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1. Bochica taumaturgo, ser sobrenatural que realiza
la apertura del Salto del Tequendama y en consecuencia desanega la Sabana de
Bogotá.
2. Bochica civilizador, personaje cultural que trae
innovaciones técnicas, nuevas formas de organización sociopolítica, nueva
mentalidad y nuevo culto religioso.
Bochica es uno
de los hijos de la Madre Abuela Bague, por lo tanto, sería hermano de Cuza,
Chiminigagua, Chibchachum y Bachue (2). Se supone, aunque en las crónicas no se diga, que como potencia sobrenatural, tuvo
que haber tomado parte activa en los hechos cosmogónicos de la creación del
mundo, pero los cronistas solo lo mencionan en la taumaturgia del Salto del
Tequendama, hecho que supone realizado en tiempos míticos, pero ocurrió unos
milenios antes de los muiscas. El tema mítico resumido, tomado de las crónicas,
es el siguiente:
“He oído vuestros ruegos y condolido de ello y de la razón que tenéis en las quejas que dais de Chibchachum, me ha parecido venir a daros favor en reconocerme. Me doy por satisfecho de lo bien que me servís y a pagároslo en remediar la necesidad en que estáis, pues tanto toca a mi providencia. Y así no os quitaré los dos ríos porque en algún momento de sequedad los habéis menester, abriré una sierra por donde salgan las aguas y queden libres vuestras tierras (3).”
Mil
cuatrocientos años antes que llegaran los invasores europeos, vino a la Sabana
de Bogotá un hombre blanco y anciano que llevaba el cabello largo y cuyas
barbas entrecanas le caían a la cintura. Andaba descalzo y el cuerpo cubierto
con mantas de algodón, cosa que no todavía desconocían los muiscas.
En todas partes
impartía sus conocimientos, enseñanzas y rituales, pero en Cota fue tal el
número de gente que acudió a oírle, que hubo necesidad de construir un foso de
más de dos mil metros de largo para protegerle. Allí predicó largo tiempo,
recogiéndose por la noche en una cueva. Anduvo por muchos pueblos predicando
las nuevas leyes divinas y humanas, enseñando el nuevo culto y las nuevas artes
y oficios, especialmente los hilados, los tejidos, la pintura en las mantas y
en las rocas. Por los lugares donde andaba se abrían grandes calzadas o sunas
que luego fueron el escenario de procesiones, rituales y lugar para ofrendas.
Después de muchos años de enseñanza, sintiéndose ya viejo y cansado se dirigió a Sogamoso, donde después de muchos años de retiro y oración murió dejando su poder y santidad al cacique-sacerdote de aquella población (5). En los diferentes lugares donde estuvo le dieron los nombres de Xue, Zuhá, Nemqueteba, Nemterequeteba, Chimizapagua y Bochica que es el común de la Sabana.
Hay algo en
común en las dos versiones del mito de Bochica y es que en ambas acciones se
nos presenta como un personaje de tipo solar, masculino en lucha, competencia,
complementación y cooperación con el principio femenino de la fertilidad y su
culto correspondiente. Aunque no es tema de este trabajo, estas interrelaciones
entre lo masculino solar y lo femenino ctónico se advierten en la narración
mítica con la presencia de Güitaca, defensora de la tradición femenina que se
opone a las enseñanzas innovadoras de Bochica y a las consecuencias
sociopolíticas que ellas significan.
2.1. Interpretación lingüística
Bochica es
palabra conformada por los lexemas bo o fo, zorro, bo apócope de boy, manta
y chica, yerno respecto al suegro, o chyquy, sacerdote, con las
traducciones de yerno del zorro y/o sacerdote de las mantas. El segundo lexema
puede también provenir de chihica, venado y su nombre significaría
entonces manta-venado. En cuanto a los nombres donde se realiza la acción
mítica hallamos topónimos que aluden a la tradición mítica, como Bosa, dos,
noche del zorro o he aquí al zorro; Bosatoma, tributo del Bosa, macana número dos; Suacha, sol
varón, posible advocación lugareña a Bochica; Tequendama, macana del fuerte boquerón, posible
alusión al bastón de mando de Bochica; Chucutama, tributo del pescadero.
Chiminizapagua
es palabra compuesta por los lexemas Chimi que significa
pulpa; ni, apócope de nya, oro; za, negación (puede tratarse de sa, ahora o cha varón); pa, apócope de paba, padre y gua, cerro, es
posible entender Chiminizapagua como un concepto complejo: Chímini es la
pulpa (carne) dorada, alusión posible a la materia prima con que las potencias
hicieron el cosmos y la traducción de todo el concepto como padre-cerro-pulpa
dorada y, Chimizagagua como ahora la pulpa (es, está) esplendente y ambas como pulpa-varón-esplendente,
sentidos que caben dentro del complejo mítico de los muiscas del sur, donde
Chiminigagua, luz esplendente de la pulpa dorada, es la entidad creadora del
mundo. Como za también significa nuestro, varón, el significado puede
ser nuestro padre cerro de la pulpa dorada.
Nemqueteba y
Nemterequeteba, según los diccionarios (7) pueden descomponerse en los siguientes lexemas: Nem de nymy, gato montés; te boquerón; re, che o chi según variantes dialectales, nuestro; quete de quyty, telar; y va, ba o fa afuera, digno, de donde puede
traducirse como digno telar (de) nuestro boquerón (donde está) el gato montés.
Pero teba o tiba también significa capitán, mayor, amarillo, de
donde se puede traducir como capitán del bosque del gato montés.
Xue, Zuhe, Zuha, aunque parecen la misma palabra en
distintas transcripciones, pueden corresponder a Sue, guacamayo, Sua, sol, día. El guacamayo era ave de tipo solar entre los muiscas y lo
hallamos en piezas de orfebrería en tunjos, capacetes y pectorales o
directamente ligado a la parafernalia del poder como apéndice de los bastones
de mando o en las bandejas de yopo. De otra parte zehue y más
probablemente Zhue, significa mi señor, y hue es señor, llamando.
Cualquiera de las interpretaciones lingüísticas que hallamos hace referencia a
un personaje masculino de tipo astral del más alto status en competencia y
complementación con el principal personaje femenino, con su culto y con las
tradiciones del culto femenino de la fertilidad. Es en este sentido, antagónico
y complementario de Bachue.
Este mito es el
más complejo y completo que traen las crónicas, por cuanto los cristianos
invasores vieron en Bochica, en sus obras y enseñanzas, la andanza evangélica
de unos de los apóstoles, motivo por el cual, también es el mito más
tergiversado porque fue totalmente cristianizado. El sentido histórico
implícito lo hallamos en los cambios culturales, sociales e ideológicos
concomitantes al mito y que pueden explicarse por el desarrollo interno y/o por
contactos culturales con oleadas migratorias de pueblos de mayor adelanto
tecnológico al de los primitivos habitantes del Altiplano.
Los mitos expuestos en este texto nos muestran un culto primitivo al agua y la
fertilidad femenina en el caso de Bachué, posiblemente relacionado con los
procesos de horticultura y agricultura temprana de verduras y tubérculos
andinos y un culto de tipo solar-masculino, probablemente exógeno y llevado a
la zona por los agricultores de maíz. Mentalidades, ideas y conceptos, lo mismo
que técnicas y formas organizacionales y cultuales se hibridaron dando como
resultado eso que hasta ahora e indiferenciadamente hemos llamado cultura
muisca.
Además de las
técnicas anotadas, es posible que la metalurgia, especialmente la orfebrería,
mencionada en el bastón de mando, forme parte del contexto histórico-cultural
del mito. Si el mito es muy profundo en el tiempo, este detalle pudo ser una
añadidura posterior.
Aunque no existen hasta el momento estudios arqueológicos y dataciones que permitan asegurar que las pictografías objeto de este trabajo sean muiscas, hemos optado por describirlas desde los conocimientos que tenemos de esta cultura, dado que los argumentos icónicos presentan coincidencias con los argumentos míticos anotados en las crónicas. (10)
Las
pinturas relativas a Bochica
taumaturgo, se encuentran en los municipios de Bosa, Soacha, Sibaté, lugares
donde según la documentación ocurrieron acontecimientos míticos, especialmente
en los alrededores del Salto del Tequendama. Suponemos que en estos lugares
sagrados hubo templos, adoratorios y sunas, todos ellos dedicados al culto
solar y de los cuales la arqueología de la zona nos debe sus descubrimientos y descripciones.
En la relación mito-pictografía hallamos las siguientes correspondencias más o
menos claras:
- Bochica era uno de los hijos de la madre universal Bague y como tal, lo vemos representado en una roca de las mal llamadas Piedras de Tunja en Facatativa, donde realiza junto con otras potencias una danza que recuerda algún pasaje mítico desconocido pero asimilable a rituales de danzas, corros y ceremonias de correr la tierra. Son seis los personajes que se ven en esta danza, todos ellos en figura antropozoomorfa, a manera de hombres-aves, danza que nos recuerda el pasaje del mito kogui, cuando Sintana se roba la Tierra Negra y es perseguido por otras deidades, hecho que era necesario para endurecer la tierra que apenas había emergido del mar y al mismo tiempo regar la tierra negra del cultivo que Sintana había robado a la Madre para que fuera su esposa. Estos hombres-aves pueden alertarnos también sobre la posibilidad de ser también las aves negras que volaron por el mundo esparciendo la luz con sus picos en el momento de la creación. - El tema de la taumaturgia sobre el
Salto del Tequendama lo hallamos en la roca no. SOA-INV-02 (Cantera Invercot,
Soacha) (Fundación Erigaie, 2015) . Entre una multitud de signos icónicos que seguramente
representan las aguas y su movimiento, se yergue una figura antropomorfa, a uno
de cuyos lados vemos un objeto alargado, identificable con la vara de oro que
Bochica lanzó a la serranía para desaguar la sabana. Hay muchos trazos y
signos, en su mayoría “geométricos” y de “líneas quebradas paralelas” que
todavía no entendemos y pueden simbolizar las aguas represadas o desbocadas y las gentes que asistieron a la
acción maravillosa. Por lo que ahora podemos interpretar, este enorme fresco no
es más que el argumento general del mito de la apertura del Salto del
Tequendama.
- Bochica como
todas las potencias muiscas, antes que cuerpo divino antropomorfizado era una
de las formas de la energía en circulación, pues esto es lo que entendemos
cuando los cronistas hablan de dioses y demonios, pues los llamados dioses muiscas
y en general los llamados por los cronistas dioses americanos lo son en el sentido
greco-judeo-cristiano, que es la representación que se nos ha impuesto desde la
visión occidental del mundo, pero no en el sentido indio, para quienes había,
fuerzas, poderes, potencias y energías que crearon el mundo y lo mantenían con
la ayuda de los hombres. Entre los muiscas solo dos de dichas fuerzas llegaron
a antropomorfizarse y son Bachué, madre de la humanidad y Bochica taumaturgo y
civilizador, que en el contexto religioso y ritual representan los
antagonismos, complementariedades y concurrencias de lo arquetípico masculino y
lo arquetípico femenino.
La forma de manifestarse
de esas energías circulantes que los cronistas llamaron dioses se realizaba por
medio de acciones energéticas como temblor en el cuerpo o en alguna parte de
él, erizarse los pelos, algún sonido particular, viento o alguna otra cosa que
manifestase energía. Hablando de Chibchachum y Bochica dice el cronista:
“Respondían en los oráculos en los que los consultaban, aunque nunca los veían los jefes ni otros, porque eran unas cosas incorpóreas o como de aire.” (11)
- Entre lo que
podemos distinguir hasta ahora como íconos muiscas referentes a Bochica,
hallamos transformaciones que pueden relacionarse con la evolución de la
representación pictórica que parte de las formas naturalistas de la figura
antropomorfa de la roca SOA-INV-02 (Cantera Invercot, Soacha) (Fundación
Erigaie, 2015) y va hasta las
formas estilizadas, “geométricas” y de alta abstracción, casi a la forma de un
signo. La figura humana se va abstrayendo de lo figurativo y naturalista a lo
simbólico y sígnico en forma progresiva, pero conservando rasgos antropomorfos
y elementos identificatorios como el bastón de mando y la estructura central en
forma de X, como se puede ver en la roca SOA-SMA-01(San Mateo, Soacha,
Fundación Erigaie, 2015).
Entre las
representaciones rupestres de los muiscas sobre la segunda parte del mito que
habla de las enseñanzas culturales, casi nada se ha hallado hasta ahora en la
zona de El Tequendama. Las piedras pintadas relativas a la enseñanza de los
hilados y los tejidos, a la pintura en las rocas y en las mantas se han
encontrado en otras partes del Altiplano, que las crónicas no mencionan como
lugares específicos del recorrido y enseñanzas de Bochica. Las zonas con este
tipo de pictografías son por ahora los municipios de Tenjo, Sutatausa y Pandi.
Seguramente nuevos descubrimientos pueden ampliar esta geografía mítica y
rupestre de las acciones de Bochica.
—¿Preguntas, comentarios? escriba a: rupestreweb@yahoogroups.com—
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