematizados sin movimiento, lo que podría indicar que se trate de escenas de pastoreo o de conducción de camélidos domesticados. Casi dos tercios de las figuras antropomorfas identificadas son del gran panel de Qelqasqa Qaqa y representan cazadores y danzantes.
Distrito Ollachea
Nota: En el distrito Ollachea sólo se consideró un único sitio, situado en la puna alta.
Cómo citar este artículo: Hostnig, Rainer. Representaciones humanas y composiciones escénicas
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