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Petroglifos del Parque Nacional Viñales, Pinar del Río, Cuba. Fuentes: Jabier Les, et al., 1998 y Archivos del GCIAR.
Las manifestaciones rupestres de esta localidad están formadas por 11 diseños pictográficos entre los que se encuentran 6 realizados en blanco, por la aplicación de una piedra margosa sobre la caliza negro-azul de la cavidad y 5 ejecutados en negro, en muy mal estado de conservación y se destacan dentro del conjunto, dos motivos que recuerdan a los ideogramas o Kanji japoneses (González, et al., 2007).
Esta estación es una solapa que se encuentra ubicada al igual que las dos anteriores en la vertiente oeste de la Sierra de San Vicente, al este del abra del mismo nombre y al NE del territorio que ocupa el parque, a 123.0 m. de altitud sobre el nivel del mar y a unos 30.0 m. al este de la Solapa de la Vaquería. Su longitud es de 30.0 m. por 4.0 m. de profundidad aproximadamente. En su parte oeste y al fondo de la misma se pueden observar cinco diseños pictográficos compuestos en su mayoría por líneas rectas y paralelas que en ocasiones se cruzan entre sí, todos fueron ejecutados en negro (González, et al., 2007).
Pictografías del arte rupestre en e Parque Nacional Viñales, Pinar del Río, Cuba. Fuente: Archivos de la GCIAR.
Pictografías del arte rupestre en el Parque Nacional Viñales, Pinar del Río, Cuba. Fuente: Archivos de la GCIAR.
2.2 COMPOSICIÓN, ESTADÍSTICAS Y DATOS FUNDAMENTALES
En lo adelante analizaremos los rasgos característicos fundamentales del arte rupestre del área objeto de estudio, aproximándonos a sus valores estadísticos de forma que estos puedan formar parte de la base de datos del Parque Nacional Viñales y sirvan de fuente de información para el enriquecimiento del Plan de Manejo de esta importante región del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.
Categoría
de las estaciones
El arte rupestre ubicado en el Parque Nacional Viñales está formado por nueve estaciones, lo que representa el 24 % de todo el conocido en la provincia de Pinar del Río y algo menos del 4 % del total nacional documentado hasta hoy.
De las nueve estaciones, seis son pictográficas, dos son petroglíficas y una es mixta o combinada, o sea donde existen las dos categorías anteriores. Esta composición representa un 67 % respecto al total del parque para las primeras, un 22 % para las segundas y un 11 % para las mixtas o combinadas (Figura 6).
Figura 6. Categorías de las estaciones
del arte rupestre del Parque Nacional Viñales.
Fuente: Los Autores.
Composición
por estaciones
El arte rupestre de esta región está compuesto por 119 diseños rupestres de los cuales 78 son pictografías y 41 petroglifos, lo que constituye un 66 % y un 34 % respectivamente.
Atendiendo a la cantidad de las pictografías es la Cueva de los Petroglifos en la Sierra de Galeras, la que más diseños presenta con 26 para un 33% del total del parque; por su parte los petroglifos son mayoritarios en la Cueva de Mesa de la Sierra de Quemados con 22 para un 54 %. Integralmente es también la Cueva de los Petroglifos, la estación mixta con más diseños con un total de 36 lo que representa el 30 % del total de los diseños de la gráfica rupestre de esta área protegida (Tabla II).
Tabla II. Composición por estaciones del
Arte Rupestre del Parque Nacional Viñales.
Fuente: Los Autores.
Solo tres estaciones rupestres de las que se encuentran en el área presentan petroglifos, que no se distinguen por exhibir un número excesivo de figuras tales como antropomorfos, radiados, retículas, espirales, trazos lineales y cenefas, por solo citar algunos.
Genéricamente todos estos diseños pueden incluirse en el grupo de los petroglifos incisos o rayados, generalmente realizados mediante el rayado de la superficie rocosa con una herramienta de dureza mayor que la del sustrato de realización. Sin embargo, es en este territorio donde aparece la Cueva de los Petroglifos, esta estación además de que presenta cinco grabados elaborados mediante el procedimiento anterior, también presenta otros cinco que fueron ejecutados mediante la técnica de ahumar la superficie rocosa, y sobre esta realizar el diseño rayando el ahumado con alguna herramienta filosa o puntiaguda (Figura 3E).
Para algunos investigadores este procedimiento es significativo pues puede ser un indicador de un requerimiento ideológico específico que estableció, en sus productores, la necesidad de realizarlos en un área en la que no era factible la utilización de técnicas comunes, por lo que se creó o aplicó un modo tecnológico único hasta hoy, en todo el Caribe insular (Núñez, et. al., 1990:66).
Los elementos antes comentados permiten establecer que de los 41 diseños petroglíficos de la región en estudio, 36 fueron ejecutados mediante la rayadura de la superficie rocosa, lo que representa un 88 % de frecuencia con respecto al total, por su parte los cinco petroglifos elaborados mediante el rayado de una superficie ahumada representan el 12 % de la frecuencia total (Tabla III).
Tabla III. Distribución de la Técnica de
Ejecución de los petroglifos
del Arte Rupestre del Parque Nacional Viñales.
Materiales
y técnicas de ejecución de la pictografías
El arte rupestre de esta zona se caracteriza por los dibujos que utilizan las tintas planas y la técnica lineal y el ahumado. La generalidad de las figuras son monocromas empleando para ello tanto colorantes blanco, negro como en la gama del rojo, este último fenómeno puede estar determinado, entre otros factores, por el desvanecimiento del pigmento o su oxidación.
Sucede algo similar que con relación a los petroglifos en cuanto a la variedad de figuras, pudiéndose apreciar motivos antropomorfos, zoomorfos, círculos, círculos concéntricos, retículas, líneas y segmentos de recta y otros patrones geométricos.
En nuestro país no ha existido ninguna investigación dirigida con profundidad al estudio y determinación de las técnicas de ejecución del arte rupestre, mucho menos al de las pictografías en específico. Tampoco se ha abordado con seriedad los materiales utilizados en la obtención de los pigmentos.
En este sentido hasta hoy solo se han efectuado cuatro análisis para determinar la composición de los pigmentos; el primero de estos se realizó en 1939, por el Dr. Rene Herrera Fritot, el que observó al microscopio un fragmento de roca con pintura que se había desprendido de la Cueva No. 1 de Punta del Este, estimando que los componentes presentes en la muestra eran dióxido de manganeso y limonita ocre, para el negro y el rojo respectivamente (Herrera, 1939: 16). El segundo se efectuó en 1956 a una muestra de los pigmentos de los dibujos de la Cueva de Pichardo, Sierra de Cubitas, Camagüey (Rivero de la Calle y Núñez 1958: 94). El tercero fue en la década del sesenta, también con muestras de colorantes de la Cueva No. 1 de Punta del Este, el que arrojó la utilización de carbón vegetal para el negro y dióxido de hierro para el rojo (Núñez, 1975: 72; Gutiérrez, et al., 2007: 108 y Fernández et al., 2009).
Lo más significativo en este sentido y que constituye un error histórico, es que producto de esas aisladas aproximaciones, se ha venido repitiendo en la literatura nacional y foránea (Guarch y Rodríguez 1980: 56; Dacal y Rivero de la Calle 1986: 37; Linville 2005: 73) el concepto de que nuestros aborígenes utilizaron los dióxidos de manganeso e hierro y el asfalto en la confección de los pigmentos, aún cuando el último y más importante de los estudios realizados sobre este tema en Cuba, es el realizado a un grupo de muestras de pigmentos de las pictografías de las cuevas de la zona de Guara, que fueron sometidas a microscopía electrónica de barrido, microfluorescencia de rayos X, saponificación microscópica y cromatografía gaseosa acoplada a un espectrómetro de gases, lo que dio como resultado la presencia de carbón de leña mezclado con un aglutinante orgánico de origen vegetal (Arrazcaeta y García 1994: 30) y no asfalto como se opinó durante años para dicha estación (Guarch y Rodríguez 1980: 56).
En nuestro caso, como se infiere de los comentarios anteriores, tampoco ha sido posible la realización de estos análisis por lo que en la actualidad solo podemos acercarnos a los colores utilizados para la ejecución de las. En este sentido es el color negro -con presencia en 47 de los 78 diseños estudiados (59 %)- el más utilizado continuándole el rojo y el blanco con un 21 % y un 19 % de presencia respectivamente (Tabla IV).
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La utilización de más de un colorante en una espelunca solo está presente en dos estaciones la Cueva del Garrafón, donde existen diseños negros y diseños blancos y la Cueva del Cura, donde aparecen diseños tanto en negro, rojo o blanco. Por su parte es hasta hoy la Cueva de los Petroglifos, la de mayor número de diseños en negro, La Solapa de la Vaquería, la que mayor cantidad de diseños rojo presenta y la Cueva del Cura la de mayor utilización del blanco (Tabla IV).
Otros acercamientos dirigidos a la técnica de ejecución han sido realizados a partir de la observación in situ (Núñez, 1975: 55 y 1985: 15; Gutiérrez et al., 2003: 97 y Gutiérrez y Fernández, 2005: 96).
En el caso que nos ocupa, nos vemos obligados a la indagación de esta problemática también por simples observaciones pues tampoco ha sido posible un análisis más profundo. De estos exámenes limitados al análisis de los diseños en las propias estaciones con lente de aumento, así como la utilización de las imágenes digitales procesadas, a partir de diferentes soportes informáticos como los software DStrech ImagenJ y CCDOPS de Maxim DL 4.0, podemos plantear con cierto rango de seguridad, que los métodos más frecuentes en el arte rupestre del Parque Nacional Viñales, son la aplicación directa del colorante a la superficie a pintar, con un 54 % de presencia, continuándole la aplicación de los colorantes con los dedos (dactilar) con un 32 % y finalmente la utilización de instrumentos (“a manera de pincel”) que refleja solo un 14 % de presencia (Figura 7).
Figura 7. Relaciones porcentuales del empleo diferenciado de las técnicas de ejecución de las pictografías en el arte rupestre del Parque Nacional Viñales. Fuente: Los Autores.
La Cueva de los Petroglifos es la estación que mayor peso tiene (62 %) en el total de las pictografías realizadas mediante la aplicación directa del colorante a la pared. Por su parte es la Cueva del Cura, la de mayor cantidad de pictografías realizadas por el método dactilar y por el empleo de instrumento, con respecto al total de diseños estudiados, con un 54 % y 92 % respectivamente (Figura 7).
Sustratos
de realización
La selección del sustrato de realización en el conjunto de estaciones que analizamos esta determinado por tres categorías, las que se pueden definir como: (1) Paredes y techos de las cavidades, (2) Formaciones secundarias (litogénesis) y (3) Morfología clástica (Bloques de derrumbes).
Tabla V. Composición de la selección de los sustratos de realización en el Arte Rupestre del Parque Nacinal Viñales. Fuente: Los Autores.
Para estas categorías es abrumadora la utilización como sustrato de las paredes y techos, representando un 96 % en contraposición con un 1 % y un 3 % de utilización de las formaciones secundarias y la morfología clástica respectivamente. La utilización desde el punto de vista de la composición nos permite establecer que el total de los 41 petroglifos estudiados en la región fueron realizados en las paredes y techos de la estaciones; no así las pictografías, que tienen presencia en las tres categorías, presentándose la Cueva de los Petroglifos en la Sierra de Galeras como la de mayor variabilidad en la selección de los sustratos de realización (Tabla V).
Asignación
de espacios
La asignación de espacios como concepto en los estudios del arte rupestre cubano ha cobrado en los últimos años un especial interés, a partir del criterio de algunos investigadores de que el estudio de esta característica puede arrojar elementos culturales y cronológicos (Fernández y González, 2001:48, 51 y 60 y González, 2008: sp.), aunque hasta hoy algunas de estas propuestas no han arrojado ningún resultado de certeza y los valores que se han dado hasta el momento carecen del sopote estadístico imprescindible (Gutiérrez, et al., en prensa).
En el Parque Nacional Viñales se pueden establecer tres tipos de espacios subterráneos utilizados por los ejecutores del arte rupestre de esta región: (1) Zonas Umbrales (áreas donde los rayos del sol inciden directamente), (2) Zonas Subumbrales (áreas donde la luz solar se infiltra por reflejo y (3) Oscuridad Absoluta (áreas donde nunca incide la luz solar).
La utilización de estos criterios en el territorio, se puede observar en detalles en la Tabla VI, donde queda establecido que los espacios más utilizados, son las áreas de oscuridad absoluta donde han sido ejecutados 86 de los 119 diseños estudiados, lo que representa un 73 % de selectividad. Es llamativo el hecho de que a los 41 petroglifos de la región se les asignó el mismo espacio, por lo que la presencia de arte rupestre en las zonas umbrales y subumbrales esta relacionada siempre con las pictografías lo que equivale al 28 % (Tabla VI).
Tabla VI. Composición de la asignación de espacios en el Arte Rupestre del Parque Nacinal Viñales. Fuente: Los Autores.
Dentro de las propuestas sostenidas para considerar el análisis de la asignación de espacios como una herramienta para los enfoques cronoculturales (González, 2008: sp.), se ha planteado la necesidad de enfocar estudios de la relación Espacio-Color en las pictografías (Gutiérrez, et al., 2009 en prensa), en este sentido el arte rupestre del Parque Nacional Viñales presenta una relación compleja y de difícil interpretación, sobre todo por la escasez de datos que sobre estos elementos se poseen a nivel nacional, lo que limita los análisis comparativos en la búsqueda de relaciones significativas de semejanza o diferencia. Sin embargo, ante esta realidad, un comienzo factible para la reducción de estas limitaciones, es el registro estadístico de dichas relaciones, de forma tal que los datos acumulados con la paciente labor de los investigadores, permitan en un futuro, lograr obtener elementos más certeros en cuanto al valor de estos enfoques, en la difícil interpretación cultural de nuestro arte rupestre.
Para el área que nos ocupa se puede establecer que en la zona de oscuridad absoluta se ejecutaron pictogramas negros y blancos; en la subumbral existe la presencia de pictografías tanto negras, como rojas y blancas, mientras que en la zona umbral esta presente el negro y el rojo (Tabla VII).
No obstante, se puede dejar establecido que hay un mayor uso del negro en las zonas de oscuridad absoluta con un total de 39 diseños de los 47 existentes, lo que refleja un índice del 83 %; similar relación se puede observar para el color rojo con relación a su uso en las zonas umbrales donde están ubicadas el 73 % de las pictografías rojas del área.
del Parque Nacional Viñales. Fuente: Los Autores
Elementos
culturales y cronológicos
En la actualidad no se dispone de una adecuada base de datos o análisis detallados que permita exponer una explicación real, profunda y aceptable relacionada con las incógnitas existentes ante: ¿Quienes fueron y en qué momento se ejecutó el arte rupestre del territorio que nos ocupa? Por lo que estructurar una clara y verosímil historia al respecto es algo que siempre estará sujeto a sensibles ajustes en la medida que la arqueología proporcione nuevos y más detallados datos.
Sin embargo, la mayoría de los investigadores coinciden que el territorio en que hoy se encuentra establecido el Parque Nacional Viñales, fue habitado mayoritariamente por aborígenes pertenecientes a comunidades pescadoras-cazadoras-recolectoras (Moreira, 1999: 55), los cuales se extendieron por todo el archipiélago cubano, pero a diferencia de otros territorios del país, fueron absolutamente predominantes en la actual provincia de Pinar del Río, al occidente de Cuba.
Por lo anteriormente expresado, parece ser entonces aceptable considerar, en el estado actual del conocimiento, que estas comunidades fueron las ejecutoras del arte rupestre conocido hasta hoy para el territorio. Según algunos autores, la ejecución de pictografías por estos grupos parece haber estado caracterizada por una tendencia hacia formas abstractas y las representaciones geométricas, destacándose en oportunidades los círculos concéntricos y un estilo de trazos inconexos (Moreira, 1999: 70), también se ha logrado apreciar que utilizaron como colores más frecuentes el rojo y el negro (Moreira, 1999: 71).
Todos estos elementos son comunes a las manifestaciones aquí estudiadas, baste solo recordar los motivos geométricos de la Solapa de la Mancha o los círculos concéntricos de la Solapa de la Vaquería, así como que la utilización de los pigmentos rojo y negro conforman el 80 % del total de las pictografías. Un caso particular en este sentido lo constituyeron durante mucho tiempo los grabados de la Cueva de Mesa; los petroglifos de esta localidad, parecían un caso aislado en la arqueología cubana, sin embargo, el trabajo de los últimos años ha permitido encontrar diseños similares en las estaciones, Cueva de los Petroglifos (Núñez, et al., 1990) y Cueva de la Iguana (Les, et al., 1998), ambas en el área de estudio; pero también han sido encontrados en la Cueva de la Cachimba (Arrazcaeta y Navarrete, 2002) y en el Sistema Cavernario de Bellamar (Rahm, 2002), estas dos últimas en la provincia de Matanzas. Lo singular es que todas estas estaciones se localizan en territorios de una alta presencia de comunidades pescadoras-cazadoras-recolectoras, lo cual apoya la tesis de asignarles a ellas su ejecución.
A esta altura de la discusión se hace necesaria una correlación cronológica, al menos como guía para futuros estudios, pero desgraciadamente no contamos hasta hoy con fechados C14 para el arte rupestre cubano, así como que tampoco disponemos de fechados realizados a evidencias arqueológicas procedentes de las estaciones rupestres que nos ocupan; pero existe la información que nos brindan los restos óseos y materiales localizados en algunas estaciones -Gran Caverna de Santo Tomas y Solapa de Quemados- que son inequívocamente aborígenes.
Conociendo que no siempre es oportuno vincular a priori, el registro arqueológico de base con los motivos rupestres, esta realidad nos obliga a considerar como herramientas útiles, los fechados obtenidos para los sitios arqueológicos de la provincia de Pinar del Río, método complementario, pero que tampoco nos posibilita establecer la relación directa con certeza. Al ser analizados estos datos, nos permiten establecer una secuencia de fechados de casi 4620 años, abarcando el período comprendido entre el año 3320 a.n.e. y el 1300 d.n.e. (Figura 8). Este rango está basado en el fechado más temprano que corresponde a la Cueva de la Lechuza en el municipio San Cristóbal, con 5270 + 120 AP y el más tardío 650 + 200 AP obtenido en el Mogote de la Cueva, del municipio Pinar del Río (Pino, 1995).
Pinar del Río y los rangos máximos de ejecución
del arte rupestre del Parque Nacional Viñales.
Elaborado por los autores a partir de los datos de Pino (1995).
Un caso particular en todo este análisis lo presenta la estación Cueva del Cura, localidad que además de no cumplir con algunas de las características comunes a las otras estaciones del área, como son la presencia de más de dos colores (rojo, negro y blanco) y ser la única estación con diseños antropomorfos y zoomorfos bien aislados; sus dibujos han sido en varias ocasiones asociados con el arte rupestre de origen africano, por lo que algunos investigadores adjudican su ejecución a esclavos prófugos de las plantaciones de la región (La Rosa, 1996:48; González, 2008 y Enrique Alonso, com. pers. 24 de nov. de 2008). Si aceptamos como válida esta propuesta, entonces habría hay que admitir, como una opción de rango probable de ejecución para el arte rupestre de esta estación, el período comprendido entre el año 1517, cuando el rey de España Carlos I establece las primeras concesiones para introducir esclavos africanos en América, y el año 1886 fecha en que la corona establece la abolición de la esclavitud en nuestro país (Figura 8).
Practicando un análisis detallado de la figura 8, se puede establecer que de las 29 dataciones radio-carbónicas disponibles para la provincia de Pinar del Río, 26 se agrupan en un rango de extensión mucho más reducido de solo 1800 años, lo que representa un 90 % del total de las dataciones.
Esta estructura cronológica nos hace inferir que todos los datos apunta hacia la probabilidad de que la herencia cultural que atesora el Parque Nacional Viñales haya sido realizada por comunidades aborígenes pescadoras-cazadoras-recolectoras, en un período comprendido entre el 1200 a.n.e. como límite más temprano y el 600 d.n.e, como el mas tardío, sin embargo esta propuesta carece de la cantidad mínima necesaria de datas absolutas para el establecimiento certero de fechados por asociación con el arte rupestre. Es por ello que nuestra propuesta debe ser considerada solo como un acercamiento a la realidad histórica del problema, el cual continuará a la espera de datos más precisos, considerando además la opción probable de la existencia en el territorio de manifestaciones rupestre de los siglos XVI al XIX de posible origen africano u otro.
3. CONSERVACIÓN
Quizás el tema de la conservación sea uno de los más importantes en el registro y documentación del dibujo rupestre de cualquier territorio, pero si además el área que se estudia pertenece a un parque nacional, este tema en particular cobra mayor importancia.
De los 28 tipos de impacto (Gutiérrez, et al., 2007) que hemos utilizado para la evaluación del grado de conservación del arte rupestre de la zona objeto de estudio, se puede establecer que es el “desarrollo de líquenes, musgos o microorganismos” el impacto que mayor presencia presenta (78 %), seguido de la “deforestación” (67%), estos datos no guardan relación con los resultados de estos análisis a nivel nacional, donde a quedado establecido que el impacto de mayor frecuencia es el graffiti o inscripciones pintadas (Gutiérrez, et al., 2007:123).
Las estaciones con mayor variedad de tipos de impactos presentes son la Cueva de Mesa y la Solapa de la Vaquería; la primera afectada por 8 tipos de impacto y la segunda por 7, lo que representa un índice del 29 % y del 25 % respectivamente del total posible, siguiéndole en esta lamentable lista la Solapa de la Mancha con 6 tipos de impacto (Tabla VIII).
Desde el punto de vista de la intensidad de estos impactos
en las localidades se pudo comprobar que son las estaciones Cueva de la Mancha, Solapa de la Vaquería y
Cueva de los Estratos, las que mayores riesgos presentan, al evaluarse el
resultado con categoría de “Afectación muy alta”.
El peso mayor de este resultado esta dado por la construcción de obras civiles a menos de 30 m. de las estaciones, lo que ha generado impactos violentos por polvos y aerosoles residuales de la manipulación de áridos y el efecto de las voladuras, los que a su vez se ven acompañados de grados intensos de deforestación que afectan también las localidades antes citadas.
LEYENDA: (1) Afectación muy alta, (2) Afectación alta,
(3) Afectación moderada y (4) Afectación ligera.
PR-14 Solapa
de Quemados, PR-15 Cueva de Mesa, PR-16 Cueva de la Iguana, PR-17 Cueva de los Petroglifos, PR-18 Cueva del Garrafón, PR-19. Cueva
de la Mancha, PR-20 Solapa de la Vaquería, PR-21 Cueva
de los Estratos, PR-22 Cueva del Cura.
Tabla VIII. Evaluación del grado de
afectación a la conservación
Fuente: .
Para poner solo un ejemplo del estado de pérdida de color de la imagen en algunas pictografías del área que aquí hemos estudiado, veamos la imagen de una pictografía de la Solapa de la Vaquería, tomada con luz natural con una cámara Nikon D 70 (Figura 9A) y esa misma imagen procesada por la extensión de Decorrelacion Stretch (DStretch) para el programa ImageJ (Figura 9B), que venimos aplicando con magníficos resultados en varias estaciones del rupestre cubano (Gutiérrez et al., 2009). En la comparación de estas imágenes se logra establecer la pérdida de color que ha tenido dicha pictografía, donde se ha reducido considerablemente el volumen de información apreciable por el ojo humano, fenómeno común a casi todas las localidades del Parque Nacional Viñales.
pictografía de la Solapa de la Vaquería (9A) y esa misma imagen procesada por la extensión de
Decorrelacion
Stretch (DStretch) para el programa ImageJ (9B). Fuente: Los Autores.
En definitiva se puede dejar establecido que un promedio de los valores de peso informativo que hemos considerado para el estado de conservación del arte rupestre del Parque Nacional Viñales, lo coloca en la categoría de “Afectación alta” lo que deja establecida la necesidad inminente de que las estructuras administrativas del parque, consideren este patrimonio como uno de los recursos culturales más frágiles del territorio y en consecuencia se actué para protegerlo.
¿Preguntas, comentarios? escriba a: rupestreweb@yahoogroups.com Cómo citar este artículo: Gutiérrez
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